jueves, 6 de noviembre de 2008

Carta abierta de Irma Leites

La crónica y la reflexión. O la falta de cintura o la soberbia de un ex dirigente sindical, hoy funcionario de este estado...

Lunes 20 de octubre.

Lo digo con tristeza. Porque a veces uno espera algún vestigio de compromiso con los de abajo, en aquellos que tan mal la pasaron ante el terrorismo de estado, como la pasaste vos.

Creo que otros, en tu lugar, al sentir subir a los trabajadores del taxi por las escaleras del MTSS y arrimarse a tu oficina la abría los recibía y agendaba la misma reunión que la final de la tarde agendaste, cuando los trabajadores te tiraron un salvavidas hablando a través de una puerta.
¿De qué hablamos? Trabajadores con más de 24 horas sin dormir, que debían volver al volante, con las manos vacías, muchachas y muchachos que debían volver a las paradas de taxi a abrir puertas para llevarse un salario miserable, trabajadores que sobreviven en condiciones de trabajo donde el cansancio mata, esa “turba” tan violenta armada de banderas, agotamientos y convicciones era la que te pedía el lunes 20, de tarde una REUNION. Acompañados también por mujeres y hombres de la salud, a las cuales no se les ha pagado el salario y se les ofrece $100 para el ómnibus ¡para ir a trabajar!.

Se suponía que ninguna mutualista más iba a entrar en crisis. Que ninguna más iba a dejar de pagar los sueldos. ¿Acaso no conoces la mafia de los medicamentos en este país? ¿Acaso no conoce ese ministerio el lucro de las altas tecnologías? ¿Acaso no hay que exigir un sistema de salud solidario igual para todos único y estatal? ¡Vaya! Tendrías que haberles ofrecido una SOLUCION: lo mínimo. Pero NO. Ante el asombro de todos incluso los periodistas (que posiblemente nada dirán y en las crónicas registraran la patada que derribó la puerta) te encerraste sin enfrentar a los trabajadores durante casi 5 horas.

Algo a tu favor: pese a que los milicos se quedaban solo si mandabas a reprimir no lo hiciste. Pero, si te plantaste en tu oficina y hablaste protegido tras la puerta. Todo un símbolo ¿no?

En vez de abrirla, levantar tu mano, pedir silencio y hablar te refugiaste tristemente tras esa puerta. Así lo hubieran resuelto seguramente los burócratas burgueses que antes ocuparon ese sillón, por supuesto no por sensibles sino porque tienen cintura nomás.

¿Que jugó la soberbia? ¿O el peso patronal en este ministerio? ¿O las dos cosas?

Para colmo de todos, pusiste la medida de lucha de los trabajadores del taxi como culpable de no concretar la reunión del Club de Golf y los Caddies y de retrazar la negociación con el CASMU. Vergonzoso. ¿Y qué esperabas? Recordá como se puede sentir un trabajador oprimido y humillado. Humillado por el burgués que lo menosprecia por no tener dientes o por su ropa. Recordá. Si te hubieras dado una vuelta por la Carpa de los Caddies que afea la puerta del Club de Golf podrías haber sido testigo de lo que siente un trabajador que viene del Cerro, de Manga, caminando con su familia para luchar por sus derechos y se va con las manos vacías y los pies dolidos.

Pero sabes, en 5 minutos como dice Víctor Jara en “Te Recuerdo Amanda” podías haber solucionado ayer la ocupación. Pero cinco horas te costó ceder. Vergonzoso porque hace 80 días 40 familias sufren la soberbia de los oligarcas más rancios de este país, ayer debieron postergar dos días más una primera reunión con los mandamás. Dos días más para quien tiene para comer, para pagar el ómnibus y sus hijos están calzados son 48 horas más, pero para quién no lo tiene es demasiado ¿no? Y ahora que el taxi ya no ocupa tu ministerio, tienen que esperar otros dos días más... ¿no es un abuso a la paciencia de los oprimidos?

Así lo pensábamos en común cuando los cañeros marchaban y ocupaban. Así lo pensábamos en la tortura cuando decíamos que “piensa en afuera que allá no hay plazos…” así se sostuvo cuando se pensó: primero la gente que la deuda externa. Acá primero los trabajadores.

Pero claro, en un ministerio en que sus jerarcas sostienen que si no aceptan rebajas salariales morirán con las botas puestas nada diferente que lo sucedido ayer puede pasar.

Lo que si asombra, a veces, son los niveles de soberbia ese autoritarismo propio de los estados que imponen el disciplinamiento. La espera como única alternativa. El rol de los de abajo limitado a votar. Eso golpea. El lunes 20, la paradoja fue con carácter de clase.

Y la estrategia de colocar a trabajadores contra trabajadores, poniendo a unos como eje del mal no resultó. A los presentes allí y a quienes observen de forma objetiva la realidad podrán poner en primer lugar las necesidades insatisfechas de los trabajadores, sus derechos violados por patronales y estado y por otro la sensibilidad de una persona en este caso la del director de trabajo Julio Baraibar, al cual es cierto, se le gritó de todo.

Vuelvo a preguntar: ¿y qué esperaban? Al ritmo de bombo, se gritó: ¡y estuvo preso!¡y estuvo preso! la puta que lo parió. Ese grito tal vez me dolió más a mí que a vos. Y en ese grito en lo que nunca pensaron los trabajadores fue en tu mamá. De eso no tengas dudas. Fue muy fuerte. Porque fue un alarido, un reclamo de que todo lo sufrido haya valido la pena. Fue como decir para que. Fue como decir no puedo creer que alguien que pasó todo lo que pasaste le cerrara la puerta en la cara a trabajadores que exigían sus derechos. Fue un cachetazo a todos los que por luchar por la revolución vivimos en carne propia el terrorismo de estado. Fue no hay olvido y no hay perdón. No mal interpretes nadie se refirió a tu familia. Así como hay formas de bailar, hay formas de decirlo.

Todo lo sucedido, fue resultado de esa común relación que hacemos los de abajo: fuiste preso, perseguido, refugiado, sobreviviente y hoy dónde estás… podes abrir puertas, o solo esa puerta e involucrarte, jugarte para un lado o para el otro. Cuando a los trabajadores y trabajadoras nos caen las fichas y vemos por quién optas hoy, que intereses defendes, a quién proteges o amparas, hay condena social.

Cierren filas señores. Reaccionan y queda más claro aún cual es el carácter de vuestras alianzas de clase.

No nos inviten hoy a indefinirnos. No nos inviten a encoger nuestros programas sociales. Los refuerzos de mortadela que pasaron de mano en mano frente a tu oficina sabían amargos en las gargantas secas de los trabajadores que tan solo reclamaban ser recibidos.

¡Qué nos espera cuando avance la revolución y el socialismo!

Viene a mi cabeza esa formidable canción de Silvio para estos tiempos, te la dedico, ya que no acudí al llamado de la policía dentro del MTSS, porque entre otras cosas te pido que recuerdes que las movilizaciones no son productos de necios radicales que manijean a trabajadores. Los trabajadores del Taxi y de los Caddies tenían sus propios representantes. Nadie, sino ellos te pedían la reunión.

El mandarme a llamar por la policía me obliga a recordarte que la pelea no es fruto de ideas foráneas. No es fruto de terroristas que agitan masas. Las luchas no son fruto de anarcos o troskos locos. No son fruto de trasnochados marxistas como dicen hoy. No son fruto de infiltrados que agitan. Aunque no dudes que nos definimos del lado de los oprimidos y nos sentimos dignos.
La lucha sí es fruto de la injusticia y la conciencia de que a este podrido capitalismo no se lo humaniza, se lo destruye. Y para ese objetivo está la voluntad de luchar para transformar este mundo en un sitio solidario. Y esa maravilla de sueño social, después de tanta claudicación, no se la deja en manos de nadie. Se forja en la autonomía, en la independencia política de la clase, en el poder popular. Y en este hecho menor (la ocupación de un ministerio) en la lucha de clase se muestra el miedo de los de arriba. Entonces...

Habría que pensar, habría que pensar sin miedo...

Ahora, voy a dejar de hablar con el director de trabajo Julio Baraibar quiero que le digan a Julio que no tema. Nada le van a hacer los trabajadores. ¿Quién puede tener más control que el explotado? ¿Para que explote un explotado que debe pasar?. Cierren fila, señores...Ya lo hicieron. Alguna vez fue el arma mortal, violenta violentísima de un huevo contra el Círculo Militar o algún cuartel, hoy el arma mortal tergiversadora, es la puerta que se arregla con un simple trabajo de carpintería. Por favor... habría que pensar ¿no?

¿Es condenable que explote el explotado? En la lógica imperante: No es condenable, que se paseen las 4 x 4 frente a los ojos con hambre de los hijos de los Caddies pero si se condena que se entre –sin autorización- a un ministerio.

No es condenable la riqueza, pero si el refuerzo con mortadela en la puerta de un administrador del sistema.

Es condenable que trabajadores apoyen de forma solidaria a otras trabajadoras, pero no es condenable que las multinacionales del medicamento lucren con la salud.

Mirando por la cerradura de la puerta ministros y secretarios tratan de ubicar a quien o quienes pueden ser culpables de la osadía de no pedir permiso a nadie para luchar donde nos parezca correcto.

Despliegan los controles, para contener a los “energúmenos” que reclaman.
No los oí pronunciarse sobre los legítimos derechos de los oprimidos.
Cierren fila señores. Nos pasarán la cuenta. Muy mal la suma para los de bajo. Mientras los de arriba aplauden y se llenan sus bolsillos.

Gracias.
Irma.

A continuación Silvio:

Para no hacer de mi ícono pedazos,
para salvarme entre únicos e impares,
para cederme un lugar en su parnaso,
para darme un rinconcito en sus altares.
Me vienen a convidar a arrepentirme,
me vienen a convidar a que no pierda,

Silvio Rodriguez El necio







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