viernes, 15 de noviembre de 2019

El golpe duro



>>> Bolivia urgente



Desde Bolivia nos envian estos documentos urgentes después del golpe de estado. Violenta represión.





Bolivia digna




EL GOLPE BLANDO SE CONVIRTIÓ EN GOLPE DURO
FEROZ REPRESIÓN MILITAR EN BOLIVIA AL GRITO DE "¡GUERRA CIVIL!
Y HAY RUMORES DE RESTITUIR A EVO PARA "PACIFICAR" UNA BOLIVIA EN LLAMAS
Bolivia, tras una sucesión encadenada de ACONTECIMIENTOS pasó del GOLPE BLANDO (parlamentario-institucional) al GOLPE DURO (militar y represivo).
La Policía está REPRIMIENDO FEROZMENTE bajo CONTROL operacional de las FFAA. Se ha sincerado y MILITARIZADO el GOLPE. Y el Ejército se DESPLIEGA en ocupaciones de EDIFICIOS PÚBLICOS y detenciones en masa de funcionarios parlamentarios y militantes de Evo Morales.
Después de la grotesca y FRACASADA AUTOPROCLAMACIÓN de Jeanine Äñes como "PRESIDENTA INTERINA, el cuadro golpista produjo un salto cualitativo.
La presencia a su lado del paramilitar racista, "Macho" Camacho (portando la Biblia ) desató la FURIA de las masivas poblaciones del ALTO que comenzaron a bajar hacia LA PAZ al grito de "¡GUERRA CIVIL! "¡GUERRA CIVIL!
Y la FARSA GOLPISTA, solo reconocida oficialmente por Trump y Bolsonaro, se convirtió de pronto en OTRA REALIDAD.
Y Bolivia, con gases, tanques y REPRESIÓN MILITAR en sus calles se convirtió en una NUEVA VERSIÓN aggiornada del "Plan Cóndor".
Y lo que parecía un EXITOSO GOLPE BLANDO parlamentario se le convirtió a Washington en un INFIERNO FUERA DE CONTROL. Hoy Bolivia es una síntesis patetica del VACÍO DE PODER, REPRESIÓN Y CAOS incontrolable en las calles.
Del cual la Embajada y el Comando Sur de EEUU, no saben COMO SALIR.
Bolivia ingresó en un escenario técnico de de REPRESIÓN MILITAR CON CAOS SOCIAL. Sin servicios, sin transportes, sin supermercados, sin centgros de atención de salud, con todos los Ministerios y oficinas públicas abandonados y CERRADOS. O sea, en un cuadro de INGOBERNABILIDAD total. Plagado de todo tipo de VERSIONES y de teorías conspirativas.
Y hay un RUMOR fuerte que circula por estas horas, y que crece conforme se agravan el estado de INGOBERNABILIDAD Y CAOS REPRESIVO.
Según esas versiones las Fuerzas Armadas (siguiendo órdenes de Embajada) haría un LLAMADO para que Evo Morales (igual que Chávez después del Golpe que lo destituyó en el 2002) sea RESTITUIDO en sus cargo por una ASAMBLEA parlamentaria.
Y el planteo restituyente se apoya en una idea fuerza que circula por el establishment de PODER económico boliviano: Solo Evo Morales podría PACIFICAR a Bolivia y devolverle la GOBERNABILIDAD perdida. Es solo un RUMOR que crece, pero tiene una lógica imbatible para el IMPERIO YANQUI.
Que ya no sabe que hacer con su golpe fracasado en una BOLIVIA EN LLAMAS.
MANUEL FREYTAS / IAR Noticias


>>> Auto proclamada



>>> Se manifestó en Montevideo 







Brecha   La debacle del MAS y el golpe boliviano
Señor presidente, desde el fondo de nuestro corazón y con gran pesar te decimos: ¿dónde te perdiste? Porque no vives dentro de los preceptos ancestrales que dicen que debemos respetar el muyu (círculo): sólo una vez debemos gobernar. ¿Por qué has prostituido a nuestra Pachamama? ¿Por qué mandaste a quemar la Chiquitanía? ¿Por qué maltrataste a nuestros hermanos indígenas en Chaparina y en Tariquía?”, dice el manifiesto de la Nación Qhara Qhara, con el que un sector del movimiento indígena se incorporaba el pasado jueves 7 de noviembre a las protestas contra el fraude electoral en Bolivia.
El manifiesto es una de las piezas más duras contra Evo Morales, quizá porque proviene de las propias entrañas de la fuerza que lo llevó al poder: “Respeta nuestras culturas, ya no siembres más odio entre los hermanos del campo y de la ciudad, deja de dividir a los pueblos, ya vulneraste su libre determinación. Deja de enviar indígenas como carne de cañón para el respaldo de tus intereses y de los que te rodean, que ya no son los nuestros; deja de enviar matones a maltratar a nuestra gente; deja que vivamos en nuestra ley; deja de hablar en nombre de los indígenas, que ya perdiste tu identidad” (Fides, 7‑XI‑19).
El contraste entre lo que ocurre ahora y lo sucedido en octubre de 2003, durante la primera guerra del gas, es notable. En aquella ocasión todos los movimientos sociales se enfrentaron al gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada y pagaron un precio de más de sesenta muertos y cientos de heridos y mutilados. Pese a la brutal represión –el ejército ametralló a los manifestantes desde helicópteros–, la población consiguió doblegar al gobierno, que debió renunciar.
Pero en esta ocasión, luego de tres semanas de protestas opositoras y denuncias de fraude en las elecciones del 20 de octubre, en las que Morales se proclamó reelecto, había mucha rabia por el gobierno en gran parte de los dirigentes y las bases de las organizaciones sociales, que, al llegar la tarde del pasado domingo 10, se habían ido manifestando por la renuncia del presidente, como la Central Obrera Boliviana, la federación minera y organizaciones indígenas. Por eso, ese día la derecha más extremista pudo entrar a la casa de gobierno sin problemas y nadie salió de inmediato a la calle a defender a Morales cuando el ejército le sugirió que renunciara.
En estos casi catorce años en el gobierno hubo actuaciones del oficialista Movimiento al Socialismo (Mas) que los movimientos sociales no olvidaron. Entre 2002 y 2006 se formó el Pacto de Unidad entre las principales organizaciones campesinas e indígenas como sostén del gobierno de Morales: la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia, el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (Conamaq), la Confederación de Pueblos Indígenas del Oriente de Bolivia (Cidob), la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas Indígenas Originarias de Bolivia Bartolina Sisa y las juntas vecinales de El Alto. A fines de 2011, la Cidob y el Conamaq decidieron abandonar el Pacto de Unidad, por considerar que “el Poder Ejecutivo ha parcializado la participación de las organizaciones indígenas, valorando más que todo a las organizaciones afines al Mas”, al tiempo que consideraban que ello afectaba “de forma directa a nuestros territorios, culturas y nuestros recursos naturales”.
En junio de 2012, la Cidob denunció “la intromisión del gobierno con el único propósito de manipular, dividir y afectar a las instancias orgánicas y representativas de los pueblos indígenas de Bolivia” (Cidob, 7‑VI‑12). Un grupo de disidentes de la Confederación apoyado por el gobierno desconoció a las autoridades y convocó una “comisión ampliada” para elegir nuevas autoridades.
En diciembre de 2013, disidentes de la Conamaq “afines al Mas” tomaron el local de la organización, y golpearon y expulsaron a quienes allí se encontraban con el apoyo de la policía, que permaneció resguardando la sede e impidió que las legítimas autoridades pudieran recuperarla (Servindi, 11‑XII‑13). El comunicado posterior del Conamaq aseguró que el ataque en su contra se dio para “aprobar todas las políticas contrarias al movimiento indígena originario y al pueblo boliviano, sin que nadie pueda decir nada”.
SALTO AL VACÍO. El miércoles 13 se produjo una situación inédita, un vuelco tan importante como lo había sido la renuncia de Morales tres días antes. Jeanine Áñez fue ungida presidenta en un parlamento sin cuórum, ya que los diputados del Mas, la mayoría absoluta, no pudieron ingresar al recinto, como tampoco pudo hacerlo la senadora masista Adriana Salvatierra. Presidenta del senado, Salvatierra había renunciado públicamente a ese cargo, aunque no a su banca, el mismo día que lo hicieron Evo Morales y el vicepresidente Álvaro García Linera. Aunque intentaron ingresar al recinto parlamentario, ella y los diputados de su bancada fueron impedidos de hacerlo por la fuerza pública.
Áñez, por su parte, era la vicepresidenta segunda de la Cámara alta y pudo llegar a la presidencia de la República porque los demás en la línea de sucesión, masistas ellos, renunciaron también, como forma de la política del gobierno de denunciar un golpe. La actual presidenta es miembro de la alianza opositora Unidad Demócrata y una aliada incondicional de las elites racistas del departamento de Santa Cruz. De este modo, tres días después de la renuncia de Evo se consumó un verdadero golpe, aunque, en realidad, unos y otros colaboraron en que se llegara a esta situación.
La cronología de este vuelco arranca con las elecciones del 20 de octubre, pero, sobre todo, con la interrupción del conteo de votos y su reanudación, 24 horas después, con datos que contradicen los difundidos hasta el día anterior. Una situación que dio lugar a las sospechas, por repetir una dinámica de fraude demasiado evidente y tradicional en nuestra América Latina como para ser ignorada. Ahí comenzó una protesta que fue creciendo lentamente hasta el viernes 8 de noviembre, protagonizada, en gran medida, por los grupos cívicos, sectores de clase media con gran implantación en las grandes ciudades del oriente del país.
Al parecer, el gobierno de Morales subestimó la magnitud de las protestas, ya que mantenía una alianza con el Comité Cívico de Santa Cruz, luego de haberlo derrotado en su intento secesionista de 2008. Las cosas parecían mantenerse en un cauce favorable para el Mas, que tenía buenas relaciones con la Organización de los Estados Americanos (en particular, con su secretario general, Luis Almagro), al punto de que el candidato opositor Carlos Mesa rechazó la auditoría pactada entre esa organización y el gobierno.
La situación cambió bruscamente el viernes 8 al extenderse un motín policial iniciado en Santa Cruz y La Paz. En las redes sociales circularon versiones según las cuales los policías fueron “comprados” con dinero de una empresa localizada en Santa Cruz. Lo cierto es que el motín policial fue un punto de inflexión, cuyo origen y cuyas circunstancias será necesario investigar. El gobierno no podía contar con la policía, pero tampoco podía enviar a las fuerzas armadas contra los manifestantes, lo que hubiera creado una situación insostenible en sus propias bases. Peor aun, no podía contar con organizaciones populares fuertes que lo defendieran, porque estas habían sido purgadas y muchos de sus dirigentes, apartados y condenados, algunos al ostracismo, otros, encarcelados. En este punto, presidente y vice decidieron arriesgar. Llegado el domingo, ensayaron una jugada que consistió en salir de La Paz, saturada de barricadas y protestas, con la intención de retornar en mejores condiciones.
La derecha siguió operando, probablemente, y como es habitual en estos casos, con el apoyo de la embajada de Estados Unidos. Tomó la delantera un personaje siniestro, el empresario cruceño Luis Fernando Camacho. Con un discurso radical y ultracatólico, de claro contenido racista y colonial (véase recuadro), Camacho se erigió en representante de las clases medias blancas del oriente y las elites terratenientes de la región más rica del país. Convocó un cabildo para desconocer los resultados de las elecciones y, con su discurso incendiario, desbordó tanto a los “cívicos” cruceños, que convivían sin mayores problemas con el Mas, como a Mesa, a quien desplazó en pocos días como referente de la oposición. Se trata de un oportunista ultra que, tras la quema de whipalas protagonizada por los suyos, debió pedir perdón, en una muestra del escaso margen que tienen los más conservadores en la Bolivia actual.
LA GUERRA Y LAS MUJERES. Si la oligarquía cruceña mostró su extremismo de la mano de Camacho, el oficialismo no se quedó atrás. El ministro de la Presidencia de Bolivia, Juan Ramón Quintana, declaró a Sputnik, días antes de la debacle del gobierno, que “Bolivia se va a convertir en un gran campo de batalla, un Vietnam moderno” (30‑X‑19).
Quintana, uno de los más altos cargos del gobierno de Evo, mostró su alejamiento de la realidad al decir: “Aquí hay una acumulación política de los movimientos sociales que están dispuestos a pelear”. Y propuso una estrategia consistente en “una batalla campal frente a la virulencia mentirosa de los medios”, que, en su opinión, son parte de “una guerra de dimensiones muy complejas, desconocidas, que nos va a exigir muchísimo agudizar el pensamiento y la estrategia de autodefensa”.
Las mujeres fueron el sector que con mayor claridad y transparencia se empeñó en desarmar los dispositivos guerreros. En La Paz, el colectivo Mujeres Creando convocó un Parlamento de Mujeres (al que asistió un puñado de varones), en el que se esforzaron por construir “voces colectivas” que desafiaran la polarización en curso. En esos momentos, en la ciudad de El Alto miles de jóvenes gritaban: “Ahora sí, guerra civil”, flameando la whipala.
Muchas mujeres mostraron una doble indignación: contra el fraude de Morales y contra la derecha racista. En general, predominó una defensa de los avances en la última década y media, no todos atribuibles al Mas, sino al hecho de que ganó terreno la potencia creativa de los movimientos, que las autoridades nunca pudieron ignorar.
Se destacó la intervención de la socióloga e historiadora Silvia Rivera Cusicanqui: “Yo no creo en las dos hipótesis que se han manejado. El triunfalismo de que con la caída de Evo hemos recuperado la democracia me parece un exceso, un análisis que se está saliendo de foco (…). La segunda hipótesis equivocada, que me parece a mí sumamente peligrosa, es la del golpe de Estado, que simplemente quiere legitimar, enterito, con paquete y todo, envuelto en celofanes, a todo el gobierno de Evo Morales en sus momentos de degradación mayor. Toda esa degradación, legitimarla con la idea del golpe de Estado es criminal y, por lo tanto, debe pensarse cómo ha empezado esa degradación” (Desinformémonos, 13‑XI‑19).
En la misma orientación, la vocera de Mujeres Creando, María Galindo, escribió en su columna en Página Siete: “El sentimiento de abandono y orfandad que deja ver el despegar a Evo Morales rumbo a México se siente en las calles. La gente me llama a la radio y rompe en llanto sin poder hablar; su sentimiento de debilidad y abandono hace que de la memoria se les borren, por arte del dolor, las violencias y las arbitrariedades del caudillo, y que la gente lo añore como padre protector y benefactor” (13‑XI‑19).
UN FUTURO INCIERTO. Fracasado el plan de Morales‑García Linera de retornar como “pacificadores”, se abre la caja de las sorpresas. La iniciativa la tiene la ultraderecha, racista y fascista, que cuenta con enormes recursos materiales y mediáticos para encaramarse en el poder, aunque no tiene la legitimidad para mantenerlo.
La memoria larga, concepto de Rivera Cusicanqui, nos enseña que las elites racistas pueden permanecer en el poder a sangre y fuego durante largo tiempo, aunque no tengan apoyo social, porque tienen medios para hacerlo. Sin embargo, la memoria corta, complemento de la anterior, apunta a algo diferente, por lo menos desde 2000 en Bolivia: la potencia de las y los de abajo impide que los regímenes racistas y patriarcales gocen de estabilidad y durabilidad. Porque las mujeres y los pueblos originarios ya no se dejan, como lo enseñan estos días las calles de Santiago y Quito, testigos de una alianza de nuevo tipo (de hecho y en los hechos) que se plasma en que la bandera mapuche ondea en manos blancas y que las mujeres abrieron una grieta en Ecuador en el fragor del combate.
La salida a la tremenda situación que vive Bolivia pueden ser las elecciones generales, que el gobierno que usurpa Áñez debe convocar de forma inmediata. Como apunta la socióloga Raquel Gutiérrez Aguilar, la alternativa es “elecciones generales o guerra civil”. Si hablan las urnas, es muy probable que el próximo presidente sea Carlos Mesa, pero que el Mas conserve una importante bancada y siga siendo, tal vez, el partido más votado.
Más temprano que tarde, la alianza de diversidades que algún día representó el Mas volverá al Palacio Quemado, porque es la mayoría social y cultural del país andino. Sería deseable que no fuera la repetición, necesariamente degradada, del Mas actual, porque el paso del tiempo termina pudriendo las aguas estancadas. Para que eso no suceda, una nueva cultura política debe arraigar en los dirigentes y los cuadros de los movimientos y las organizaciones. Una cultura capaz de beber en las tradiciones andinas de rotación de cargos y complementariedad entre géneros, edades y, ahora también, visiones del mundo. Una cultura que se deje permear por el radical rechazo al patriarcado de las feministas, que están deconstruyendo caudillismos y organizaciones jerárquicas. Bolivia puede aportarnos, como pocas regiones en nuestra América, las contribuciones de ambas vertientes. Sin ellas, será imposible tejer, comunitariamente, un tapiz emancipador capaz de superar las opresiones que nos atraviesan.

El facho Camacho

Luis Fernando Camacho Arce, el líder de la “revolución” boliviana, es un abogado y empresario de 40 años originario de Santa Cruz de la Sierra, el departamento más rico y “blanco” del país del altiplano. Allí presidía, como antes lo había hecho su padre, José Luis –un potentado con negocios en varios sectores (gas, seguros, carne, inmobiliarias) y compañías radicadas en paraísos fiscales mencionadas en los Panamá Papers–, el Comité Cívico Pro Santa Cruz, una suerte de lobby de empresarios, entidades locales y grupos sociales extremadamente conservadores. La publicación digital La Resistencia Bolivia, cercana al Movimiento al Socialismo (Mas), de Evo Morales, dice que Camacho padre era “dueño de la empresa que tuvo el monopolio de la distribución de gas en Santa Cruz, Sergas y ciudades próximas, como Montero y Warnes, por 20 años, desde 1989 hasta el 2009. Una concesión otorgada en los procesos de capitalización y privatización por los gobiernos neoliberales”, que Morales le quitó.
A pesar de que dice que “nunca se interesó por la política”, Camacho hijo fue integrante, a comienzos de los años dos mil, de la Unión Juvenil Cruceñista, a la que la Federación Internacional de los Derechos Humanos catalogó en su momento como una organización paramilitar y racista. Es también miembro de Los Caballeros del Oriente, una de las dos logias más poderosas de Santa Cruz, defensora de la supremacía de la elite cruceña. Al “clan Camacho” se lo vinculó con los ultraderechistas boliviano‑croatas Branko Marinkovic, un gran empresario dueño de bancos y campos sojeros, y Eduardo Rózsa Flores, un paramilitar que participó en la Guerra de los Balcanes. Ambos participaron en 2008 en un levantamiento separatista de los departamentos de Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija. Rózsa Flores murió un año después en un tiroteo con la policía boliviana y Marinkovic, acusado de “sedición”, huyó a Brasil en 2010. Era uno de los principales referentes del Comité Cívico Pro Santa Cruz.
Al Macho Camacho (así se hace llamar) no se lo conocía demasiado fuera de Santa Cruz de la Sierra, hasta que se puso a la cabeza del alzamiento contra Morales tras las elecciones de octubre y, en los hechos, desplazó del liderazgo de la oposición a Carlos Mesa, el principal candidato presidencial de la derecha boliviana. Fue él el inspirador de la estrategia de rebelión callejera al estilo de “la salida” pregonada en Venezuela por el ultraderechista Leopoldo López y Juan Guaidó, que terminó desbordando a la oposición más moderada, que encarnaba Henrique Capriles. Pasó a los primeros planos cuando entró a un vacío Palacio del Quemado, la tradicional sede presidencial boliviana, con una biblia en una mano y la bandera nacional en la otra, para entregarle a Morales una carta en la que le exigía la renuncia, sin más legitimidad que la que le otorgaban los suyos. Religioso ferviente, cruzado de las causas más retrógradas, proclamó, arrodillado en el piso, que Dios había vuelto a tomar posesión del palacio de gobierno. Dijo luego que “el comunismo” había sido expulsado definitivamente del país y que lo primero que debía hacerse en Bolivia, antes de ponerse a “reconstruirla”, era elaborar una lista “al estilo de las de Pablo Escobar” (el capo narco colombiano) de “todos los traidores a la patria” para “mandarlos presos”. El analista Pablo Stefanoni, profundo conocedor de la realidad boliviana, recuerda, en una nota publicada en la revista digital argentina Anfibia, que en 2008, tras la derrota del alzamiento separatista en Santa Cruz y otros departamentos, los Camacho habían alcanzado “cierta pax” con el gobierno de Evo Morales, al cual se habían opuesto desde el principio. Ahora, “aupado a una nueva fase de radicalización juvenil, el ‘macho’ Camacho (…) selló pactos con ‘ponchos rojos’ aymaras disidentes, se fotografió con cholas y cocaleros anti‑Evo y juró no ser racista y diferenciarse de la imagen de una Santa Cruz blanca y separatista. Y, en una productiva estrategia, se alió con Marco Pumari, el presidente del Comité Cívico de Potosí, un hijo de minero que venía liderando la lucha en esa región contra el ‘ninguneo de Evo’. Así, el líder emergente e histriónico terminó siendo el artífice de la revuelta cívico‑policial”.
Pablo Pozzolo


Movimiento Guevarista de Bolivia

GOLPE DE ESTADO EN BOLIVIA, SIN ATENUANTES

El 10 de noviembre se ha consumado el golpe de Estado contra el gobierno popular de Evo Morales, como corolario de una conspiración del imperialismo norteamericano, enemigo jurado de nuestros pueblos. El MG ha sido la primera organización política en Bolivia que lo denunció públicamente al día siguiente de las elecciones nacionales, el 21 de octubre, demandando la unidad de acción para frenarlo.

La ausencia de dirección política; la hoy por hoy nada sospechosa permisividad de determinadas autoridades civiles y militares, la actitud traidora de algunos ministros y; la decisión del presidente Evo Morales de evitar un baño de sangre, han permitido, finalmente, que las fuerzas regresivas de la derecha patear el tablero, violando todas las normas constitucionales y sin la mínima consideración por los derechos democráticos de la ciudadanía. El pueblo boliviano, en sus estamentos más pobres y humildes, se ha organizado y ha resistido al asalto de las hordas fascistas.

La misión de auditoría de la OEA ha cumplido fielmente la función que le corresponde al ministerio de colonias yanqui. Se ha cuidado muy bien de no mencionar la palabra fraude y se ha limitado a observaciones de manejo del TREP y no del cómputo. No hubo ni hay fraude electoral en la victoria popular de Evo Morales Ayma en las últimas elecciones. Hoy, queda develado que todo ello fue un pretexto para un golpe de Estado. Sin embargo, algo de rubor le queda a la derecha golpista. Quiere darle aires de legitimidad a sus actos y pide, ahora y en nombre de la Patria, que la Asamblea Legislativa Plurinacional sesione y acepte la renuncia de asambleístas obligados a hacerlo ante el chantaje violento de los fascistas; como también las del presidente y del vicepresidente del Estado Plurinacional. Ante el golpe consumado, instamos a la bancada del Movimiento al Socialismo, no asistir a ninguna sesión que convalide el golpe fascista. Dejemos que la derecha se distribuya sola el botín salpicado de sangre del pueblo boliviano. De ese pueblo altivo y revolucionario que, en este momento, en estas horas, continúa movilizado y de pie, defendiendo sus principios.

12 de noviembre de 2019

¡A ORGANIZAR LA RESISTENCIA!

¡VOLVEREMOS Y SEREMOS MILLONES!

HASTA LA VICTORIA, ¡SIEMPRE!

Dirección Nacional




LOS PONCHOS ROJOS Y EL TERROR DEL “MACHO” CAMACHO:




Liderados por el indígena Felipe Quispe, aquel de la famosa repuesta a una periodista de la BBC ¿Porque la violencia, porque el terrorismo, porque la lucha armada? "Para que mi hija no sea tu sirvienta". Los Ponchos Rojos son guerreros Aymaras de la región andina de Omasuyos, que conforman una milicia armada establecida para defender la integridad territorial de Bolivia. La oposición acusa a Evo Morales de haberlos armado para formar milicias ilegales. De hecho, durante los años setenta, Achacachi fue el centro del movimiento guerrillero Túpac Katari.
Los ponchos rojos son hoy en Bolivia el símbolo de una milicia indígena muy temida. Cuentan con 800.000 hombres armados.

(Compañero Jorge García.) Richard K.



>>> Bolivia se levanta














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1 comentario:

  1. Donde vive brecha? Es una locura ignorar trump, grupo de lima y victimizar al que gano porlo menos por 10%. Donde cobran?

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