lunes, 1 de diciembre de 2008

“ESCUADRONES DE LA MUERTE”: LA JUSTICIA CITÓ A JULIO M. SANGUINETTI



Nos preguntamos: ¿para qué? – ¿Llegaremos a la verdad o el poder mafioso de Sanguinetti la seguirá ocultando?


– Una reciente nota de Luis Agüero Wagner -

La semana pasada la prensa dedicó muy poco espacio a la citación que le hizo la Justicia a varios testigos - entre ellos a Julio María Sanguinetti- en el marco de la indagatoria por los cuatro crímenes cometidos por los famosos “Escuadrones de la Muerte” que accionaron a principios de la década del 70. Ni decir que desde los grandes medios de comunicación (me refiero a los 3 canales privados) el silencio fue casi total. Se mencionaron a dos o tres de las personas citadas pero, obviamente, la figura de Julio María Sanguinetti fue mantenida fuera de ese marco para evitar que la opinión pública siga acrecentando las sospechas (que ya son más que simples sospechas) de la estrecha vinculación que tuvo el ex Presidente con estos criminales.

El diario “La República” fue quien proporcionó mayor información y por este medio nos enteramos que la jueza Penal de 8º Turno, Graciela Eustachio, y el fiscal Ricardo Perciballe interrogarían a varios testigos en la causa por la cual se investigan los cuatro crímenes imputados al "Escuadrón de la Muerte": las desapariciones de Héctor Castagnetto y Abel Ayala y los homicidios de Manuel Ramos Filippini e Ibero Gutiérrez.

El proceso liderado por la jueza Eustachio ya contó con la declaración de los dirigentes del Partido Nacional Carlos Julio Pereyra y Juan Raúl Ferreira, de la historiadora Clara Aldrighi, de Ana Castagnetto, el ex director de Inteligencia y Enlace, Alejandro Otero, del dirigente del MLN-T, Mauricio Rosencof y de los periodistas Samuel Blixen y Maria Esther Gilio, todos en calidad de testigos.

Sanguinetti fue citado a declarar en relación al encuentro que se efectuó en el "Colegio Seminario" de los Jesuitas tras la liberación por parte del MLN-Tupamaros del ex fotógrafo policial, Nelson Bardesio, luego de ser interrogado en la denominada "Cárcel del Pueblo". El ex Presidente era en aquel entonces Ministro de Educación y Cultura (época en la que envió muy “reservadamente” al City Bank de Caracas 44 cuadros del patrimonio nacional, no sabemos para qué aunque es fácil presumirlo), y participó junto a Wilson Ferreira Aldunate, Carlos Julio Pereyra, Juan Raúl Ferreira, Héctor Gutiérrez Ruiz y un sacerdote Jesuita, de una reunión que fue convocada para entregar a Bardesio al Ejército. Sobre esos hechos será interrogado aunque, según las fuentes de “La República”, podría no comparecer en el Juzgado debido a que por su calidad de legislador tiene la potestad de declarar por exhorto y, estamos seguros, será la vía que habrá de utilizar ya que, como todo mafioso, sabemos que siente pavor al enfrentarse a un Juez. (Recordemos que su hijo Julio Luis, al impulso de sus genes, eludió pasar por esta situación y cuando fue citado para una pericia oral... presentó un escrito. Superó el miedo a la Justicia y se burló de ella.)

Debemos recordar que en aquel momento (cuando la reunión de referencia) Bardesio temía por su vida si era entregado a la Policía ya que, cuando permaneció secuestrado por el MLN-T en 1972, durante su detención no sólo confirmó la existencia de los "Escuadrones de la Muerte" sino que reveló la identidad de muchos de sus integrantes.

Sanguinetti siempre dijo que su participación en la reunión fue escasa puesto que una vez enterado de la situación llamó al ministro de Defensa, Enrique Magnani, y luego de ponerlo en conocimiento de los hechos se retiró.

No dudamos que sea cierta la afirmación de Sanguinetti sobre el escaso tiempo de su permanencia en la reunión ya que, de no ser así, sabía que sería fácilmente desmentido por los otros participantes. Y así como no dudamos de lo anterior, tampoco dudamos que ese lapso le fue suficiente al ex Presidente para saber, en primer término, hasta donde llegaban los conocimientos de Bardesio sobre los integrantes de la cúpula (los ideólogos y estrategas) de los “Escuadrones de la Muerte”, y en segundo lugar, para imponerle a través de una sutil advertencia (un gesto o una frase en un aparte) la “conveniencia” de que se silenciara en el caso de que ya lo tuviera fichado a él como uno de los ideólogos de estos grupos criminales. ¿Presunciones mías?: sí, claro que sí, y en las pocas que llevo hechas sobre el Gran Corrupto y su mafia nunca me equivoqué y ya lo demostramos. (Recuerden la nota publicada hace dos semanas bajo el título “¡Si conoceremos a estos mafiosos!!”)

Prosigo. Si Bardesio realmente no sabía que Sanguinetti era uno de los dirigentes de los “Escuadrones de la muerte”, su ignorancia le salvó la vida. Y si lo sabía pero no se atrevió a decirlo intimidado por su presencia o directamente amenazado por éste, también en ese caso la vida le fue salvada por su silencio, lo que no le pasó al diputado Juan Pablo Terra cuando tuvo la osadía de pedir al Parlamento Nacional que investigara las vinculaciones de Sanguinetti con estos criminales y al poco tiempo murió “accidentalmente” cuando, en una conocida y prestigiosa Mutualista, se le aplica un medicamento que estaba prescrito que debía suministrársele una ampolla cada 7 días (durante 10 semanas) y por “equivocación” se le aplicaron las 10 ampollas, todas juntas, de una sola vez. Y por añadidura (para asegurarse de la “efectividad del error”) lo mandaron a su casa donde sin asistencia profesional inevitablemente falleció. “Errare humanum est”, claro que sí, pero “errar” de esta forma es sospechosamente criminal, máxime cuando tal “equivocación” aseguró muy oportunamente la impunidad de alguien cuyo historial lo signa como un amoral y mafioso. Esto lo demostré y lo publiqué decenas de veces sin que el abogado Sanguinetti reaccionara llevándome a un estrado judicial. Solamente escribió, hace dos meses, aquella nota (“Una cloaca digital”) en la que una vez más dejó al desnudo su baja estofa y que solo le sirvió para que en mi respuesta lo destrozara a él (fue la opinión unánime de todos los lectores) y a sus falsos argumentos. (A quien no la leyó le invito a hacer un click en “Archivos de esta columna y a buscar la nota “De Sanguinetti a Miguel Liard y viceversa”.)

Ahora bien, que Sanguinetti sea citado por la Justicia en relación a las investigaciones que se hacen sobre los “escuadrones de la muerte”, me parece bien, pero que se lo cite para declarar sobre una reunión en la cual él participó y todos ya sabemos (la Señora Jueza mejor que nadie) que de lo que allí se conversó no podrá extraerse ninguna conclusión que, por lo que ya dijimos sobre la presencia de Sanguinetti, pueda incriminar a éste como cómplice de estos “escuadrones”, a nuestro criterio no tiene mayor sentido, salvo la pretensión de que una vez más el ex Presidente salga indemne y liberado de la segura condena a que se haría acreedor de hacerse una profunda y seria investigación. Si las cosas siguen por este carril estaremos presenciando un caso similar, y hubo otros, al de Julio Luis Sanguinetti cuando fue declarado “inocente” por la “coima” del millón de dólares en el affaire “cangrejo rojo” en virtud de que no se presentó al peritaje exigido por la Suprema Corte. Así es fácil “demostrar” inocencia.

Pero como todos los uruguayos sabemos que la Justicia fue manejada a su antojo por Julio María Sanguinetti (teniendo a su servicio a jueces y fiscales corruptos, como también ya lo hemos demostrado) lo que le ha permitido mantenerse impune hasta hoy, y como también tenemos la certeza de sus delitos y de la gran ASOCIACIÓN PARA DELINQUIR que conformó con sus secuaces, ya no nos preocupa ni nos molesta que una vez más el GRAN CORRUPTO y VIOLADOR DE LOS DERECHOS HUMANOS en complicidad con los dictadores militares y torturadores, no sea investigado a fondo y pretenda seguir mostrándose ante el mundo como un “gran estadista” y un “paladín de la democracia”, porque ya no engaña a nadie.

Ya no nos preocupa ni nos molesta que la “Justicia” de nuestro país no lo condene por sus crímenes de lesa humanidad y por otros graves delitos (PROBADOS CON DOCUMENTOS OFICIALES) que también lo convierten en REO DE LESA NACIÓN. Ya no nos preocupa ni nos molesta que Julio María Sanguinetti pretenda seguir engañando al mundo, porque no lo logra. Y no nos preocupa ni nos molesta, porque ya está totalmente desenmascarado. Que la prensa argentina le haya otorgado un premio hace 15 días, no habla bien de Sanguinetti, habla bastante mal de sus compinches los facistas dueños de los medios que se lo otorgaron. Además, la “Pluma de oro” es un premio a quien bien escribe, no a quien bien obra. (El delincuente Henry Charriere –delincuente de cuarta al lado de Sanguinetti- también recibió premios por su exitosa obra “Papillón”, y en la historia de la literatura y periodismo hay varios ejemplos más. Y al decir que “bien escribe”, no quiero empañar este juicio recordando la profunda investigación hecha en España que concluyó que Julio María Sanguinetti era un “insigne” plagiador de grandes pensadores. Todo perfectamente documentado). Pero no nos vayamos de lo medular del asunto que nos ocupa.

Ya no nos molesta que la “Justicia” de nuestro país siga sin hacer justicia y permita que continúe en libertad el individuo que con sus mafiosos secuaces nos robó nuestras riquezas y llevó a la pobreza y miseria a un alto porcentaje de la población y causó la muerte de tantos niños por hambre y desnutrición. No nos preocupa ni nos molesta que no se haga Justicia y siga impune quien provocó el suicidio de tantos mayores cuando con sus cómplices del sistema financiero les birlaron a miles de personas los ahorros de toda una vida. No nos preocupa que el cívico más influyente y perverso que integró la cúpula de la dictadura cívico-militar continúe con el disfraz de “paladín de la democracia” y de “político impoluto”. Y no nos preocupa ni nos molesta porque tenemos la plena seguridad que la Historia lo juzgará como lo que realmente fue: un AMORAL, MAFIOSO y CORRUPTO.

Pero no solamente en el futuro y en la Historia encontraremos este juicio sobre Julio María Sanguinetti ya que, desde hace bastante tiempo, lo venimos escuchando de la boca de connotadas personalidades del mundo. En notas anteriores hemos transcripto los juicios condenatorios a Sanguinetti vertidos por premios Nobel de la Paz, por defensores de los derechos humanos, por escritores y políticos, por científicos, por artistas y periodistas de diversas nacionalidades, y día a día aumenta el número de personalidades que se suman a la condena.

Ayer, precisamente, leo una nota que fue reproducida en varias partes del mundo (la tomé de una publicación de los Estados Unidos, “Arkansas IMC”) del renombrado investigador paraguayo Luis Agüero Wagner en la que se hace referencia al educador Martín Almada, compatriota suyo nominado hace unos años para el premio Nobel de la Paz y que en la oportunidad de descubrir los “archivos del terror” describió a Sanguinetti como un violador de los derechos humanos al que calificó de “hombre escombro”, y en ese artículo también se menciona a nuestro ex Presidente dedicándole dos extensos párrafos. Quienes deseen leerlo en su totalidad pueden ingresar a http://arkansas.indymedia.org y encontrarán la versión en español. Allí verán que Agüero Wagner, sin saber que precisamente en estos días Sanguineti sería citado por la Justicia, hizo comentarios (léase acusaciones) muy oportunas.

Me voy a limitar a presentar un resumen del mismo y a transcribir la parte en la cual se habla de nuestro ex Presidente y se le acusa, concretamente y entre otras cosas, como “CÓMPLICE DE LOS ESCUADRONES DE LA MUERTE QUE PERSIGUIERON A LOS LUCHADORES SOCIALES EN LOS TIEMPOS DE LA REPRESIÓN MILITAR”.

La nota comienza con una dura crítica a la política de Washington en relación con América Latina desde 1947, año de creación de la CIA, y profundiza el análisis y lo centra en el Cono Sur a partir de la puesta en marcha del Operativo Cóndor. Transcribiré dos párrafos de esta investigación antes de entrar en el tema “Sanguinetti”.

“En el Cono Sur americano la praxis genocida y los postulados teóricos se acrisolaron en compendios de falsedades difundidos por los intereses tangibles de Washington. En los países que vincularon las dictaduras genocidas en el siniestro Operativo Cóndor, estas ideas fueron sintetizadas e instrumentadas en la denominada “Doctrina de la Seguridad Nacional”, serie de juicios parciales y medias verdades con las que se justificaban medidas radicales contra la insurrección en Latinoamérica.”

“La doctrina propagó una visión difusa y ampliada del enemigo, incluyendo en la misma bolsa tanto a combatientes guerrilleros o terroristas rebeldes como a intelectuales que propagaban ideas “peligrosas”, lo cual dio un verdadero cheque en blanco a Pinochet, Videla, Stroessner y otros tantos, para negar los más elementales derechos a quienes cuestionaban sus abusos de poder.”

Es obvio que al transcribir estos dos párrafos nunca pensé que podría estar reproduciendo algo novedoso. Lo que aquí se expresa es archi sabido y nadie –ni de la más extrema izquierda o derecha- lo discute. Pero lo curioso es que en todo el análisis sobre el Cono Sur en aquella época solamente se menciona a Pinochet, Videla y Stroessner (nuestro Goyo Alvarez quedó entre los “otros tantos”), y luego de varios párrafos más en los que el autor centra su lupa en Paraguay y Argentina, comienza a hablar de nuestro país y lo hace de esta forma:

“Uno de los colaboracionistas con el esquema de la injusticia global durante y después del Operativo Cóndor, el ex presidente uruguayo Julio María Sanguinetti, desató hace poco el repudio de luchadores por los derechos humanos en Paraguay, con sus tendenciosas declaraciones en contra de la autonomía de pensamiento de los políticos latinoamericanos, rechazando la integración soberana y el ingreso de Venezuela al MERCOSUR, y en defensa del papel desestabilizador que hoy representan la diplomacia e intereses del mismo imperio que inspiró y sufragó el Plan Cóndor en la región. Cada palabra que logró articular sonó como un aletargado eco de la óptica norteamericana sobre Castro, Chávez, Morales y otros gobiernos relacionados con el ideal de la independencia integral de Latinoamérica.”

“Difícilmente podría esperarse otra cosa de quien ayudó a redactar la ley de educación que se aplicó durante la dictadura uruguaya, mentor del Pacto del Club Naval que aseguró la impunidad a los responsables del terrorismo de estado que asoló a su país, y cómplice de los escuadrones de la muerte que persiguieron a los luchadores sociales en los tiempos previos a la represión militar.”

La nota de Luis Agüero Wagner finaliza con 2 párrafos más que no viene al caso transcribir.

Nosotros cerraremos con algunas simples reflexiones.

Acusaciones como ésta, que han puesto nuevamente a Sanguinetti y al Uruguay en la prensa del mundo, ¿nuestra Justicia las desconoce?. ¿Para que lo citan a declarar como testigo de una reunión que desde hace años todos sabemos lo que en ella se trató, por lo cual su aporte al proceso será, más que magro, nulo?.

La jueza y el fiscal interrogarán también en esta instancia (que no sabemos cuando podrá efectuarse debido al proyectado paro de funcionarios judiciales) al ex presidente de la Suprema Corte de Justicia, Gervasio Guillot, al ex legislador del FrenteAmplio José Korzeniak y al capitán de navío (r) Alex Lebel, así como a un familiar de Manuel Ramos Filippini. Todos ellos por diferentes razones, y sin duda podrán aportar testimonios valiosos.

Ya dijimos que anteriormente declararon Carlos Julio Pereyra, Juan Raúl Ferreira, Clara Aldrighi, Ana Castagnetto, Alejandro Otero, Mauricio Rosencof, Samuel Blixen y Maria Esther Gilio, todos en calidad de testigos. También fue indagado Nelson Benitez, pero éste como ex agente de policía e integrante de la perisferia del "Escuadrón de la Muerte". Según informó “La República” el otro integrante del "Escuadrón" citado en este proceso, pero en calidad de "indagado", Pedro Walter Freitas, no se presentó y la Justicia ordenó su conducción ante la Sede. Falta la declaración de Nelson Bardesio, el ex fotógrafo policial detenido en la Argentina y cuyo trámite de extradición se está substanciando.

Los citados para esta semana serán los últimos testimonios requeridos por la Justicia para derivar el expediente "en vista" al fiscal Ricardo Perciballe.

Nos seguimos formulando algunas preguntas: ¿los ex integrantes del MLN-T y hoy Senadores de la República, José Mujica y Eleuterio Fernández Huidobro, no van a comparecer?, ¿no van a citar a Marenales?, ¿por qué las tres personas que han acusado públicamente y reiteradamente a Sanguinetti como cómplice de los “Escuadrones de la Muerte” no fueron citados?.

Recordemos que cuando Marenales acusó a Jorge Batlle y a Sanguinetti de haber estado vinculados a los “Escuadrones de la Muerte”, el Dr. Batlle reaccionó de inmediato y le inició acciones judiciales. Julio María Sanguinetti se limitó a presentarse en los tres canales de televisión cuyos dueños le han sido siempre obsecuentes, y se dedicó a hablar, mentir, hablar y seguir mintiendo, pero nada más.

Jorge Batlle habló poco pero accionó enseguida y se presentó a la Justicia. Recuerdo que en aquel momento dijimos que las diferentes actitudes de estos dos dirigentes colorados eran la prueba del 9 de la culpabilidad de Sanguinetti. ¿Por qué no emuló al ex Presidente Batlle y le inició acciones judiciales a Marenales por haber mancillado su honor?, ¿por qué no lo hizo hace 3 años cuando Fernández Huidobro lo acusó por lo mismo –y no era la primera vez- en todos los medios de comunicación?, ¿por qué nunca llevó a la justicia a este humilde escribidor que desde hace años lo viene reputando Reo de Lesa Nación y Reo de Lesa Humanidad en la prensa escrita, digital y radial, del país y del mundo?, ¿por que un Presidente que puso tanto celo en la defensa del Honor de un colega extranjero –me refiero a Wasmossy, el entonces Presidente de Paraguay- y logró que los hermanos Fasano fueran procesados y condenados por haberlo agraviado (luego se probó que el honor de Wasmossy fue mancillado por sus propios actos), no puso en esa instancia el mismo celo en la defensa de su propio Honor y Dignidad?.

Para todas las interrogantes, y en lo referente a las denuncias de Marenales, había una sola respuesta: Jorge Batlle estaba muy seguro de lo que decía y no temió por las consecuencias de llevar a Marenales a la Justicia. Y Julio María Sanguinetti dijo muy seguro las mentiras que dijo y lógicamente que no tenía porque temer por las consecuencias de lo que no hizo, porque al no ir a la Justicia pudo seguir jugando mediáticamente –y lo sigue haciendo- en el campo de la dialéctica donde no corre el riesgo de terminar privado de libertad como hoy lo están sus cómplices militares. Así de simple. Respecto a la última pregunta debemos reconocer que le hicimos al ex Presidente un planteo rayano en la utopía, porque somos conscientes que es imposible que alguien pueda intentar defender su Honor y Dignidad, cuando nunca tuvo, ni lo uno ni lo otro.

Ahora Julio María Sanguinetti fue citado por la Justicia, pero no correrá ningún riesgo. No será interrogado sobre nada que lo pueda comprometer, ya que simplemente deberá declarar sobre lo tratado en una reunión en la cual todos sabemos, desde hace años, lo que es obvio: que el ex agente policial Nelson Bardesio no incluyó su nombre entre los de aquellos que denunció como vinculados a los “Escuadrones de la Muerte”.

Además, como tenemos la plena seguridad de que hará uso de la prerrogativa dada por su condición de Senador y declarará por exhorto, el ex Presidente tiene la chance de que nuestra benigna Justicia (que nunca investigó la muerte “accidental” de Juan Pablo Terra) emule a la prensa argentina y luego de la lectura de lo que sin duda será una brillante exposición, quizás lo premie con otra “Pluma de Oro” por lo “bien que escribe”. Y así pasará una nueva instancia judicial en la cual probablemente se pueda llegar a determinar quienes fueron algunos de los criminales que integraron los “Escuadrones de la Muerte”, aunque, sin dudarlo, podemos afirmar que los creadores de los mismos, los ideólogos, los estrategas, seguirán en la impunidad.

Y si digo en la impunidad y no en las sombras, es porque ya todos sabemos quienes son. Por lo menos del nombre de uno de ellos se tiene la absoluta certeza, aquí y en el exterior, como lo vimos en esta nota de Luis Agüero Wagner que la semana pasada recorrió el mundo.

Por ello, una vez más debo decir que si no se logra que la Justicia investigue a fondo la responsabilidad de Julio María Sanguinetti en los crímenes de los “Escuadrones de la Muerte”, no nos preocupa ni nos molesta. También el famoso Al Capone logró evadir a la Justicia durante años y cuando fue procesado solamente se lo pudo sentenciar por el delito de “evasión de impuestos”, pero la Historia no lo juzgó en forma tan benévola; quedó registrado en ella como lo que realmente fue: un capo mafioso, amoral, y corrupto.

Quienes piensen que estoy estableciendo un paralelismo entre la vida y el final de Al Capone con la vida y el ineluctable final de Julio María Sanguinetti... bueno, habrán acertado.

Espero que desde el infierno... me perdone Al Capone.



“LA AGONÍA DE UNA DEMOCRACIA”
LA HISTORIA DEL GOLPE DEL ’73 SEGÚN SANGUINETTI


01.12.08 -

Según dice la gacetilla publicada ayer en el diario El País, para el ex presidente Julio Sanguinetti los principales responsables del golpe de Estado cívico-militar de 1973 fueron “la guerrilla tupamara”, “núcleos militares con ambiciones de poder”, y “un sindicalismo dispuesto a combatir las estructuras de la sociedad burguesa”. Así lo afirmaría en su reciente libro: “La Agonía de la Democracia”. ¿Y los Estados Unidos? ¿Y la oligarquía? ¿Y los políticos corruptos?

El cronista del matutino cagancho comenta que en el libro, el senador del Partido Colorado “desacredita la teoría de que los tupamaros combatieron contra la dictadura militar”. ¿Y quién sostiene esa teoría? Los tupamaros claro que no. Asimismo, da cuenta de que Sanguinetti también rebate la visión de los militares de que “dieron el golpe de Estado para culminar el combate contra la guerrilla”. Caramba... esas no son teorías contrarias sino parte de una misma versión.

Pero más allá de las teorías, la manera más fácil de descubrir el responsable de un delito, es fijarse en quien ha sido el principal beneficiario del crimen. En éste caso, es más que evidente que los principales beneficiarios del golpe de Estado fueron la oligarquía industrial-comercial-agropecuaria y la oficialidad de las Fuerzas Armadas. Todos se enriquecieron a costa de la brutal rebaja salarial a la que fuimos sometidos los trabajadores uruguayos durante esa década infame. Lo demás es aleatorio.

Si no hubieran tenido la excusa de los tupamaros, el chivo expiatorio hubiera sido el movimiento sindical, y si no hubieran tenido al movimiento sindical, la excusa hubieran sido los políticos corruptos (que al fin de cuentas hubo un poco de todo eso). Y que hayan habido golpes de Estado similares en toda Sudamérica, no es ninguna casualidad. Así que creo que las cosas no son tan sencillas como parece que las pinta el ex presidente Sanguinetti. De todas maneras, me gustaría ver qué es lo que dice el amigo de Armando Acosta y Lara sobre “el papel de los denominados grupos paramilitares”, ya que Sanguinetti seguro que sabe mucho de eso. AC

SANGUINETTI CONTRA MITOS DE LA “DÉCADA DE FIERRO”
LIBRO SOBRE LAS CAUSAS QUE LLEVARON AL GOLPE DE ESTADO


Carlos Ríos (El País)

La guerrilla tupamara y núcleos militares con ambiciones de poder, abonados por la acción de otros protagonistas de la época -entre ellos un sindicalismo dispuesto a combatir las estructuras de la sociedad "burguesa"- se ganan por igual la responsabilidad de haber llevado al quiebre institucional de 1973, según el libro La agonía de una democracia. Proceso de la caída de las instituciones en el Uruguay (1963-1973), del ex presidente y senador colorado Julio María Sanguinetti.

En el libro (editado por Santillana para su sello Taurus), Sanguinetti busca echar por tierra "narraciones y reconstrucciones extravagantes, reñidas con la realidad" sobre lo ocurrido en esos años, y es por igual crítico con las dos versiones extremas más difundidas. En este sentido, desacredita la teoría de que los tupamaros combatieron contra la dictadura militar: cuando el golpe de Estado de 1973 la mayoría de los líderes del MLN estaban presos o en el exilio; y cuando los militares comenzaron a combatirlos los tupamaros ya hacía ocho años que venían actuando. En la "dirección contraria", Sanguinetti también rebate la visión de los militares de que dieron el golpe de Estado para "culminar el combate contra la guerrilla, cuando ésta, en realidad, se encontraba totalmente desarticulada".

Pese a la gran responsabilidad que le achaca al MLN en el quiebre institucional, Sanguinetti reconoce que luego de la restauración democrática "el líder guerrillero con mayor peso político" (léase José Mujica), y varios de sus seguidores, han actuado sin radicalismo ni ánimo vengativo: "Dentro del vasto espectro político del Frente Amplio, en términos generales, han sido los más proclives a mirar hacia el futuro con amplitud. No han abjurado de su pasado ni reconocido su error, pero tampoco han pretendido mantener al país anclado a aquel largo enfrentamiento que ellos soñaron como revolución socialista y terminó en dictadura de derecha".

Los sindicatos tampoco se escapan del juicio crítico del ex presidente. "El sindicalismo apuntaba a una revolución transformadora del sistema capitalista, relegando a un plano secundario las reivindicaciones obreras dentro de la legalidad vigente. ¿Qué margen de negociación había cuando el reclamo eran la reforma agraria, la nacionalización de la banca, la centralización del comercio exterior o la moratoria de la deuda externa?", se pregunta.

El libro discurre por el último gobierno colegiado de mayoría blanca, las administraciones coloradas de Óscar Gestido, Jorge Pacheco Areco y Juan María Bordaberry, el papel de los denominados grupos paramilitares, el apoyo de sectores de izquierda a los primeros comunicados de las Fuerzas Armadas, el "febrero amargo" de 1973 cuando los militares tomaron el poder real, hasta la disolución del Parlamento unos meses después.

Al final del libro, Sanguinetti no le atribuye al MLN la responsabilidad exclusiva del descalabro institucional, pero deja claro que sin la irrupción violenta tupamara "todo queda sin explicación". Incluso recuerda que el general Líder Seregni, en 1998, con el MLN incorporado al Frente Amplio, reconoció la responsabilidad de los tupamaros en el golpe de Estado de 1973. "La gran lección de esa historia es que apartarse de la ley y recurrir a la violencia nos condujo `al despeñadero en que caímos`", escribe Sanguinetti.

Tampoco cae en el simplismo de afirmar que el golpe de Estado fue un arrebato de un grupo de generales apoyados por Estados Unidos, aunque deja claro el protagonismo de núcleos militares "decididos a arrastrar la situación al trágico desenlace que tuvo". Serán o no dos demonios; de lo que no hay duda es que los identificó el uso de la fuerza", concluye Sanguinetti. El libro será presentado el miércoles 3 en el Palacio Legislativo por los ex presidentes Luis Alberto Lacalle y Jorge Batlle.

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