jueves, 10 de octubre de 2019

La identificación de los restos de Bleier

Eduardo Bleier (centro) junto al escultor Armando González y una amiga


cierra un capítulo para una familia y vuelve a exponer las mentiras de los militares

16 de Octubre de 2019
Sergio Israel


Un día nos formaron a todos y llamaron a Eduardo Bleier. Dio un paso adelante y lo empujaron a una fosa y obligaron a que otros lo taparan con tierra y lo apisonaran. Se negaban; hubo ataques de locura, nos pegaron salvajemente. A Eduardo Bleier lo sacaron moribundo y lo llevaron al hospital. No supimos nada más‖.

Este relato es uno de los que registran el pasaje del exdirigente comunista desaparecido desde la noche del 29 de octubre de 1975 por el Ejército y a cuyos restos recién pudo acceder la familia el martes 7, casi 44 años después. Mientras el Ruso Bleier era arrastrado a la casa del barrio Punta Gorda, al lado del Hotel Oceanía, donde funcionaba una base del Servicio de Información de Defensa (SID) que los presos apodaron El Infierno Chico, en Tel Aviv, su hija mayor Irene y su esposo tenían cargado un contenedor para regresar a Uruguay.

El que fue muchos años secretario nacional de finanzas del Partido Comunista y acuñó la frase ―Que ninguna tarea del Partido se deje de hacer por falta de recursos‖, en la clandestinidad se encargó de la propaganda y editaba el boletín Carta Semanal.

Años antes se había divorciado de su primera esposa, Kelly Novogrebelsky, apenas tres meses después del nacimiento de Irene, y se había vuelto a casar con Rosa Valiño, una militante de izquierda no judía con la que tuvo tres hijos: Carlos, Gerardo y Rosana.

Irene se había ido a Israel a los 17 años en contra de la opinión de su padre antisionista, pero el deseo de Bleier de reencontrarse con su hija y sus nietos en Uruguay no impidieron que contase las cosas con realismo.

―Desde el golpe, vivo fuera de casa. Al principio era duro pero uno se va acostumbrando.(...) Hasta ahora la dictadura no ha logrado alinear a todo el aparato represivo. Por ahora no nos buscan. Pero esto se está pudriendo aceleradamente‖, escribió a su hija el 18 de noviembre de 1974.

En octubre del año siguiente, apenas unos días antes de caer, consideró su ―obligación como ‗Eduardo‘‖ presentar con sinceridad cómo veía las cosas. ―Acá la batalla para derrotar a la dictadura va a ser larga, dura y difícil‖, relató en una carta a su hija mayor, que consta en el libro Vida, obra y desaparición de Eduardo Bleier. También opinó que cuando se instalaran en Uruguay, a los recién llegados les ―llevaría un plazo no breve resolver los problemas materiales de subsistencia, casa, atención de los niños, trabajo y otras cosas‖. Eduardo advirtió: ―Estamos en una guerra cada vez más despiadada‖. Además, opinó que ―la actitud de la familia va a estar determinada por consideraciones ideológicas después que finalice la novedad. Debes saberlo. No idealices: Tú sabes que la sociedad se divide en clases y no en genes‖.

El hijo revolucionario del oficial austrohúngaro.

Las tres hermanas del hijo varón de los Bleier Horovitz nacieron en Hungría y solo el más pequeño, Eduardo, en Montevideo.

El padre —Eugenio, que había sido oficial del imperio austrohúngaro— era un judío muy religioso y quería que su benjamín fuera rabino, pero el muchacho no solo prestó poca atención a la Torá, sino que ni siquiera terminó la carrera de odontología, para dedicarse de lleno a la militancia comunista. Bleier comenzó su militancia en el seccional estudiantil que, según recordó su entonces compañero Mauricio Rosencof, otro judío al que también apodaban Ruso, pasaban entre baldes de engrudo y rollos de afiches impresos a planograf, al influjo de la guerra civil española y los tiempos que vinieron después del nazismo, conocidos como Guerra Fría.

Antes de meterse de lleno en la vida política del Uruguay, hacer crecer a su partido y apuntalar el nacimiento del Frente Amplio, Eduardo fue un culto hincha de Nacional que tocaba el violín y pasaba muchas horas con libros y en compañía de su familia en casa y en el campo de Reboledo, en Florida.

Fue a la escuela Chile, muy cerca de la amplia casa donde vivía la familia, en Río Negro y Canelones, en pleno barrio Sur. Hasta los 17 años mantuvo vivo el deseo de su padre, que ganaba el sustento de toda la familia trabajando en una empresa de lustrado de pisos, de que estudiaría para ser rabino.

―Él fue un revolucionario profesional. Para mí, uno de los revolucionarios profesionales más claros que he conocido. Un hombre entregado totalmente a la causa de la revolución‖, recordó quien fue también militante y preso político, Edgar Lanza.

Esa dedicación a tiempo completo y el carácter temperamental lo enfrentó a menudo al conflicto de no atender a su familia como hubiese querido, pero al menos tres de sus hijos siguieron el camino de la militancia política.

Entre Auschwitz y el 300 Carlos.

El caso de Irene, que desistió de regresar al país luego de la desaparición de su padre, es el más peculiar, porque ya antes se había adherido al Partido Comunista de Israel, legal pero muy a contrapelo del Estado sionista. En enero de 1973, al regresar a Uruguay después de un viaje a la Unión Soviética, Bleier se encontró con su hija mayor en Roma y luego pasaron una semana en París.

Esa fue la última vez que se vieron y él la despidió en Orly con un mordisco en la mejilla y la promesa de comer un lechón en el campo de un amigo en Uruguay.

Al arribar a Tel Aviv, Irene fue sacada de la zona de control de pasaportes e interrogada durante un largo rato. Los agentes locales estaban al tanto de todos sus inocentes movimientos en Europa y así se lo hicieron saber para provocarla. También le retiraron los papeles que llevaba, aunque al tiempo se los devolvieron, pero ella quedó convencida de que ya entonces había una estrecha colaboración entre los servicios israelíes y uruguayos, que se profundizó durante la dictadura.

La nueva familia formada en Israel, sin embargo, no era gente que se amedrentara fácil. El primer nieto de Eduardo, al que llamaron Amit, nació en noviembre de 1969 en Metzer, Israel, y cuando le llegó la hora del servicio militar obligatorio aceptó enrolarse, pero se negó a actuar en territorios ocupados.

Esta postura poco común al principio fue aceptada, pero un año después recibió la orden de desplegarse en Belén y como se negó quedó tres meses preso.

Algo parecido le pasó al padre como integrante de las fuerzas de reserva. El joven Amit, según contó Irene Bleier a Búsqueda, cuando lo quisieron amedrentar con las consecuencias de la negativa, les respondió con firmeza: ―Mis abuelos paternos fueron unos de los apenas ocho sobrevivientes de los 8.000 holandeses que fueron enviados al campo de concentración de

Auschwitz y mi otro abuelo es el desaparecido uruguayo Eduardo Bleier‖.

Las mentiras oficiales.

En agosto de 1976, cuando Bleier ya había muerto en la tortura, el comunicado Nº 1.334 de las Fuerzas Conjuntas solicitó la colaboración de la población para su captura. Algunos de los alrededor de 600 detenidos que habían estado en el galpón número 4 del Servicio de Material y Armamento con él, habían salvado la vida y estaban presos en el penal de Libertad, como León Stolovicz, llegaron a la conclusión de que al Ruso lo habían matado y ocultado el cuerpo.

José Wolman, Alcides Lanza, Rita Ibarburu, Sara Youtchak y Vilman Antúnez, entre otros, dieron luego testimonio de haber estado con Bleier en El Infierno montado por el Organismo Coordinador de Actividades Antisubersivas.

Sin embargo, sus voces entonces no podían oírse y en cambio sí las de quienes lo habían asesinado y hecho desaparecer.

El 14 de agosto de 1981, el Ministerio de Relaciones Exteriores de la dictadura respondió al Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas que ese organismo ―denota no solo el desconocimiento de normas jurídicas en cuanto a la presunción de culpabilidad, sino una falta de ética en la conducción de sus tareas, ya que con inaudita ligereza llega a conclusiones tan graves como acusar a las autoridades uruguayas de haber dado muerte a Eduardo Bleier‖.

En diciembre de ese mismo año, sin embargo, un diplomático uruguayo admitió el caso, aunque intentó hacerlo pasar como una excepción en medio de la lucha antiterrorista. El embajador Carlos Giambruno, representante ante el Grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias de Naciones Unidas, reconoció la desaparición de Bleier y de otras personas ocurridas en esos años. ―Son casos que se remontan a los años 73, 74 y 75, en los cuales nosotros tuvimos un gran caos en los propios organismos de seguridad (...); en ese momento de caos, tres o cuatro personas que desaparecen. Nos interesa mucho, pero no son más que eso‖.

El expresidente Julio Sanguinetti, que aceptó recibir a Irene Bleier durante una visita a Israel en 1998, prometió investigar, pero no avanzó.

El gobierno de Jorge Batlle, con la Comisión para la Paz, reconoció oficialmente la detención y muerte, pero el informe final, de abril de 2003, recogió una parte de la versión militar: ―Sus restos —según la información recibida— habrían sido primero enterrados en el Batallón 14 de Toledo y después exhumados, incinerados y tirados al Río de la Plata‖.

―Estuvimos por no poner nada y al final, luego de consultar con Familiares, decidimos ponerlo en condicional‖, dijo a Búsqueda el exrepresentante del presidente Jorge Batlle en la Comisión para la Paz, Daniel Ramella, acerca del destino de los restos de los desaparecidos.

En efecto, el informe de abril de 2003 elaborado por la Comisión para la Paz, aporta en condicional la versión que dieron los informantes militares anónimos acerca de la llamada Operación Zanahoria, mediante la cual los restos habrían sido desenterrados, incinerados y tirados al mar poco antes de que terminara la dictadura.

Sin embargo, integrantes de Familiares indicaron que la organización no tomó parte de la redacción de ese informe.

―Personalmente, me parece que algo hubo (respecto a la Operación Zanahoria) pero es harto improbable que se halla removido todo‖, opinó Ramella. Un informe oficial del Ejército en 2005 entregado al presidente Tabaré Vázquez tampoco se acercó demasiado a la verdad en cuanto al destino de los huesos: ―A diferencia de lo establecido en el informe de la Comisión para la Paz, sus restos fueron enterrados en el predio del Batallón de Infantería Mecanizada Nº 13 y no en el Batallón de Infantería Paracaidista Nº 14 (...) (y) posteriormente fueron exhumados‖ y esparcidos.

El caso de Bleier no es el único que deja en evidencia que la versión aportada por militares sobre el destino de los desaparecidos al gobierno colorado y, después, al del Frente Amplio, no decía la verdad. Un ejemplo paradigmático fue el del maestro Julio Castro, cuyos restos fueron encontrados en 2011. La Comisión para la Paz había concluido que los restos habían sido exhumados, incinerados y arrojados al Río de la Plata. El informe entregado a Vázquez en 2005 incluyó información similar. La aparición de Castro dejó en evidencia además que el maestro no murió durante la tortura, como informaron los militares, sino que fue ejecutado de un tiro en la cabeza.

El fiscal penal especializado en Crímenes de Lesa Humanidad, Ricardo Perciballe, solicitó ayer miércoles a la jueza Isaura Tórtora que se intente ubicar la causa penal de Bleier, radicada en el juzgado Penal Nº 27 desde 1985, y eventualmente solicitará el cambio de carátula para comenzar la investigación.

El lunes 6, cuando el presidente Tabaré Vázquez se comunicó de forma oficial con la familia, los Bleier se dispusieron a cerrar este capítulo en el cual han recibido ―cantidad impresionante de amor‖.

Un paso “hacia la verdad”

La identificación de que los restos que aparecieron al lado del ex batallón de Infantería Nº 13 y pertenecen al exdirigente comunista Eduardo Bleier, desaparecido hace casi 44 años, provocó reacciones políticas casi unánimes a semanas de las elecciones.

El candidato del Frente Amplio, Daniel Martínez, se reunió con la organización Familiares, un encuentro previsto con anterioridad. Su campaña reiteró además que, si ganan las elecciones, su gobierno aportará el dinero necesario para continuar con la búsqueda de los desaparecidos.

―La aparición de los restos de Eduardo Bleier, víctima del terrorismo de Estado, es un paso más hacia la verdad, que es posible‖, escribió en Twitter la candidata a vicepresidenta por el Partido Nacional, Beatriz Argimón. Su compañero de fórmula Luis Lacalle Pou le envió un mensaje de audio a Gerardo Bleier.

El colorado Ernesto Talvi y Pablo Mieres (Partido Independiente) también optaron por Twitter para expresar su respaldo a la familia Bleier y a la búsqueda de desaparecidos.

Guido Manini Ríos, candidato de Cabildo Abierto, fue consultado por los periodistas al finalizar un acto en San José y reaccionó irritado, aunque dijo que en un eventual gobierno de su partido continuará la búsqueda de los desaparecidos. ―¿Cuantas veces tengo que repetirlo?‖, preguntó con gesto adusto.






Guido Manini Ríos: la confirmación de que Eduardo Bleier murió por torturas es “una comprobación de algo que ya sabíamos”

10 de octubre de 2019 | Escribe: Ignacio Martínez

“Volver al tema no es necesario cuando ya ha sido reconocido una y mil veces”, dijo el candidato de Cabildo Abierto.

El tema rompía los ojos, por lo menos arriba de la mesa de prensa en el Club de Golf, donde este miércoles al mediodía, en el ciclo de almuerzos de la Asociación de Dirigentes de Marketing (ADM), el ex comandante en jefe de Ejército y actual candidato a la presidencia por Cabildo Abierto (CA), Guido Manini Ríos, se disponía a hablar de sus propuestas. El tema era –qué duda cabe– la confirmación de que los restos encontrados en el ex Batallón 13 son del militante comunista Eduardo Bleier. El martes, en un acto en San José, Manini se había negado a hablar del asunto. Por eso, el tema merodeaba el gran salón, como afuera una solitaria pelotita blanca deambulaba en busca del hoyo. Luego de una hora de charla, la penúltima pregunta de una de las periodistas del panel que organizó ADM apuntaba a la política de CA en torno a la búsqueda de los restos de desaparecidos.

“Ayer [por el martes] estábamos en una fiesta en San José, con toda la gente, y no era el tema para hablar en ese momento. En el tema desaparecidos hemos sido muy claros desde el primer día: un gobierno de CA va a continuar con la búsqueda de los desaparecidos. Toda información creíble y realista que haya la vamos a explorar, vamos a tratar de llegar a encontrar restos de más desaparecidos”, respondió el candidato. Agregó que cada hallazgo de restos “significa un achicamiento de esa fractura, de esa brecha”, y “ojalá se pudiera encontrar a todos los desaparecidos”. “Esa es nuestra percepción. Lo hemos dicho muchas veces antes. Ayer no lo hablamos pero lo hemos dicho en otros lugares. En cuanto a la identificación, creo que es un paso positivo. Hay una familia que, por lo menos, tiene la tranquilidad de haber encontrado los restos de su ser querido”, sostuvo.

Luego, en rueda de prensa, a Manini se le preguntó si creía que se le sacaba “rédito político” al tema de los desaparecidos. Contestó que “muchas veces se ponen estos temas en el foco para no hablar de los reales problemas que hoy tiene el país”, como “la inseguridad galopante que se está viviendo en Uruguay”, “para no hablar de la mitad de los niños que nacen en el quintil más pobre de la población” o “para no hablar de la educación pública sin calidad”. “Para no hablar de los temas centrales, muchas veces se utilizan estos temas, algo que pasó hace medio siglo y que realmente no aporta la solución de la gente de hoy; la gente de carne y hueso que quiere, de una vez por todas, tener soluciones a esos problemas y que está viviendo con angustia, desesperación y a veces con indignación la realidad que le toca vivir”, señaló.

A Manini también se le preguntó su opinión acerca de que Bleier murió por las torturas recibidas, según indicaron las pericias técnicas. Dijo que es “una comprobación de algo que ya sabíamos” y que es “lamentable que eso haya ocurrido en el pasado”. “Ojalá que Uruguay nunca tenga que repetir esa historia que vivió en esos años”, agregó. Consultado sobre si ya le constaba que hubo torturas, contestó que lo sabe “desde 1986”, cuando el comandante en jefe del Ejército de la época, Hugo Medina, “lo reconoció públicamente”. “¿Cuántas veces hay que reconocerlo? El teniente general Medina en aquel momento habló de que se perdieron los puntos de referencia y reconoció la ocurrencia de lo que ahora está confirmándose una vez más, pero creo que volver al tema no es necesario cuando ya ha sido reconocido una y mil veces”, sentenció.

La pistola desnuda

En cuanto a las propuestas, Manini se encargó de hacer un compendio de las que figuran en el programa de su partido, que tiene 112 páginas, y que ha repetido acto tras acto. Por ejemplo, que hay que “evitar que el Estado asfixie a la iniciativa privada”, por eso propone “aliviar el peso del Estado” mediante la “no cobertura de vacantes que se generen en determinadas áreas, siempre manteniendo como prioridad la educación, la salud y la seguridad”.

En cuanto a la educación, puso énfasis en “el cambio de currícula” que lleve “a que se enseñe a nuestros niños en valores positivos que los transformen en mejores ciudadanos del futuro”. Agregó que es fundamental que haya políticas educativas “que aparten a nuestros niños y a nuestros jóvenes de las drogas y del alcohol”. Además, propuso la creación de “dos nuevos liceos militares” como “parte de la oferta educativa”, dada “la gran demanda que hay” de ese tipo de institución. “Y estamos dispuestos a erradicar la enseñanza que contenga ideología de género por creerla negativa para la formación de nuestros niños y de nuestros jóvenes”, sostuvo.

Por último, en la ronda de preguntas final, Manini fue consultado respecto de las políticas de desarme civil. Dijo que “mientras la delincuencia esté armada hasta los dientes, desarmar a los ciudadanos honestos es algo que hay que pensar bien”. “Yo creo que hay que ser exigente al decidir a quién se habilita a utilizar armas, en cuanto a la aptitud psíquica y de empleo del arma, pero no se puede limitar el derecho de los ciudadanos a tener un arma. Yo estoy en contra del desarme de la población civil en general”, finalizó.




La felicitación


El general Cristi y Castiglioni felicitaron a los asesinos de Bleier

Documentos oficiales hacen caer el velo de la Operación Morgan y pueden contribuir a encarcelar a responsables.


En 1975, la Dirección Nacional de Información e Inteligencia (DNII) dirigida por el inspector general Víctor Castiglioni lanzó la cacería de integrantes del Partido Comunista, de la UJC y del PVP, mientras que el Organismo Coordinador de Operaciones Antisubversivas (OCOA) liderado por el general Esteban Cristi fue el autor material de los robos, secuestros, asesinatos y torturas.

Esta política de exterminio conocida como Operación Morgan tuvo como resultado 23 desaparecidos, entre ellos Eduardo Bleier, 16 muertos en tortura, un asesinato en Argentina, seis muertes en prisión y tormentosos castigos físicos para miles de personas.

Los militares no se limitaron al territorio uruguayo, sino que con la venia del Plan Cóndor hicieron de las suyas también en Paraguay, Bolivia, Chile, Colombia y sobre todo en Argentina, país en el que desaparecieron más uruguayos que en nuestro propio territorio nacional.

Tampoco se debe olvidar el caso de la maestra Elena Quinteros, quien fue secuestrada en Uruguay mientras intentaba huir de sus captores refugiándose en los jardines de la embajada de Venezuela en Montevideo, territorio del país caribeño.

El desbaratamiento financiero de las organizaciones comunistas en Uruguay fue desde el comienzo unos de los principales objetivos, motivo por el cual se robó dinero, propiedades y bienes pertenecientes a los comunistas.

Así lo relató a LA REPÚBLICA Lewis Rostand, investigador de Crysol. «Ellos tenían las fichas de 40.000 militantes; reprimieron principalmente a los que tenían que ver con la parte financiera; torturar se volvió un negocio muy rentable», agregó. La «Casa de Punta Gorda» (también conocida como «Infierno Chico», ubicada sobre la Rambla República de México) fue el lugar en el que se aplicó la mayoría de las torturas durante los primeros meses del Operativo Morgan hasta que se acondicionó el llamado «300 Carlos» o simplemente «Infierno», montado en el Servicio de Material y Armamento (SMA) ubicado en los fondos del Batallón de Infantería Blindado Nº 13, lugar donde en el año 2005 aparecieron los restos óseos de Fernando Miranda, miembro del PCU, a pocos metros del lugar donde fueron encontrados los restos de Eduardo Bleier.

A principios de 1976, la dictadura emitió dos comunicados con las felicitaciones correspondientes a los funcionarios que como integrantes del OCOA participaron de dicha operación anticomunista. El 26 de enero de 1976 el Comando de la Jefatura de Policía felicita a 8 funcionarios del Departamento Nº 5 de la Dirección Nacional de Información e Inteligencia a cargo del inspector general Víctor Castiglioni y el 12 de febrero del mismo año el Comandante de la División de Ejército I Esteban Cristi felicita a 12 oficiales de las Fuerzas Armadas.

Ambos documentos aparecen en el archivo del Grupo Verdad y Justicia.
«Boletín de Órdenes Diarios (BOD) Nº 24.907. Jefatura de Policía 26 de enero de 1976 10º) Felicitaciones del Comando al Personal del Departamento Nº 5 de la Dirección Nacional de Información e Inteligencia, por las investigaciones de dicho Departamento «y que coronaron con el mayor de los éxitos, obteniéndose resultados altamente positivos, en la permanente lucha contra el enemigo». SubCrio. Miguel Míguez, Of. Pcipal. Boris Torres, Agentes de 1ª Ángel Pantellis Biassotti, Vicente Zapata Rami, Roberto Alfonso Pérez, Mario Silvera Roldán y Agentes de 2da. Ernesto Cativa y Jorge Narancio».

Un mes después, el 12 de febrero, el Comandante de la División de Ejército I, Gral. Esteban Cristi firma la orden Nº 130 de felicitación a los oficiales que participaron en las recientes «operaciones antisubversivas» contra el Partido Comunista («Operación Morgan»)»:

«Orden de D.E. I, Nro. 130 de fecha 12 de febrero de 1976. 18 FELICITACIONES. El Comandante de la División siente la satisfacción de destacar la fecunda y silenciosa labor de los Señores Jefes, Oficiales y Personal Subalterno que en el desarrollo de recientes operaciones antisubversivas, han logrado un éxito tan rotundo con los resultados que ya han pasado a dominio público. La guerra sin tregua que el enemigo nos impone obliga a una dedicación valerosa y sin pausas, que no admite de descansos ni dilaciones. Por ello este Comando hace llegar su reconocimiento y felicitaciones a aquellos que con su ejemplo honroso de integridad, profundo espíritu de sacrificio, amor al servicio y muy alto concepto de la responsabilidad de sus jerarquías, vienen desarrollando dicha labor con tanto éxito, particularmente los Señores Tte. Cnel. Manuel Calvo, Tte. Cnel. (PAM) Henry Saralegui, Mayores Ernesto Ramas, Victorino Vázquez, Juan Lezama; Capitanes Omar Lacasa, Rubely Pereyra, Rudyard Scioscia y Ttes. 1ros. Julio Tabárez y Jorge Silveira, Antranig Ohannessian, José Parisi. lo que se descuenta es seguramente la imagen de espíritu que anima a todos los integrantes de esta División. Comandante de la D.E.I General ESTEBAN CRISTI».







Cal encima

Patrón de enterramiento.



Samuel Blixen 11 octubre 2019


Los asesinos del Sid y el Ocoa –los dos organismos militares que monopolizaron la represión del terrorismo de Estado durante la dictadura– no podían prever que el descubrimiento de la doble hélice a mediados de los cincuenta iba a desarrollar, cuando la seguridad nacional levantó vuelo, la técnica de la huella dactilar del Adn, que permite una identificación inapelable a partir de la información genética heredada, siempre que se disponga de la referencia de la línea directa de parentesco.
El tejido blando de un cadáver puede ofrecer evidencias incómodas (huellas de los dedos, cicatrices, marcas de nacimiento, rasgos y facciones), de modo que, para completar la desaparición, era necesaria una eliminación total. Los asesinos creyeron, equivocadamente, que cubriendo los cuerpos de sus víctimas con cal viva desintegrarían la materia blanda y el esqueleto. Cometieron un error: seguramente la cal quemó el tejido blando, pero impidió que la acción de los microorganismos degradara el Adn de los huesos. Con la cal, los asesinos ayudaron –no premeditadamente– a quienes excavan en busca de la verdad. Abandonados a la acción de los microorganismos, las larvas de insectos y los gusanos, muy probablemente los restos habrían perdido el secreto de su identidad; la cal conservó los huesos y, por tanto, el Adn, como no ocurrió con otros trozos óseos hallados junto con escombros y material de relleno, a los que no se les pudo extraer la huella genética.
Para la búsqueda de la verdad, la cal viva tiene otro significado. Su presencia, invariable en los cinco rescates de restos de militantes políticos desaparecidos, sugiere la existencia de un patrón, y es lícito suponer que todos los enterramientos clandestinos lo siguieron y que fue aplicado en distintas épocas y por diferentes responsables. La misma técnica de enterramiento aparece, entre mediados de 1975 y mediados de 1976, con desaparecidos confinados en el 300 Carlos, en el complejo militar del 13 de Infantería, y también con aquellos que desaparecieron en el correr de 1977, después de ser torturados en otros centros clandestinos (La Tablada, la Casona de Millán) y enterrados en el Batallón 14 de Infantería. Distintas épocas, distintas unidades militares y un mismo patrón.
Si asumimos que fue un método para borrar rastros, su ausencia es tan elocuente como su presencia. Salvo donde se produjeron los hallazgos de cinco cuerpos con las características aludidas, en el resto de la vasta extensión excavada en predios militares no apareció ninguna evidencia de cal en la tierra removida. Se puede inferir (como criterio general aunque no exclusivo) que donde no hay cal no hubo enterramientos. Anteriormente, de acuerdo al criterio utilizado por José López Mazz, se excavaron trincheras y se dejaron espacios intactos entre ellas; por eso ahora el equipo de arqueología forense se propone remover toda la extensión cautelada por la justicia e incluso lugares nuevos señalados por informaciones más recientes, en forma exhaustiva.
Pero la ausencia total de cal desmorona la historieta inventada por algunos oficiales y aceptada alegremente por los mayordomos de los militares (una expresión que extraigo de La leyenda insurgente, aunque Jorge Zabalza la aplica a los traidores de Artigas, los García de Zúñiga, los Rivera, los Ramírez). La ausencia de cal desmonta la versión de una Operación Zanahoria, según la cual los cuerpos enterrados fueron exhumados de sus lugares iniciales e incinerados y las cenizas arrojadas al mar. De ser así, la presencia de cal debería haber aparecido en la tierra removida, pero ello no ocurrió.
La versión de los desenterramientos fue estampada en el informe final de la Comisión para la Paz, algunos de cuyos miembros recién ahora se dan cuenta de que fueron engañados. Los cinco restos recuperados corresponden, todos ellos, a desaparecidos comprendidos en la supuesta Operación Zanahoria. De ello se deriva que quienes dijeron que todos los desaparecidos fueron exhumados mintieron y, por tanto, es muy posible que conozcan los lugares donde se hicieron los enterramientos. Los miembros de la Comisión para la Paz han mantenido el secreto de las identidades de los mentirosos, como lo mantuvo el informe del comando del Ejército sobre desaparecidos entregado al presidente Tabaré Vázquez en 2005.
Ese informe, que repite la versión de la Comisión para la Paz, hace una precisión en cuanto a Eduardo Bleier: rectifica el lugar del enterramiento (“sus restos fueron enterrados en el predio del Batallón 1 mecanizado número 13, y no en el Batallón 1 paracaidistas número 14, como lo establece el antes mencionado informe”), pero confirma la mentira: “… posteriormente fueron exhumados. Trasladados al predio del Batallón 1 de paracaidistas número 14 fueron cremados, siendo sus cenizas y restos esparcidos en la zona”.
El hallazgo de los restos de Bleier revela que se tata de un enterramiento primario y que el prisionero fue enterrado allí donde fue interrogado, torturado y asesinado. Ese detalle, válido también para el caso del primer desaparecido encontrado, Fernando Miranda, acota la lista de victimarios. Y se complementa con otros detalles significativos que se encuentran en el informe de 2005: Bleier fue detenido en la vía pública por el Sid y trasladado a la casa de Punta Gorda, en la rambla República de México, donde funcionó el primer centro clandestino de detención. Ese centro se llamó 300 Carlos R y fue al principio operado por el Sid. Según el informe, Bleier fue “posteriormente entregado al Ocoa y llevado a instalaciones del Servicio de Material y Armamento (Sma)”, es decir, al 300 Carlos.
Bleier fue uno de los primeros militantes comunistas víctimas de la Operación Morgan, que se desplegó a partir de octubre de 1975. Se desprende, entonces, que personal del Sid estuvo desde el comienzo involucrado en la represión del Pcu. Un documento de la inteligencia militar establece que el Departamento III del Sid, dirigido por el mayor José Gavazzo, debió ponerse a las órdenes del Ocoa para la Operación Morgan.
En el 300 Carlos, el galpón del Sma, la batuta estaba a cargo del Ocoa, dependiente de la División del Ejército I. Su jefe era el coronel Julio César González Arrondo, quien, según las declaraciones de Jorge Silveira (en la clave de la radio del Ocoa, Óscar Siete Sierras), asistía diariamente al 300 Carlos y supervisaba directamente los interrogatorios. Pero un personaje clave para determinar el destino final de los desaparecidos interrogados por el Ocoa es el entonces mayor (y hoy general retirado) Juan Alberto Lezama. Encargado de las “actividades de prisioneros de guerra en la División de Ejército I” como jefe de la División Informaciones, Lezama llevaba un registro detallado de los prisioneros y sus testimonios bajo tortura. “… trabaja intensamente en el procesamiento de los informes obtenidos en base a las investigaciones que dirige y efectúa”, consignaba su superior, el coronel González Arrondo. Lezama integraba el equipo de los India, el sector del Ocoa referido a Informaciones, pero también participaba en operativos, de los que habitualmente se encargaba el sector Óscar.

Posibles responsables

La lista de oficiales del Ejército vinculados con las desapariciones y los enterramientos es extensa:
Juan Alberto Lezama, Julio César González Arrondo, Ernesto Ramas, Jorge Silveira, Manuel Cordero, Mario Frachele, Homero González, Manuel Cola, Victorino Vázquez, Manuel Calvo, Henry Saralegui, Gilberto Vázquez, José Nino Gavazzo, Julio Tabárez, Rudyard Scioscia, Jorge Parisi, Omar Lacasa, Julio César Rodríguez Buratti, Ricardo Medina, Pedro Mato, Antranig Ohannessian y Rubely Pereyra.
La lista no es exhaustiva. Algunos están presos, otros fallecidos y algunos prófugos. Los sobrevivientes, tanto los notorios como los de bajo perfil, podrían aportar información vital sobre los desaparecidos. Algunos de ellos serán citados e interrogados por el fiscal que investiga crímenes de lesa humanidad Ricardo Perciballe, según anunció al informar que se reabriría la causa de Bleier, archivada en 2014.












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