sábado, 5 de abril de 2014

El linchamiento de David Moreira




Mucho más pavor me causan las jaurías linchadoras, retrógradas y fascistas, que ser víctima de un delito común 


Homo linchadorum
Gustavo Robles

Sinceramente no tengo un buen concepto de la especie humana. Teniendo en cuenta el rol que ha asumido desde su aparición sobre la Tierra, tengo muy en claro que su influencia en el equilibrio de la naturaleza ha sido y sigue siendo, cada vez más, nefasta. El modo de producción capitalista ha exacerbado la capacidad que siempre tuvo de modificar su entorno, a tal punto de estar en condiciones de llevarla hasta su propia destrucción y la del planeta mismo.
Sin embargo, y aunque parezca contradictorio, creo que se pueden abrigar esperanzas en que eso puede cambiar. El ser humano también es capaz de actos de profundo altruismo, de arrojo, de solidaridad, de amor al prójimo y a la naturaleza.
Somos parte del reino animal, pero nos diferenciamos del resto de las especies porque fuimos los únicos que pudimos desarrollar inteligencia y por lo tanto, cultura. No sólo logramos modificar el medio en el que vivimos para nuestro beneficio, sino que creamos reglas de comportamiento entre nosotros que, aunque no lo parezca, y con las contradicciones que ello conlleva, fueron evolucionando desde nuestra etapa salvaje hasta el presente.
Ninguna sociedad avanzada pensaría en el presente que es algo correcto y civilizado el sacrificio humano. Ninguna aprobaría la tortura, la esclavitud, ni algo parecido al Circo Romano, ni “juegos” que signifiquen perder la vida para aquellos que fuesen derrotados.
Sin embargo, hoy, aquí, en este país llamado Argentina, algo está pasando que contradice lo antedicho y la evolución de la especie. Algo que evidentemente se ha estado incubando por años, y que muestra una involución que jamás esperé presenciar.
Alguna vez Bertolt Bretch acuñó aquella impecable frase “No hay peor fascista que un burgués asustado”. Y cuánta razón tenía el camarada. Pero se quedó corto. Vivimos en el sistema que precisamente han modelado los burgueses. Y sus concepciones, su matriz cultural, están desparramadas como consciencia colectiva en el resto de los seres humanos que nos desenvolvemos en la sociedad por ellos forjada. Por lo tanto, culturalmente, todos, de alguna manera, reproducimos sus ambiciones… y sus temores. La propiedad privada condiciona todas las relaciones humanas, está por encima de todo lo demás. Hoy, en estas tierras, las personas son lobos de personas. Ver hordas de gente “honesta” actuar como jauría enfurecida sobre la humanidad de otro individuo de su misma especie, por considerarlo un delincuente, sin ningún proceso “civilizado” ni derecho a defensa alguna, es el peor retroceso en la consciencia que he visto en mis años de vida. Sujetos que se quejan de la “inseguridad”, pero cometen el acto que más viola la seguridad civilizatoria, que es moler y hasta matar a golpes a un ser humano sólo porque “alguien dijo” que había cometido un delito, porque ese alguien o un conjunto de “alguienes” se toma la atribución de ser la “patota aleccionadora”. Entonces, cuando un grupo le pega a un individuo, cualquiera puede meterse, sin preguntar por qué, a ser parte de la obra de terror del linchamiento. Salvajismo puro, ni siquiera llegan a bárbaros.
¿Con qué autoridad ética pueden esos individuos reclamar y exigir leyes “civilizadas” para aleccionar a la delincuencia, si ellos no son civilizados y están delinquiendo?
Y me pregunto:
-          ¿Cuántos de esos “justicieros” de pacotilla son los que se quejan de los piquetes de los hambreados del sistema, y esgrimen como “excusa” eso de que no se puede coartar el “derecho a transitar”, poniéndolo por encima del de alimentarse… ¡cuando ellos ponen a la propiedad privada por encima de la vida humana!
-          ¿Cuántos de esos linchadores de supuestos o efectivos ladrones, compran bienes robados para satisfacer sus egoístas ambiciones y necesidades?
-          ¿Cuántos se quejan de los violentos barras bravas que asolan el mundo del fútbol?
-          ¿Cuántos de ellos pagan coimas, cobran coimas, manipulan el valor de sus propiedades, falsean lo que ganan, negrean, explotan?
-          ¿Cuántos venden a sus compañeros de trabajo para obtener beneficios?
-          ¿Cuántos simplemente se callan la boca, miran para otro lado o no tienen los cojones o los ovarios suficientes para enfrentar a los ladrones de guante blanco?
-       ¿Dónde están las hordas ajusticiadoras de todos aquellos “señores” que vestidos de traje y corbata, detrás de costosos escritorios ubicados en aún más costosas oficinas, representando los intereses de grandes empresas se han llevado y se llevan todo lo nuestro, robándonos día a día?
La actitud de las hordas linchadoras reproduce y multiplica absolutamente la reacción del burgués asustado… por miles. Es fascismo y barbarie en su más puro estado. Son responsables los que han dirigido esta sociedad durante décadas, aportando a las concepciones individualistas y egoístas que sostienen y fomentan al modo de producción capitalista, en contraposición con la necesaria e imprescindible fraternidad humana. Cabeza de playa fundamental fue la Dictadura Genocida, cuyos efectos sociales aún se hacen sentir, evidentemente. Desde entonces, ha emergido en ocasiones o se ha mantenido latente el gen fascista. Este gobierno no es menos responsable que los anteriores en la creación de esa “consciencia” degradante: ¿qué puede esperarse de una sociedad a la que incitan al consumismo, al mismo tiempo que millones quedan fuera de la posibilidad de consumir? ¿qué, de los que ven desde la miseria cómo se enriquecen aquellos que los condenan a ella? ¿qué, de los que saben de la impunidad de los de “arriba”?
No vi a los linchadores de ladrones de carteras salir en manada a ajusticiar a los que les están pagando a Repsol la monumental cifra de 5000 millones de dólares más intereses por habernos vaciado de petróleo. No los ví tampoco asumir el papel de “héroes” contra los que están pagando una deuda que no debemos al sistema financiero imperialista que nos la provocó. No los veo ir a las oficinas de las 380 empresas extranjeras que más facturan y que más riqueza se llevan de nuestro país. No los veo defendiendo a los pueblos originarios cuando son corridos a tiros de sus tierras ancestrales. No los veo codo a codo con los ambientalistas que tratan de impedir la degradación de nuestro medioambiente por parte de corporaciones multinacionales.
No los veo actuar en jauría contra los ladrones “de arriba”, esos que modelan esta sociedad que genera los marginados de abajo.
Creo que aquellos que delinquen deben pagar sus delitos. Pero quiero que paguen todos los delincuentes, y que su condena tenga que ver con la proporción de sus faltas. No me cabe duda que el ladrón de gallinas paga por lo que no lo hacen empresarios y funcionarios que nos roban todos los días y causan las inequidades que vivimos. Eso hay que cambiarlo. Pero hay que cambiarlo dentro de un marco civilizatorio de respeto al ser humano, a la especie humana, porque eso es en esencia lo que nos diferencia de los animales. Es evidente que el modo de producción capitalista nos lleva en camino contrario. A este nivel de degradación nos ha llevado el “capitalismo serio” también: diez años de kirchnerismo no han cambiado esa nefasta direccionalidad de la consciencia; muy por el contrario, la ha profundizado.
Alguna vez Rosa Luxemburgo acuñó la expresión luego inmortalizada: “Socialismo o Barbarie”. A la vista de los acontecimientos, está más vigente que nunca.

Gustavo Robles



Ante el linchamiento de David Moreyra
No hubo presunción de inocencia. No hubo un juicio previo ni intervino un juez neutral. No fue inocente hasta que se demostrara su culpabilidad mediante una sentencia condenatoria. David Moreyra fue asesinado por decenas de personas (¿cincuenta, cien?), en plena calle del barrio Azcuénaga porque, dijeron, había intentado robarle la cartera a una señora. Lo muelen a golpes, otros son cómplices por arengar, otros por desviar la mirada. Le rompen la cabeza. El pibe muere en un hospital después de agonizar tres días. En internet, decenas, centenas de personas festejan el homicidio del joven, pobre, morocho, o como prefieren escupir, el “negro villero”. En su euforia abundan las amenazas contra “garantistas”, “zurdos” y cualquier desubicado que les discuta su celebración del horror.
“Venimos a repudiar enérgicamente los hechos de violencia que vienen reiterándose en distintos barrios de la ciudad” plantean desde la Asamblea por los Derechos de la Niñez y la Juventud, espacio de coordinación de organizaciones y movimientos sociales conformado a fines del año pasado en Rosario; “y que recientemente tuvieron como resultado la muerte a golpes por parte de un grupo de más de 50 vecinos, de David Moreyra, un pibe de 18 años, laburante, de barrio; que se vió en el momento y lugar menos oportunos, convirtiéndose su cuerpo en el lugar de descarga, de la frustración y la ira de un grupo de autodenominados 'ciudadanos de buena fe', que golpearon a David hasta descerebrarlo”.
“Repudiamos además el apoyo masivo a través de las redes sociales, de muchos otros 'ciudadanos de buena fe' que celebraron el hecho como si fuese una hazaña; hablando de hacer justicia por mano propia. Desde este espacio, sabemos y denunciamos permanentemente que el poder judicial no es una herramienta impartidora de justicia como debiera ser; denunciamos que el poder judicial es una de las tantas herramientas a través de las cuales el estado en sus tres niveles debiera impartir políticas que abonen a la equidad social, a la integración; y muy por el contrario, y como sucede también respecto de otras instituciones públicas como la policía; estas instituciones corruptas, no hacen sino profundizar la desigualdad y la exclusión social”.
“Sin embargo, entendemos que cuando estos sectores de la población hablan de hacer justicia por mano propia, no hacen sino repetir las condiciones de desigualdad; entendiendo que hay vidas que valen más y vidas que valen menos. Con el agravante de generar procesos de enjuiciamiento y condena en un sólo acto; prejuzgando que un pibe por su aspecto es culpable del delito que fuere y condenándolo a morir en el mismo acto; siendo los mismos jueces sus verdugos. Eso no es hacer justicia; eso es retomar prácticas que desde hace casi treinta años se condenan como aberraciones en nuestro país; eso es desconocer el principio de inocencia, es desconocer que la pena de muerte fue abolida hace mucho tiempo en Argentina. Es desconocer que ese pibe al que se está asesinando es una persona con los mismos derechos que esos 'ciudadanos de buena fe'. Eso no es justicia, es barbarie

6 comentarios:

  1. Los que apoyan la legalización del aborto no pueden decir que no hay vidas que valen más que otras.

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    1. Creo que no exista vida con mayor o menor valor. Y hablar de despenalización del aborto en un post sobre justicia por mano propia es desvirtuar el eje del debate. Salvo que sea la intención desinformar y tergiversar un tema, en cuyo caso pido se haga caso omiso de mi respuesta.

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  2. Apoyo la frase de Anónimo sobre la legalización del aborto. Mucho bla bla bla, y están a favor de los asesinatos premeditados y del destruirle el cerebro a la gente promoviendo la drogadiccion.

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    1. Otro caballero que mezcla chica con limonada.
      ¿Y qué le parece si hacemos el planteo a la inversa? Yo podría cuestionarle a usted, viendo que se rasga las vestiduras horrorizado con la despenalización del aborto ¿Cuánto tiempo dedica de su vida a ayudar a personas que están en una situación de desamparo social a encauzar su vida? Y no hablo de de las tareas que ha de realizar como profesional. Hablo de su vida cotidiana. ¿Cuántas veces se detuvo a preguntarle a un niño que revolvía un contenedor, si éste había comido, o dónde estaban sus padres? Pero no se haga mala sangre, caballero. No le voy a pedir que haga pública su respuesta. Medítelo a conciencia, usted y ella solos. Luego, puede continuar rasgándose las vestiduras.

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  3. Seguro estos no roban más !!!
    y la madre del chorro que dice "son verdaderos animales", que se ocupe de educarlo, y ya ven todos , la madre de un arrebatador sigue defendiéndolo y amándolo como la madre de un "chico bueno". Comprendo que para la madre no hay hijo feo, pero que la señora se olvida de mencionar que su hijo estaba DELINQUIENDO !!!, y eso es tan aberrante como la barbarie, y cuando la gente se cansa de la inoperancia de la policía, se generan estos casos, porque la paciencia TIENE UN LIMITE.

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    1. Imagino que Andrés emite su juicio basado en la evidencia y profundo conocimiento del caso.
      Lamentablemente, veo mucho odio mal canalizado.
      No veo a nadie diciendo salgamos a linchar a los caballeros que hacen posible que ingrese el paco a nuestro país. O a los que, por ejemplo, permiten que una red de trata de mujeres de república dominicana opere en Uruguay a la luz del día, con menores, y algunas de ellas infectadas de VIH.
      Podemos analizar también porque el psiquiatra al frente del escándalo de los ñoquis de anep fue restituido a su cargo pese a que se le abriera un sumario y que su negligente accionar dejara varados a más de 1500 niños que necesitaban asistencia pisquiátrica y psicológica.
      O podemos conversar acerca del caballero Enrique Manhard, cuya familia es dueña de los mayores íconos de explotación laboral en nuestro país, pero cuyas investigaciones en el MTSS están "congeladas"
      Podemos hablar de las escasas herramientas que se le proveen a los oficiales de la Policía y los sueldos lamentables que cobran lo cual, muchas veces, los lleva a tener que "transar" con los malandros para poder salvaguardar a su propia familia.
      Mire, Andrés, podemos hablar de tanta cosa, si usted quisiera, claro. El tema es que con hablar detrás de un monitor no solucionamos lo que está pasando. Y con aferrarnos a la apología a la violencia tampoco. Creo que en los tres comentarios que leí no hay responsabilidad. Vomitan odio solo porque se sienten seguros detrás de sus monitores. Lo que se olvidan es que la red es masiva, y lo que hacen lejos está de poner paños fríos a la coyuntura que estamos viviendo. Tal vez a usted no le interese pero sepa que muchos uruguayos queremos una justicia real, sin por eso buscar hacer justicia por mano propia. A veces no solo hay que decirse "civilizado" ¿vió? También hay que parecerlo. Tenga usted muy buena jornada.

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