sábado, 20 de mayo de 2023

Tiempos modernos y el futuro del trabajo

 


 

 

 El desempleo a consecuencia del automatismo tecnológico es el fenómeno que se produce al introducir avances en las tecnologías de producción y de servicios de las empresas sustituyendo a los trabajadores por máquinas, y es potestad tanto de las empresas como de los gobiernos implicarse en que su impacto real sea el menor posible.

 Uruguay no escapa a la revolución tecnológica que determina la sustitución de oficios que realiza el hombre por máquinas


Un robot está ordeñando vacas por primera vez en forma autónoma en Uruguay. Las cadenas de supermercados comienzan a instalar cajas donde el cliente se autodespacha sus compras. La ola de automatización en los servicios bancarios y financieros parece no tener techo. Todo esto en un contexto donde la economía uruguaya encadena 15 años de expansión ininterrumpida, pero destruyó casi 40 mil empleos en el último bienio.
Como en la primera revolución industrial inglesa del siglo XVIII, otra vez la máquina emerge como una amenaza para la creación o reemplazo del empleos, aunque otros no tan escépticos dicen que esta nueva era demandará competencias con otro perfil de trabajadores. En todo caso, donde existe amplio consenso es en que la educación debe aggiornarse y estar a la vanguardia para que los futuros empleados adquieran oficios con un bajo riesgo de automatización.
Un reciente estudio académico de los economistas del Centro de Investigaciones Económicas (Cinve), Diego Aboal y Gonzalo Zunino, reveló que los jóvenes uruguayos se siguen insertando laboralmente en su mayoría en ocupaciones "con alto riesgo de reemplazo", algo que implica una amenaza para la sustentabilidad del sistema de seguridad social uruguayo.
Otra publicación de la Dirección de Planificación de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP) reconoce que la automatización de ciertas tareas puede generar "serios impactos sobre grandes contingentes de trabajadores y sus familias, con impactos directores en el bienestar, la distribución y la cohesión social". La OPP admite que se deben diseñar lineamientos de políticas productivas y de capacitación para afrontar el empleo del futuro.
Diego Vallarino, docente y experto en temas de innovación y tecnología, dijo que los procesos de sustitución y automatización del empleo son históricos a nivel global y Uruguay no escapa a esa ola. "Esto está impactando en el mercado de trabajo de hoy", reconoció. El experto explica que eso se debe a dos factores. En primer lugar, la productividad de la mano de obra donde, a su juicio, hay deficiencias por atender.
El otro factor es que la tecnología está mostrando una marcada tendencia a la baja en su costo y acceso. "Esto lleva a que un robot o un algoritmo que podían tener grandes empresas como Netflix, hoy lo puedan tener pymes uruguayas. Esto de alguna forma es lo que lleva a que el mercado laboral uruguayo acuse hoy el impacto de la sustitución de mano de obra física por tecnología", resumió Vallarino.
El director de la Dirección de Planificación de la OPP, Fernando Isabella, reconoce los desafíos que la automatización y robotización traerán para el mercado laboral de los próximos 20 o 30 años, pero recuerda que la evidencia histórica indica que el cambio tecnológico a la larga trajo mayores niveles de empleo, en particular en tareas atadas al conocimiento que son complementarias a este fenómeno.
Dijo que si bien hay momentos puntuales de pérdida de empleo, no se debe tener una actitud conservadora a frente al cambio tecnológico, aunque siempre se generan tensiones y dilemas en sectores puntuales. "Sería difícil entrenar a una persona de 58 años para una nueva tarea. Por eso lo importante es redireccionar a los jóvenes para los nuevos empleos. Nuestros estudios son insumos para la definición de la políticas de empleo que encara e Inefop", explicó. Precisamente, Aboal y Zunino sostienen que la educación "será cada vez más necesaria para lograr una inserción laboral menos vulnerable" ante el proceso del avance tecnológico.
“Una mala reacción del Estado implicará no anticiparse a este fenómeno. Otra reacción negativa y conservadora podría ser la de limitar las tecnologías”, admitió Isabella de OPP.
Si se mira el nivel educativo como variable para segmentar a la población de ocupados, siete de cada 10 trabajos realizados por quienes llegaron hasta el nivel primario o secundario podrían ser realizados sin personas. Entre los empleos de quienes terminaron la universidad, ese nivel de probabilidad cae a tres de cada 10.
Automatización acelerada
En Uruguay no hay ningún sector de actividad en el que la proporción de puestos laborales con probabilidad de ser reemplazados en el mediano plazo por el avance de la tecnología sea menor a 50%. El caso extremo se da en el sector de agricultura, caza, forestación, silvicultura y pesca, que presenta una probabilidad de reemplazo de sus ocupados de 82,2%. Le sigue el comercio al por mayor y por menor (80%), actividades financieras (79%), hoteles y restaurantes (76,3%), y las actividades inmobiliarias (75,7%).
“El cambio tecnológico vamos a verlo no solo en grandes empresas, sino en pequeñas y medianas”, dijo Vallarino.
El director de Relaciones Institucionales del Grupo Disco, Miguel Penengo, se refirió a la decisión que tomó su empresa de sustituir una o dos cajas tradicionales en los supermercados por un sistema automatizado de despacho que no requiere la presencia del hombre. El ejecutivo aseguró que este sistema "no está haciendo perder fuentes" de trabajo porque no es el objetivo final. "Este sistema requiere personal, primero por un tema de seguridad y en segundo lugar, el personal que deja las cajas, que no se usa, es redistribuido dentro de la organización, como puestos administrativos o reposición, o puestos más especializados", indicó.
“A esta altura el mundo tiene un futuro que no podemos cambiar las empresas ni lo sindicatos ni los consumidores. Es una revolución que este siglo va a traer y tenemos que ir adaptándonos a ella”, aseguró Penengo.
¿Dónde hay más puestos en riesgo?
Si bien en sectores como el agro el riesgo de la sustitución de mano de obra por tecnología es cercano al 90%, ese sector apenas tiene el 5% del empleo en Uruguay. Sin embargo, hay otras categorías de oficios donde la amenaza de la automatización dejaría a un número sensiblemente mayor de trabajadores por el camino, como el caso de trabajadores de servicios y vendedores de comercio y mercados (22% del mercado laboral en Uruguay), donde el riesgo de reemplazo por tecnología llega al 64%. En tanto, en el personal de apoyo administrativo –que tiene un peso en el empleo del 12%–, el riesgo de automatización trepa al 94%. En cambio, en el caso de los profesionales y científicos (11% del empleo) la amenaza del reemplazo por máquinas apenas llega al 12%.
De tambero a experto en datos
El oficio de tamberos es uno de los más sacrificados que históricamente tuvo el campo uruguayo. Hay que ordeñar los 365 días del año, con lluvia, durante la fiestas, y en horarios incómodos para el trabajador. La edad promedio de productores lecheros uruguayos supera los 50 años y el recambio generacional y la dificultad para hacerse de mano de obra es hoy una de sus principales amenazas para la sostenibilidad futura.

En pos de ofrecer una alternativa, la estación experimental La Estanzuela del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) logró el 10 de setiembre por primera vez en Uruguay ordeñar una vaca en un sistema robotizado. Las vacas se mueven por sí solas en el sistema (potreros, callejones, tambo) teniendo como principal incentivo al alimento (cuando se hace escaso, se mueven). Al trasladarse buscando alimento, deben pasar por la sala y ahí el robot las ordeña.
La máquina automatizada realiza por sí solo el proceso de ordeñe pudiendo las vacas acceder a él a cualquier hora (24 horas, los siete días). La detección de celos y mastitis se realiza por sensores. Las personas pueden trabajar de 8 a 17 horas, sin estar presentes durante el ordeñe. Las principales tareas son: chequear en la computadora reportes y alarmas del software, tratar o inseminar vacas, armar parcelas, suministrar reservas y traer alguna vaca retrasada del potrero. Al irse a su casa, las alarmas pueden llegarle al teléfono y resolverlas de forma remota.
El sistema robotizado voluntario de ordeñe está funcionando en una etapa de prueba con 10 vacas, pero la idea es llegar a un rodeo de 120 animales, una vez que se culmine la infraestructura externa que requiere el proyecto.
"Estos sistemas no reducen la mano de obra en el mundo. Sino que ahora se requerirá un perfil de trabajador más intelectual y jerarquizado para analizar la información que dan los robot sobre las vacas", explicó el director del programa de investigación de leche en INIA Uruguay, Santiago Fariña.
Una vez que el tambo está completamente robotizado podrá funcionar con dos operarios, similar a los recursos humanos que demanda un tambo convencional de 120 vacas.
El asistente de investigación y encargado del tambo robotizado, Marcelo Plá, consideró que esta chance que tendrán los tambos uruguayos del futuro será un atractivo para el recambio generacional. "Las futuras generaciones podrán ver como algo atractivo seguir con la producción lechera y mantener el patrimonio familiar", consideró. El técnico es optimista en que este proceso de robotización ayudará a que más personas estén dispuestas a trabajar en los tambos porque será como contar con un empleo en la ciudad con un horario normal de ocho horas diarias.
En otra batalla
¿Qué visión tiene el PIT-CNT e industriales sobre al avance de la automatización y su impacto sobre el empleo? El director del Instituto Cuesta Duarte –órgano que se encarga de orientar a la central sindical en políticas vinculadas al empleo–, Milton Castellano, considera que la tecnología y la robotización "no es hoy la prioridad" en la agenda del PIT-CNT, y que está relegada a un cuarto lugar en un orden de importancia.
De hecho, consideró que si a cinco meses de la "negociación salarial más grande" que tendrán los Consejos de Salarios de este período de gobierno se instala en la agenda el tema de la tecnología y la robotización, de alguna manera ya se está "condicionando subliminalmente" la mesa de negociación con el sector empresarial. "Habrá delegados que van a decir: 'Pa!, no vamos a pedir mucho porque nos van a tirar que vienen cuatro robots y no vamos poder pedir aumento salarial'", señaló. Castellano asume que la central sindical no puede oponerse al empresario que instala una caja que prescinde del trabajador en un supermercado.
"Tengo que ver cómo esa cajera puede tener otro lugar de trabajo. No puedo ir contra la tecnología", reconoce.
Precisamente, para el director del Cuesta Duarte "la batalla" que intenta dar la central sindical es por lograr un cambio en la matriz productiva del país. "Los problemas mayores no serían tanto la tecnología, sino otros problemas vinculados a la matriz productiva que está concentrada en la venta de commodities con poco valor agregado laboral. Por eso se da que mientras la economía crece, los puestos de trabajo no acompañan esa tendencia", afirmó.
Castellano añadió que los principales cinco productores de exportación del país son los mismos de hace 50 años, básicamente vinculados al agro, donde existe una baja calidad y cantidad de empleo.
En tanto, para el director del Departamento de Estudios Económico de la Cámara de Industrias, Sebastián Pérez, la incorporación de las nuevas tecnologías en las empresas es un "proceso natural" que apunta a elevar la productividad, aunque también considera que el hecho de que los salarios más sumergidos hayan aumentado por encima de la media en la industria, incentivó en forma más acelerada la sustitución de mano de obra de menor calificación por tecnología.
El asesor de los industriales considera que las nuevas tecnologías ofrecen oportunidades para ciertas capacidades que hoy son inimaginables. "Esto trae amenazas, especialmente para los trabajadores menos calificados que tendrán que adaptarse", planteó. A su juicio, se hace imperioso "comprender a los jóvenes" y el mundo del trabajo en pequeñas y medianas empresas. "Nuestra legislación laboral está pensada para un mundo industrial manufacturero obsoleto para una cantidad de actividades", aseguró.
Pérez indicó que las nuevas tecnologías plantean cambios en los regímenes de trabajo, con jornadas que pueden ser más extensas que luego se compensan que descansos superiores como hoy ocurre con la industria audiovisual.
66%
de las ocupaciones uruguayas corre el riesgo de ser automatizadas por máquinas, según un estudio académico de los economistas Diego Aboal y Gonzalo Zunino, de Cinve.
37
mil empleos perdió la economía uruguaya en los últimos dos años. Algunos expertos dicen que parte de ese fenómeno se debe a la incidencia de la automatización de ciertos oficios.

Un ejemplo es el empleo en las porterías de edificios



La automatización agraria en Uruguay puede tener un impacto en la desocupación, tanto positivo como negativo, dependiendo de cómo se implemente.

Por un lado, la automatización agraria puede aumentar la productividad y eficiencia en la producción agrícola, lo que puede resultar en una mayor demanda de mano de obra calificada y una reducción en la necesidad de trabajadores no especializados. Esto podría llevar a una disminución en la tasa de desempleo si los trabajadores no especializados pueden ser reentrenados para ocupar puestos más calificados.

Por otro lado, si la automatización agraria reemplaza a la mano de obra no especializada sin crear nuevos puestos de trabajo para ellos, puede haber un aumento en la desocupación en el sector agrícola. Además, es importante considerar que la automatización agraria puede no ser igualmente accesible para todos los agricultores, especialmente para los pequeños agricultores que pueden no tener los recursos para invertir en tecnología avanzada, lo que puede resultar en una mayor desigualdad en el sector.

En resumen, la automatización agraria en Uruguay puede tener un impacto en la desocupación que dependerá de cómo se implemente y se gestione. Es importante que se tomen medidas para garantizar que la automatización agraria beneficie a todos los actores del sector agrícola, y que se proporcione la capacitación necesaria para que los trabajadores puedan adaptarse a los nuevos cambios en la tecnología y en la demanda de habilidades.

 
 

 

Que pasará cuando los taxis, camiones, omnibus no necesiten mas choferes?
            

China enfrenta desafíos similares a otros países en cuanto al impacto de la automatización y la revolución tecnológica en la fuerza laboral y la desocupación. Para abordar este problema, el gobierno chino ha implementado varias estrategias y políticas para fomentar la creación de empleo y la capacitación de los trabajadores.

Algunas de las medidas que ha tomado China incluyen:

    Fomento de la creación de empleo en sectores de alta tecnología: El gobierno ha lanzado políticas para incentivar la inversión en sectores de alta tecnología, como la inteligencia artificial, la robótica y la tecnología de la información, que se espera que generen nuevos empleos en estas áreas.

    Fortalecimiento de la educación y la capacitación: China ha lanzado una serie de programas para mejorar la educación y la capacitación de los trabajadores para que puedan adaptarse a las nuevas tecnologías y habilidades requeridas en el mercado laboral actual.
 Promoción del emprendimiento y la innovación: El gobierno chino ha lanzado políticas para fomentar el emprendimiento y la innovación, y ha creado fondos para apoyar a las nuevas empresas y los emprendedores.

    Apoyo a las pequeñas y medianas empresas (PYMES): El gobierno chino ha implementado políticas para apoyar el desarrollo de las PYMES, que son una fuente importante de empleo en el país.

    Desarrollo de nuevas industrias: China ha identificado varias áreas de crecimiento potencial, como la economía verde y la economía circular, y ha lanzado políticas para apoyar el desarrollo de estas industrias.

En resumen, China está tomando medidas para abordar los desafíos que presenta la automatización y la revolución tecnológica en la fuerza laboral y la desocupación, incluyendo la promoción de la creación de empleo en sectores de alta tecnología, la capacitación de los trabajadores y el apoyo a las PYMES y las nuevas empresas.

 El futuro del trabajo: una mirada desde América Latina

La Diaria 25 de julio de 2022
Escribe Gonzalo Zunino 

 La discusión sobre el impacto del cambio tecnológico en el empleo y las relaciones laborales es un tema de creciente interés a nivel académico, político y de los actores sociales. A modo de ejemplo, en Uruguay, este año, la Comisión Especial de Futuros del Parlamento, apoyada por un grupo de técnicos especializados, se encuentra discutiendo sobre la temática identificada como “el Futuro del Trabajo y el Trabajo del Futuro”.
En este tema es particularmente relevante profundizar el análisis con una perspectiva regional, que identifique cuáles son los principales desafíos para nuestras economías. Esto se debe a que, si bien lo que está ocurriendo en el mercado de trabajo en la región, y en particular en Uruguay, tiene puntos importantes de conexión con los principales hallazgos de la literatura para el caso de los países de mayor desarrollo, también tiene matices relevantes. Estos matices hacen que el diagnóstico y las líneas de política a tener en cuenta no necesariamente sean las mismas en las diferentes realidades.
En particular, esta columna discute un diferencial inicial que es de suma relevancia para analizar el tema, que consiste en la velocidad a la cual el cambio tecnológico es incorporado en los países de la región en comparación con los países de mayor crecimiento. En una próxima columna, dedicada también al tema, discutiremos otros matices relevantes vinculados a las tendencias recientes de los mercados laborales regionales en comparación con países desarrollados.
La cuarta revolución industrial no será igual para todos
Cuando se piensa en temas vinculados al futuro del trabajo, es fundamental tener presente que el proceso de aceleración tecnológica vinculada a la automatización, digitalización y penetración de inteligencia artificial probablemente no impacte en los países de América Latina con la misma intensidad o velocidad que en los países desarrollados o emergentes asiáticos.

La literatura disponible sugiere la existencia de una brecha promedio importante entre la región y las economías más avanzadas en lo que se refiere a la incorporación de tecnologías del siglo XXI. La brecha, no obstante, es heterogénea. Hay focos de alta incorporación de tecnología, pero suelen ser núcleos específicos en áreas urbanas y en determinadas industrias. En un seminario sobre el tema desarrollado el año pasado,1 el investigador brasileño João Carlos Ferraz planteaba que se estima que, en la región, 75% de las empresas utiliza tecnologías con rezagos significativos, un 20% tecnologías de generación mediana y solo un 5% (los denominados cóndores) utilizan tecnologías de punta.
Este rezago y heterogeneidad en la penetración de tecnología tiene su contraparte en menores impactos sobre el mercado laboral. El trabajo de Lewandowski et al. (2020)2 aporta evidencia que indica que el quiebre desde trabajos rutinarios a no rutinarios (típico efecto de la adopción de tecnologías en el mercado laboral) en países de ingresos bajos y medios entre 2000 y 2017 habría sido significativamente más modesto que el observado en países desarrollados.
¿Qué ocurrió en revoluciones tecnológicas previas?
La menor velocidad de incorporación tecnológica no representaría una novedad para la región ya que, en ocasiones anteriores de aceleración tecnológica a nivel global, América Latina mostró mucho menor dinamismo que las regiones que lideraron los procesos, presentando incrementos del producto por habitante significativamente más modestos.
A modo de ejemplo, en la segunda mitad del siglo XX, Estados Unidos y las economías de Europa Occidental presentaron una importante aceleración en el crecimiento del producto por habitante, generando una divergencia significativa respecto a la dinámica latinoamericana, donde no se registró una aceleración relevante (gráfico 1).

Más recientemente, focalizándonos en los últimos cuarenta años, se observa una fuerte aceleración de las economías del sudeste asiático, lideradas por China, mientras que las economías de mayor desarrollo muestran una moderada desaceleración. América Latina, por su parte, continuó sin exhibir un quiebre significativo en su dinámica de crecimiento. El gráfico 2 nos permite observar, más allá de la importante brecha que aún existe, que en los últimos 40 años las economías emergentes de Asia lograron consolidar una senda de convergencia hacia las economías desarrolladas, en tanto que América Latina muestra una trayectoria divergente con algunas oscilaciones.
En este sentido, si, como probablemente ocurra, el proceso de cambio tecnológico llega a la región con mucha menor intensidad, los desafíos asociados al desempleo tecnológico y/o polarización laboral mencionados en la literatura vinculada al futuro del trabajo serán menos relevantes que en los países desarrollados. Sin embargo, este escenario representaría un nuevo episodio de aceleración tecnológica que la región no lograría capitalizar a los efectos de potenciar su crecimiento y reducir las importantes brechas de productividad que la separan de las economías de mayor desarrollo.
¿Qué ocurre con las preocupaciones de política económica?
De esta forma, una preocupación inicial para los hacedores de política a nivel regional debería estar relacionada con evitar el fracaso en términos de productividad registrado en las revoluciones tecnológicas previas.
La incorporación masiva y oportuna de nuevas tecnologías que permitan evitar la ampliación de la brecha de productividad e ingresos con los países de mayor desarrollo no se dará naturalmente. Para que esto ocurra, deben existir las condiciones para su incorporación y estar presentes los incentivos económicos adecuados.
En materia de condiciones para la incorporación de nuevas tecnologías, claramente la región parte en desventaja en términos de infraestructura, capital humano e inversión en investigación y desarrollo. La automatización de procesos y digitalización requiere de infraestructura digital, pero también de capital humano adecuado para poder operar y trabajar con las nuevas tecnologías. Los problemas de cobertura y calidad educativa pueden representar una limitante significativa para capitalizar la cuarta revolución industrial. Finalmente, los magros niveles de inversión en ciencia y tecnología también atentan claramente contra el progreso tecnológico adaptado a la realidad local.
El menor grado de investigación local determina que la mayor parte de las veces la región procure adaptar innovaciones tecnológicas desarrolladas en base a motivaciones o un contexto diferente al existente en la región. Por ejemplo, todos los desarrollos tecnológicos ahorradores de mano de obra son claramente consistentes con el desafío de economías que están en procesos avanzados de transición demográfica y proyectan hacia las próximas décadas reducciones de la cantidad de población activa. Sin embargo, el objetivo de ahorrar mano de obra se adapta en menor medida a América Latina, donde se proyecta a nivel global un crecimiento significativo de la población en edad de trabajar, al menos hasta mediados de siglo. Sin embargo, en este aspecto en particular, Uruguay muestra, con su avanzado proceso de transición demográfica, un escenario que tiene más similitudes con los países desarrollados que con el promedio de la región latinoamericana.
El desajuste entre los principales objetivos de las innovaciones y el contexto regional se traduce en condiciones menos alineadas a la incorporación tecnológica. En primer lugar, las decisiones de reemplazar trabajo humano por capital están estrictamente relacionadas con el precio relativo de ambos factores. Mientras que los precios de los bienes de capital “sustituidores de mano de obra” están razonablemente arbitrados entre países, los salarios en las economías de la región son inferiores a las economías de mayor desarrollo, lo que podría estar retrasando las decisiones de sustitución. Estos precios se ven afectados, a su vez, por aspectos estructurales, como las diferencias relativas en las dotaciones de factores productivos. Como se mencionó anteriormente, a diferencia de los países de mayor desarrollo, en los países latinoamericanos se espera un incremento relevante de la fuerza laboral en las próximas décadas, lo que posiblemente limitará el encarecimiento relativo de este factor.
En este sentido, los principales desafíos en materia de políticas públicas en la región deben centrarse en reducir las brechas de infraestructura, continuar incrementando la cobertura y calidad educativa y apuntar a una mayor inversión en innovación y desarrollo. En materia de políticas laborales, es importante evitar una narrativa de ansiedad tecnológica que derive en una agenda pro-desregulación.
El objetivo de evitar la automatización de ciertos puestos de trabajo para preservar el empleo puede derivar en propuestas de desregulación y depresión de salarios o beneficios laborales, lo que a su vez puede efectivamente reducir los incentivos para automatizar. Es importante evitar costos elevados en una transición que implique cambios significativos en el perfil de tareas de los trabajadores, pero la respuesta ante este nuevo impulso tecnológico de ninguna manera puede procurar reducir los incentivos para la adopción de nuevas tecnologías.
La tendencia a la baja en el precio de las diferentes opciones tecnológicas determinará que en algún momento las actuales nuevas tecnologías terminarán por incorporarse a la producción. El problema es que esto podría ocurrir cuando estas dejen de ser de punta y el mundo desarrollado ya se encuentre transitando una nueva revolución tecnológica. En ese caso, los desafíos habitualmente mencionados en la literatura asociada al futuro del trabajo serán manejables, pero gran parte de los trabajadores de la región continuarán inmersos en empleos precarios de baja productividad, reducidos ingresos y escasa protección social.
Aunque no suela incluirse en las discusiones sobre el futuro del trabajo, un riesgo importante para Uruguay y la región es que la cuarta revolución tecnológica a nivel global pase relativamente desapercibida en nuestros mercados laborales y, por lo tanto, no tenga impactos positivos en materia de productividad.
 Gonzalo Zunino, investigador de Cinve. Doctor en Economía por la Universidad Autónoma de Madrid. Blog SUMA.
 Latin America I Technology panel - Dialogues on the Future of Work in the Global South. https://www.youtube.com/watch?v=3Zldqp1oKUA ↩
 Lewandowski P, A Park y S Schotte. (2020). The Global Distribution of Routine and Non-Routine work. Discussion papers series. IZA DP No 13384. ↩






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