jueves, 18 de julio de 2019

La asfixia de la revolución Sandinista





A 40 años del triunfo de la Revolución Sandinista, nosotras/os, veteranas/os internacionalistas que compartimos vida, trabajo y luchas en el seno del pueblo de Nicaragua, evocamos la fecha victoriosa del 19 de julio de 1979, reflexionamos sobre la dramática situación actual de la tierra de Sandino y Carlos Fonseca y seguimos siendo solidarios en la causa de la libertad.

Nos sumamos y fuimos parte de aquella Revolución, que fue popular porque fue campesina y obrera, que fue libertaria porque derramó su sangre para derribar la tiranía de casi medio siglo y defenderse de la guerra de agresión imperialista, que fue colectivista porque inició una profunda transformación para cambiar las relaciones de explotación, que fue humanista porque promovió la alfabetización para emancipar al pueblo mantenido en la ignorancia y el oscurantismo, que fue alegre porque fue una revolución de poetas y cantores que sembró cultura en los momentos más difíciles. Esa inmensa obra se forjó bajo la inspiración del legado del Comandante Carlos Fonseca, el tayacán vencedor de la muerte fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional, que proclamó como programa que en la Revolución Popular Sandinista se conjugaban la reivindicación socialista y la emancipación nacional.


Quienes estando en prisión muy lejos en el Sur, supimos de este nuevo amanecer en Nuestra América, sentimos un soplo de esperanza. La Revolución Sandinista fue ahogada en sangre y asfixiada económicamente por la agresión imperialista y cuando su democracia revolucionaria fue derrotada en las urnas, entregó el gobierno. La restauración capitalista destruyó la mayor parte de las conquistas aumentando el sufrimiento del pueblo y el FSLN entró en un proceso de descomposición, reyertas y componendas con fuerzas del viejo régimen que alejaron en una diáspora política a gran parte de su membresía.

El FSLN al tiempo que devoraba a parte de su militancia veterana, estableció pactos impensables en la época revolucionaria.

Ortega se alió con el anticomunista cardenal Miguel Obando

Así pactó con el corrupto presidente liberal Arnoldo Alemán impunidad para la corrupción y repartos de poder, con el cardenal Miguel Obando, cabeza de la Iglesia católica y “jefe espiritual” de la contrarrevolución y llegó a promover la penalización del aborto, condenando a la ilegalidad y la muerte a miles de mujeres. Daniel Ortega fue electo presidente en 2006 acompañado como vice del banquero Jaime Morales, uno de los jefes de la sangrienta contrarrevolución. Y contrariando las normas establecidas en la nueva Constitución pactada se hizo reelegir en dos oportunidades, con apoyo de los “zancudos” (partidos colaboracionistas) instalando un nuevo régimen. Usando la simbología y los emblemas del sandinismo, se convirtió en un régimen despótico, familiar, defensor de la propiedad privada y sus propios negocios, confesional y oscurantista. Invocando a dios y la reconciliación, practica una represión atroz institucional, policial y paramilitar. Hasta el emblemático Ernesto Cardenal fue vilipendiado.

Banca y empresa privada ofrecen respaldo a Ortega

Lo peor ha sido la brutalidad terrorífica de la represión a las protestas sociales, especialmente a partir de abril del 2018, autojustificándose como víctima, acusando de golpistas a la sublevación y resistencia cívica del pueblo nicaragüense, actuando como un régimen terrorista, cometiendo crímenes de lesa humanidad que, para colmo de males, al hacerlo en nombre del sandinismo, contribuyó a manchar su nombre y su legado histórico. Tal vez la más grave consecuencia de las tropelías del orteguismo, reside en el flanco que sus actos abren para la supervivencia de la Revolución.




Ni corto ni perezoso, el enemigo se apresura para aprovechar esta debilidad, profundizando su permanente intervención, ante un gobierno que debido a sus actos deplorables, resulta imposible defender. Repudiamos tanto al régimen familiar confesional como a la ininterrumpida agresión imperialista que intenta sacar partido de esta crisis, con la complicidad de quienes hasta hace poco fueron socios lucrativos del orteguismo.



Como nos enseñó el Che, sentimos el dolor ajeno como propio y no especulamos políticamente. Condenamos al terrorismo estatal del régimen Ortega-Murillo y denunciamos a los regímenes que en sus países violan los derechos humanos – empezando por el gobierno imperialista de EEUU y sus socios el cartel de Lima – y ahora pretenden erigirse en juzgadores.



Nosotros, internacionalistas solidarios, antimperialistas y socialistas, a la vez que rechazamos la injerencia imperial, no admitimos ni justificamos a un régimen que dispara contra el pueblo, secuestra, tortura y mata. Vaya nuestro abrazo fraterno y solidario a la Comandante Guerrillera Mónica Baltodano que con sus Memorias de la Lucha Sandinista y su coherencia mantiene viva la llama de la esperanza y por su intermedio a todo el pueblo sublevado contra la injusticia y la opresión. ¡Por la libertad de Nicaragua, sólo el pueblo salva al pueblo!

Solidarios ayer, solidarios hoy, solidarios siempre



Internacionalistas: Claudia, Mazza, Marta Alaniz, Pedro Cazes Camarero, Carlos Vasco Orzaocoa, Mitaí Penayo, Abel Bohoslavsky (todxs del PRT- ERP Argentina); Eduardo Edmundo López Mercao (MLN-Tupamaros Uruguay); ex presxs políticxs: Jorge Tambero Zabalza (MLN- T), María del C. Claro la Campe, Adriana Chein, Raúl Nudel, Raúl Sassi, Guillermo Temperini…y siguen las firmas

Adhieren Susana Echegoyen, Héctor Löbbe (veteranxs de la Juventud Guevarista del PRT-ERP)
















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