sábado, 22 de noviembre de 2008

El "Malevo" Ferreyra se suicidó delante de las cámaras



Símbolo de la represión en Tucumán


El ex comisario Mario "Malevo" Ferreyra se suicidió esta tarde delante de las cámaras de televisión y luego de haber dado una entrevista.

Dijo que no iba a aceptar que lo arrestaran, tras lo cual sacó un arma y se disparó en la sien.


Lanacion.com: "Era buscado desde hace días, después de que el juez federal Daniel Bejas ordenara su detención por presuntos delitos cometidos durante la última dictadura".

Criticadigital.com: "Perseguido por la Policía, se suicidó el Malevo Ferreyra ante la televisión. Era buscado por su actuación en un centro clandestino de detención. Fue socio de Bussi".

Clarin.com: "Ferreyra había insinuado que ese sería su final al ser entrevistado telefónicamente el jueves por la mañana. Dejó entrever que no se entregaría y habló de tomar una decisión drástica".



Video del momento del suicidio de Ferreyra frente a las cámaras:

Video baneado de Youtube (ya me tienen podrido con las censuras)

El video baneado por Youtube se puede ver aqui :




Video de la crónica del suicidio del "Malevo" Ferreyra:













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Querido Finado
te mando mi aporte a un foro - utopoesia - donde se festejaba la muerte de este tipo y le pedian "otra, otra" y cosas por el estilo, bien muertos estas, hijo de puta etc. Este es mi modo de ver estos asuntos
Aprovecho para mandarte un abrazo cariñoso
Senén


Queridos amigos:

yo veo estas cosas con menos pasión. He escrito una versión satirica sobre este tema - cuento casi breve - que se puede leer en

http://cuevagris. blogspot. com/2006/ 11/escape- final.html

estos dos personajes de mi cuentito no tuvieron el valor, la decisión, el miedo o lo que sea para terminar sus vidas suicidándose, festejaban la finalización de sus tiempos por causas naturales y por los motivos que se explicitan.

No escribo esto para condicionarlos a leer ese relatito pero alli queda constancia que hace muchos años insisto en que estas muertes son "victorias pírricas" para ellos.

Esas porquerias humanas al morir se llevan muchísima información que nos es imprescindible para encontrar a los desaparecidos, para saber que pasó dentro de los centros de dentencion, para poder señalar con propiedad a los que participaron en esas "tareas" por placer y con gozo y los que cumplieron órdenes a pesar suyo y en ocasiones intentaron "dar una mano" a los torturados. (Que hay historias miles dichas por los propios ex detenidos)

Y se van de esta vida - como todos nos vamos a ir antes o después - sin ser juzgados, sin tener ese Nhuremberg que siempre insisto que deberíamos tener aqui en territorio iberoamericano, esclarecedor e históricamente referente.

Por eso, lamento la desaparición de ese integrante de los cuerpos represivos. Nos son mucho mas importantes vivos que muertos. Eso, como decía Lenin, intentando tener siempre la cabeza fria y el corazón caliente, pues si permitimos que la cabeza se caliente también, terminaremos fusilandolos alli donde se encuentren. Y ellos no valen tanto como para que nos comencemos a convertir en lo que odiamos.

Opino yo.

Saludos amigos
Senén


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Putos y Malevos






El Malevo Ferreyra terminó siendo un pobre infeliz sobreadaptado. Un falso titán que jugó sucio porque sus superiores se lo mandaban. Un esforzado cadete que hizo los trámites que le pedían. Matar a éste, matar a aquél. “La policía tiene que adaptarse a cualquier tipo de gobierno y somos nosotros los que tenemos que pagar las consecuencias”, dijo mientras su sobreadaptación se dirigía a Crónica TV, y estaba a punto de ofrecerse en un sacrificio sádico de dimensiones notables, toda vez que ahora hay que cuidarse de la espantosa visión del “documento histórico”, esto es: su éxtasis, agonía y muerte.

Tienen eso los malevos, y no lo tienen los putos, que son los antagonistas que les tocan. Tan infeliz fue Ferreyra, que no murió como un valiente, sino como un cholulo. La lectura de la realidad que hacía el ex policía quedó marcada por las palabras ya transcriptas. El se adaptó a lo que había que adaptarse, en la provincia que gobernaba Bussi. Y se adaptó mejor que nadie. Su fama de malevo llegó acompañada de sus primeros crímenes flagrantes. No hacía lo que había que hacer. Era un malevo. Iba más allá. No buscaba detener. Buscaba exterminar. Y a su alrededor, en esa provincia que después lo votó a Bussi, la gente hablaba del Malevo Ferreyra con admiración, como si ir más allá de un límite cualquiera fuera una virtud muy masculina. Lo estoy viendo en una foto: mira a cámara recio, como un galán de Pasión de Gavilanes. Cruza los brazos con la camisa negra arremangada en los codos. Un solo botón desabrochado. Las patillas canosas le envuelven la cara como un collar surrealista, los bigotes tupidos sugieren testosterona, las bolsas en los ojos le dan experiencia, y el sombrero Panamá lo caracteriza. Es un disfraz del malevo rural que acecha en un Lejano Oeste autóctono, en un más allá o un antes de la ley, salpicado con una pizca de falangista.

Tienen eso los malevos y no lo tienen los putos, decía al comienzo del párrafo anterior, porque los putos, en ese imaginario tosco del que nacen nuestros estereotipos, son gallinas. Mariquitas. Me acuerdo del estereotipo de puto que hacía Fabián Gianola: “Ay, salí”, podría haber sido su frase de cabecera, espantado por una avispa, una cucaracha o una mujer. Un puto es un hombre al que le falta algo. Lo que al malevo le sobra: falo. Estas interpretaciones ridículas a todas luces y evidentemente caprichosas son las que laten y concretamente latieron en las últimas décadas bajo infinidad de crímenes aberrantes. Quiero decir: una noción de hombría.

Me acuerdo de Billy Elliot, la película británica basada en la novela de J. A. Cronin, en la que en una familia de mineros en huelga en la que acaba de morir la madre, un chico de diez años debe cultivar en secreto su pasión por la danza, porque su padre y sus hermanos querían que fuera boxeador. Otro caso de putos y malevos. Malevos eran los boxeadores que además soportaban la mina y que iban a la huelga, mientras un bailarín no podía ser otra cosa que un puto. Ni boxeador ni minero ni huelguista. Nada honorable, nada de hombre. Hay una larga tradición de atributos masculinos repartidos así, con una cáscara de hipocresía naturalizada, según la cual un hombre debe sobrellevar cierta cuota de violencia para autoafirmarse. De esta fuente de agua podrida salen matones a sueldo, maridos golpeadores, patovicas, sádicos, explotadores, violadores, en fin, toda la gama de hombres violentos ha saltado la cerca, ¿pero qué cerca? ¿Quién pone límite a aquél cuya fascinación proviene de traspasar los límites?

Estas reflexiones vienen a cuento de las palabras de Ferreyra antes de matarse ante Crónica TV. En esa adaptación denunciada sin conciencia. Precisamente, la denuncia consistió en sacarse el disfraz de esa manera: Ferreyra fue un hombre sin conciencia, un cuerpo y una mente tomados por un rol. Pero no fueron sólo “los gobiernos” a los que se adaptó el ex comisario, sino también a ese borde en el que la palabra “malevo” resuena con eco de macho en los confines del pensamiento colectivo. A esa mirada social aprobatoria de la mano dura, del disparo a quemarropa, de la emboscada fuera de la ley. Lo mismo encarnaron Patti, Rico, Seineldín. Malevos que una parte de esta sociedad admira, reclama, libidiniza. Fue tan sobreadaptado el hombre, que hasta se privó de ser dueño de su muerte. La entregó, como entregó su honor, al representante de algún poder, de un superior. Quizá porque era tucumano, y en Tucumán esa dosis de mirada aprobatoria sobre la ilegalidad parece resistirse más a cambiar de eje. Lo vimos en el juicio contra Bussi, quizás el malevo más arrobador que tuvo esa sociedad.

“‘El fin justifica los medios’ es una frase que representa al maquiavelismo y quiere significar que gobernantes y otros poderes han de estar por encima de la Etica y la Moral dominantes para conseguir sus objetivos o lograr llevar a cabo sus planes.” Textual de Wikipedia. Y bastante sencillo de enlazar con el pobre Malevo Ferreyra, y que por nuestra historia estamos obligados a rechazar siempre, en cualquier circunstancia, ante cualquier dilema. Sin ir más lejos, el de la seguridad.


Fuente





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