sábado, 21 de septiembre de 2019

El clima de George Soros por 18

Manifestación de la organización globalista Friday for Future, el 20 de agosto, por la avenida 18 de julio.


>>> Engatuzados

Miles de personas participaron en la jornada mundial de protestas Global Climate Strike 

21 de septiembre de 2019



La activista sueca por el medioambiente Greta Thunberg participó en la marcha en Nueva York, sede de la ONU.


En ciudades de más de un centenar de países se exhibieron ayer carteles que advertían que “No hay plan B” ni “planeta B” ante el calentamiento global. Los manifestantes que los portaban eran en su mayoría jóvenes, que salieron a las calles en todos los continentes durante la jornada de paro y movilizaciones denominada Global Climate Strike (huelga global por el clima), convocada para reclamar a los gobiernos que actúen para frenar el avance del cambio climático.
La protesta tenía el propósito de incidir en la Cumbre de Acción Climática de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que comienza el lunes en Nueva York y continúa hasta el viernes. Las movilizaciones se extenderán asimismo durante toda la semana.
Una de las personas que las lideraron ayer en Nueva York fue la activista de 16 años Greta Thunberg, que hace un año comenzó las protestas frente al Parlamento sueco y los paros estudiantiles que dieron origen al movimiento Fridays for Future, una de las más de 50 organizaciones que participaron en las movilizaciones de ayer.

Manifestación del "Friday for Future" en Munich, el 20 de septiembre de 2019, como parte de un día de acción climática global. Foto: Christof Stache, AFP.


De acuerdo con Thunberg, se convocaron 4.638 actividades en 139 países en el marco de esta protesta. El secretario general de la ONU, António Guterres, dijo que se necesitan medidas ante el cambio climático y que “millones de personas en todo el mundo” las reclamaron ayer. También la agencia de noticias Efe informó que participaron millones de personas, que la protesta se extendió por más de 150 países, y que las mayores movilizaciones fueron las australianas, que convocaron a 300.000 personas, superando incluso el número de manifestantes que salieron a la calle en Nueva York, unos 250.000. En algunos casos, los activistas pararon ayer, y en otros lo harán el viernes, cuando termina el encuentro de la ONU.
Las escenas de jóvenes con pancartas y consignas en defensa del planeta se repetían ayer en ciudades muy distantes entre sí, de Nigeria, Alemania, Brasil, Australia, Pakistán. También en Uruguay se convocó una manifestación en la Plaza Independencia. En México reclamaron que se declare una situación de “amenaza nacional” por el calentamiento global, y en Ecuador, de “emergencia climática”. En Estados Unidos las movilizaciones se organizaron en casi un millar de localidades para pedir que “dejen de quemar nuestro futuro” y avisar que “nuestra casa está en llamas”.

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En este discurso, Greta Thunberg, la activista de 16 años por la crisis climática pide ayuda a los adultos para salvar el mundo.


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Existen solamente dos clases de personas, las que adoran a Greta y las que la odian. Para muchos, una superheroína que salvará a nuestro planeta y para otros, simplemente, un producto de marketing, un juguete al servicio de los lobbies. Una valiente niña que se ha enfrentado al poder establecido por una buena causa o bien una bandera facilona que levantar para lavar conciencias de acomodados ciudadanos del primer mundo.


Todos los fuegos, el fuego 

por Hoenir Sarthou
19 septiembre 2019



Los recientes incendios en la región amazónica destruyeron, sin duda, infinidad de ejemplares vegetales y animales, además de afectar a un delicado sistema ambiental del que dependemos.

Pero no es el único deterioro causado o puesto en evidencia por los incendios.

Junto con la selva, se han quemado también una cantidad de certezas científicas, políticas y hasta de nuestro sentido común.

Mientras las llamas crecían, todos pudimos ver o leer a científicos y militantes ambientalistas que nos advertían sobre la catástrofe que amenaza al planeta. El calentamiento global, la contaminación del agua y del aire, la sobrepoblación, la concentración de gases, el descongelamiento de las regiones polares, el crecimiento de los océanos, se convirtieron en presencias inquietantes para gente que habitualmente casi no piensa en eso durante su vida cotidiana.

Por otro lado, vimos a gobernantes de países poderosos (Francia y Alemania, entre otros), así como a representantes de organismos internacionales, exponer sin timidez su supuesto derecho a intervenir en los territorios amazónicos aun contra la voluntad de los gobiernos de los Estados afectados (Brasil y Bolivia, sobre todo).

Paralelamente, comienzan a aparecer otras voces, algunas de ellas también académicas, que cuestionan el pronóstico catastrófico. Afirman que el cambio climático es un proceso natural, que los actos humanos no son la causa de un fenómeno de esa magnitud, que los océanos y no la amazonia producen la mayor parte del oxígeno que necesitamos para vivir y, en algunos casos, que tampoco es cierto que las temperaturas y los fenómenos atmosféricos que sufrimos sean mayores o más graves que en otras épocas bastante remotas.

Como nota de color, tenemos a Greta, una adolescente sueca que, convertida en la Juana de Arco del calentamiento global, promueve en todo el mundo manifestaciones de adolescentes que reclaman el fin de los plásticos de un solo uso y la sustitución de los automóviles a nafta por los eléctricos.

Sorprende un poco –no mucho- enterarse de que Greta fue invitada a la ONU y al foro de Davos, creado por George Soros, que se ha sacado hermosas fotos con el millonario y con la presidente del FMI, la Sra. Legarde, y que está financiada por magnates de las ascendentes y costosas “tecnologías verdes”, gente que proviene del mismo grupo económico que el ex vicepresidente de los EEUU, Al Gore, otro sorprendente pronosticador del desastre universal que ha amasado fortunas con la “tecnología verde”.

Como telón de fondo, los mismos gobernantes y organismos internacionales que previenen contra el calentamiento global siguen promoviendo el discurso del desarrollo y el crecimiento económico, la inversión y el “clima de negocios”·

¿En qué diablos creer?

Parece evidente que, además de árboles y oxígeno, el calentamiento global está quemando las certezas.

¿Estamos por nuestra propia culpa a pocas décadas de quedar sin alimentos ni aire, sumergidos por océanos de hielo derretido, o sólo atravesamos un ciclo natural que ha ocurrido muchas veces en la vida de nuestro planeta?

Me encantaría tener una respuesta. Pero no la tengo.

Nos encontramos en el cruce de varios factores humanos tremendos: el interés económico, el poder político, las ideologías y creencias de corte religioso (ciertas formas del ecologismo tienen trasfondo religioso), la pretensión de objetividad de la ciencia, y la omnipresente presencia de la publicidad (hay marcas que promocionan sus productos asociándolos con causas como el cuidado del medio ambiente).

Resulta imposible determinar cuánto pesa cada uno de esos factores en los diagnósticos y pronósticos sobre el destino de nuestro planeta y de la humanidad.

Ni siquiera la ciencia se salva. Condicionada, en forma cada vez más evidente, por las posturas ideológicas o políticas de los propios científicos, y por las exigencias de las fundaciones que financian la investigación, en todos los temas científicos de interés social o económico es posible hoy encontrar al menos “dos bibliotecas”, que con idéntica pretensión de autoridad sostienen cosas radicalmente opuestas.

¿Qué hacer? ¿Cómo plantarse ante esa encrucijada de la que podría depender la supervivencia de la especie humana y, sin duda, la de la civilización como la conocemos? ¿Cómo actuar quienes no somos empresarios globales, ni economistas, ni gobernantes, ni devotos ecologistas, ni científicos?

Quizá –nunca hablé más en condicional- sólo nos quede confiar en nuestro instinto y en nuestro sentido común. De alguna manera, un problema que se nos suele presentar como económico, científico, ambiental o incluso místico, vuelve a ser político. Un problema que no se puede resolver mediante recetas absolutas y que debe ser encarado mediante una prudente reflexión y acción de muchos millones de personas.

Claro está que ningún daño, y sí beneficios, pueden venir de limitar los efectos de la actividad industrial y del consumo en el agua, el aire y la tierra. No es necesario creer en la personalización de la Pacha Mama, ni conocer el origen del Universo desde el Bing Bang en adelante, para intuirlo o razonarlo.

Ahora, ¿quién puede hacerse cargo de esa tarea? ¿Las empresas transnacionales interesadas en los recursos naturales? ¿Los organismos internacionales que al mismo tiempo promueven las inversiones y el “clima de negocios”? ¿Las nuevas empresas que sustituyen una forma de contaminación por otra?

Tal vez –vuelvo a insistir en el condicional- la única brújula para orientarse en el dilema del fenómeno ambiental sea descubrir la presencia de intereses detrás de cada discurso que se pretende técnico, científico, humanista o ambiental. No es mucho. Pero descubrir y descartar la mentira interesada siempre es importante.


>>> Campaña también en Uruguay

Engatuzades








1 comentario:

  1. Las informaciones son interesantes, pero los COMENTARIOS demuestran mucha ignorancia y prejuicio.

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