domingo, 21 de octubre de 2018

Jair Krischke y la pseudo izquierda




"'Decir que Lula es un preso político es un disparate, el PT de Brasil sistematizó la Corrupción Michel Temer también tiene tres causas que se tratarán luego que salga del gobierno, Progresismo fue la manera de engañar a la población y no son izquierda"



La cadena de la impunidad

El activista brasileño se encuentra en Uruguay bajo medida cautelar de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Fue uno de los 13 amenazados de muerte por el “comando Barneix”, por medio de un e-mail, en enero de 2017. “Si los estados no reaccionan adecuadamente, estos grupos crecen. Se sienten totalmente libres para cometer todas estas barbaridades. Hasta que pase algo más grave”, dice Krischke. Para él, es “inadmisible” que un grupo se atreva, en plena democracia, a amenazar a un ministro de defensa, al fiscal General de la Nación, a la directora de la Institución Nacional de Derechos Humanos. “No veo ninguna iniciativa por parte del Estado para hacer una investigación seria. Y eso me asusta”, señaló.
Si la cadena de la impunidad no se rompe, considera Krischke, estos grupos sienten que pueden actuar sin ser juzgados. Para él, los nulos avances para esclarecer el robo en el laboratorio del GIAF, las amenazas del comando militar y las recientes vandalizaciones de las placas de memoria son “un síntoma” de que algo está pasando y no se ve a simple vista. “Uruguay empezó a dar marcha atrás y esto asusta, porque en la medida en que el país retrocede, estos grupos avanzan”.
También cuestionó la sanción que el gobierno impuso al comandante en jefe del Ejército, Guido Manini Ríos. “Hizo críticas, fue sancionado, pero sigue en el Ejército y, ahora, cumple su condena en el exterior. Es grave. La Constitución dice que el presidente es el comandante supremo de las Fuerzas Armadas y un comandante no puede tolerar insubordinación de sus inferiores. La sanción debe corresponder a la gravedad del hecho: echarlo”.
Para él, la construcción de memoria es uno de los puntos flojos que los países de la región tienen que reforzar para garantizar que estos hechos no se repitan. En particular, señala, el Estado tiene que impulsar políticas públicas de memoria. “No se trata sólo de construir un relato histórico, las políticas de memoria son la vacuna para que estos hechos no pasen más en el futuro”. Según Krischke, se trata de tomar una decisión política. “En política, si tú dejas un espacio vacío, ese espacio se ocupa. Y estos señores lo están intentando ocupar”.

El descalabro político en Brasil

“Votamos con el hígado”, dice Krischke cuando da una explicación de lo que sucedió en la primera vuelta de las elecciones en Brasil. Para él, el descontento de la población con los partidos políticos, en especial con el Partido de los Trabajadores, es lo que explica que el candidato ultraderechista Jair Bolsonaro haya cosechado tantos votos. “Los partidos no supieron leer las señales de un movimiento inmenso de gente joven de todo el país que salió en junio de 2013 a las calles”.

Krischke entiende que el voto a Bolsonaro se puede entender como “una sanción al mundo político”. “Brasil está parado desde que echaron a Dilma. Ahora viene este loco y el país va a quedar parado por dos años más. Es una tragedia”.




"No es secreto que Dilma Roussef dio poderes a los militares para investigar e intervenir en los movimientos sociales".

https://content.espectador.com/public/5bc/a0a/23d/5bca0a23dcb4b542829019.mp3

20.10.2018
Por Francesca Lessa
Hoy todos saben quién es Jair Bolsonaro en Brasil: el candidato presidencial de extrema derecha. Parece que la mitad de la gente lo votaría. Sin embargo, hay otra mitad. Una mitad en la que viven personas como Jair Krischke, un activista de derechos humanos que acaba de cumplir 80 años y en PucheroNews lo celebramos con esta entrevista realizada en su hogar de Porto Alegre el año pasado.


Jair Krischke nació hace 80 años en Rio Grande do Sul un 15 de octubre. En los 70s fue uno de los fundadores del Movimiento Justicia y Derechos Humanos (MJDH), la organización más antigua de Brasil, que actualmente dirige. Desde aquellos años oscuros en América del Sur, se dedica a defender los Derechos Humanos en Argentina, Brasil y Uruguay. En 2003, fue distinguido como “Ciudadano del Mundo” y designado como “Visitante Ilustre” de Montevideo donde ayer lo homenajearon por su cumpleaños.

¿Cuándo se estableció el MJDH?

Nuestra institución se crea formalmente a finales de los años 1970. Pero desde mucho antes, Brasil ya estaba viviendo bajo una dictadura militar, que empezó en 1964. En ese momento, no conocíamos la doctrina de la seguridad nacional y pensábamos que iba a ser un golpe como otros. Que en uno o dos años se iba a volver a la normalidad.

No estábamos preparados para lo que se venía…

En los años 60s, nuestra prioridad era sacar gente de Brasil. Líderes políticos, sindicales y estudiantiles. Lo llevábamos a Uruguay, Argentina y después a Chile. Especialmente a la Argentina, ya que ahí estaba la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) para América Meridional, donde podían tramitar el estatus de refugiado político.

¿Cuántas personas salvaron?

Cada día, había más gente. No pudimos mantener un archivo completo. Te puedo decir que rescatamos cerca de 2,000 personas. Brasileños, uruguayos, argentinos, chilenos, paraguayos...

Por muchos años, el grupo se mueve sin una identidad. Somos viejos compañeros. Y trabajabamos en la solidaridad a los perseguidos y refugiados. También abordamos otros temas, como las cuestiones indígenas y de la organización de las favelas y desigualdad social aquí en Brasil.

¿Cuándo se formalizaron entonces?

Desde el año 1974 pero especialmente desde fines de 1978 y con la sanción de la Ley de Amnistía en 1979, se dio una apertura política en Brasil.

Nosotros, hace tiempo, ya veníamos discutiendo la necesidad de tener una presencia pública. En marzo de 1979 realizamos un seminario sobre justicia y derechos humanos. En el cierre, propusimos crear una organización y elegir su primera dirección. Cuando fuimos a registrar formalmente la asociación, ahí empezaron los problemas. Nos dijeron que no. Nosotros insistimos, ya que era nuestro derecho. Pasaron muchos días, pero seguían con esa negativa. Con ese antecedente, entonces nos fuimos a la justicia pidiendo que autorizaran ellos nuestro registro como agrupación. Después de más de un año de esta lucha, con sentencia judicial del 11 de agosto de 1980, finalmente empezamos a existir formalmente.

[JAIR – PORTA MJDH março 2017.jpg]

¿Cómo se acercaban a ustedes los refugiados?

En Uruguay, por ejemplo, había compañeros que con mucha cautela te ponían en contacto. También teníamos vínculos con unos curas. Lo mismo en Argentina y Chile. Teníamos además rutas de salida de los países. Usábamos unos códigos para comunicarnos. Con unos telegramas y nunca, por suerte, perdimos a nadie gracias a estas cautelas que tomábamos.

Un caso fue particularmente difícil. Teníamos que sacar una persona perseguida que era cuadripléjica, su nombre era Artigas Lemes y era uruguayo. Por su situación personal, no podíamos usar las estrategias de siempre. Entonces tuvimos que organizar que pasara la frontera en una combi, escondido entre unas monjas. Para que no revisaran ese transporte en la frontera y lo encontraran. Esto justo sucedió en 1981, justo el año que la Asamblea General de Naciones Unidas había declarado como Año Internacional de los Impedidos. Así fue por suerte y se fue a Suecia.

¿Y que otro caso recuerdas?

El del prestigioso científico uruguayo Claudio Benech, un biofísico, de 44 años y padre de siete hijos. Su esposa nos escribió que había sido secuestrado de su casa en Montevideo en mayo de 1980, cuando la represión en Uruguay volvió a endurecerse. Empezamos entonces una campaña con la comunidad científica brasileña para lograr su liberación. Benech era un tipo muy inteligente y durante su detención, empezó a trazar el perfil psicológico de sus captores. Se dio cuenta que tenían problemas vinculados a la sexualidad y se dedicó a trabajar ese tema con ellos. Les decía que extrañaba mucho poder estar con su señora. Les pidió si podían llevarlo a casa para poder pasar Navidad con su familia y así aprovechar de estar con su mujer. Logró convencerlos y ellos accedieron a su pedido, a cambio de que le relatara el encuentro sexual con ella. Así fue. Posteriormente, logró convencerlos de poder pasar Fin de Año en casa con ella. Para esa oportunidad armamos un plan para poderlo sacar del país. Con la ayuda de Ariel Celiberti, hermano de Lilian (ver abajo), primero fueron en auto hasta Punta del Este. Él estaba tan nervioso que hasta chocó el pequeño auto y tuvieron que seguir de cualquier manera. De ahí, en casa de un amigo, se cambiaron de vehículo y reanudaron hasta la frontera entre Uruguay y Brasil en Chuy/Chuí. Nosotros los estamos esperando con un grupo de periodistas, diciendo que íbamos camino a Montevideo a cubrir el Mundialito de fútbol. Estábamos muy nerviosos, porque tardaron mucho en llegar y nos empezamos a preocupar, especialmente Omar Ferri, un compañero abogado. Al final, lograron cruzar la frontera sin problemas. Y Ferri estaba como loco, por la alegría y el alivio, gritando “Venganza, venganza,” por todo lo que habíamos padecidos por las dictaduras, tanto en Uruguay como en Brasil.

¿Qué puede contarme del caso del secuestro en Porto Alegre?

Lilian Celiberti, con sus dos hijos Camillo y Francesca, y su compañero Universindo Díaz habían llegado en 1978 a Porto Alegre para ayudar en la resistencia contra la dictadura uruguaya, para difundir información sobre los crímenes que se cometían aún. Al poco tiempo de instalarse aquí, todos ellos fueron víctimas de un operativo conjunto uruguayo-brasileño en el marco de la Operación Cóndor. Fue el único caso de Cóndor que tuvo que ser abortado, ya que el periodista Luiz Claudio Cunha, alertado por un llamado anónimo, con un fotógrafo de la revista Veja concurrió al departamento donde Lilian estaba secuestrada en Porto Alegre. Ellos vieron agentes brasileñas y uruguayos en ese operativo.

No sabíamos que esto era la Operación Cóndor en ese momento, pero nos quedó claro que algo raro estaba pasando. ¿Cómo podían militares uruguayos ingresar al territorio brasileño sin tener un acuerdo con ellos al respecto? Hicimos una gran campaña para Lilian y su familia y gracias a eso, todos ellos sobrevivieron.

[Francesca Y Jair]

¿Cómo difundían información?

Armamos una agencia de noticias, se llamaba “PresSur.” Alquilamos una pequeña oficina donde instalarla y un télex. En esos años, los buses que conectaban Porto Alegre a Montevideo tenían las llamadas “rodomozas,” es decir las azafatas del servicio. Ellas nos traían todos los días los diarios desde Uruguay. Con esos diarios y las noticias que escuchábamos por la radio, armabamos un noticiero cada día. Además, mandábamos por télex las notas a Roma, que las divulgaban ahí los días sábado.

¿Nos puede contar cómo logró la extradición del coronel uruguayo Manuel Corderoa la Argentina para que fuera juzgado en el juicio a la Operación Cóndor?

Sí, efectivamente, siempre supimos que muchos ex represores argentinos y uruguayos vivían en absoluta impunidad aquí en Brasil, especialmente en Rio Grande do Sul. En el caso de Cordero, se había escapado de Uruguay en 2004, donde había sido denunciado en varias oportunidades. Con la ayuda de mi gran amigo Roger Rodríguez y también de mi red de contactos locales en la frontera, empezamos a buscar información sobre dónde podía estar. Pudimos confirmar en 2005 que efectivamente se encontraba en la ciudad fronteriza de Santana do Livramento. ¡Increíblemente, ahí seguía cobrando su jubilación como militar desde el Consulado uruguayo! Se escapó de nuevo, pero lo pudimos ubicar una segunda vez. En ese momento, teníamos que convencer al Supremo Tribunal Federal (STF) de Brasil a otorgar su extradición a la Argentina para juzgarlo ahí. No fue nada fácil, ya que el STF es bastante conservador, especialmente cuando se trata de derechos humanos. Fue una lucha de muchos años. Finalmente, a finales de 2009 el STF autorizó -aun con limitaciones- su extradición a la Argentina, donde Cordero fue juzgado y en 2016 condenado a 25 años de cárcel por once casos de secuestros de víctimas uruguayas y argentinas ocurridos en 1976.

Finalmente, usted fue amenazado por el Comando Barneix en febrero de 2017. ¿Quién cree que está detrás de eso? ¿Y qué quieren lograr?

Si, efectivamente, es así. Vos y yo, junto con otros compañeros uruguayos y el jurista francés Louis Joinet, recibimos esta amenaza y, aún hoy, la justicia uruguaya no ha podido establecer quiénes son los responsables. Creo que esta amenaza tiene dos motivaciones: decir a nosotros, los extranjeros, de no meternos en lo que pasa en Uruguay, y además querían tener una repercusión internacional. Ellos, los nostálgicos de las dictaduras, quieren cero verdad y cero justicia. Pero nosotros no vamos a aflojar ya que sabemos que esta pelea contra los responsables de los crímenes de las dictaduras de Sudamérica trasciende a cada país y es una lucha común a todos los pueblos de esta región. La falta de investigación de esta amenaza es, de todos modos, lamentable y la impunidad afecta la calidad de la democracia uruguaya.






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