jueves, 12 de noviembre de 2009

Desde la escuela ya nos venden los espejitos de colores


Tenía 7 años, volvía de la escuela en bañadera, me esperaba en la vereda de casa mi hermano mayor, mi madre estaba en el trabajo. Re copada con mis trencitas en el pelo; hoy miro las fotos y me doy cuenta que una es muy finita, y otra es muy gruesa; me las había hecho mi padre antes de llevarme a la escuela, ese día se me había puesto que tenía que llevar trenzas.
Mi padre hizo lo mejor que pudo! Bajo corriendo y me aferro a la mano de mi hermano; que tenía 17 años y es muy alto, y para mí era importante tener un hermano grande!!
Mientras él me ayudaba a sacarme la túnica le dije poniéndome seria:
“El lunes no tengo clases! Se celebra que Colón descubrió América, nos dijo mi maestra”
Mi hermano me dice: “No, nena!! No se festeja nada!! El 12 de octubre el genocida de Colón masacró a los indígenas y se llevó nuestras riquezas”
No entendí que significaba genocida, pero como mi hermano estaba quemado y tal vez no me ayudaba a prepararme la leche con tostadas, me hice la boluda y no dije ni “A”.
Cuando llegó mi madre y mi hermano se fue al liceo, le conté y pregunté que era genocida. Mi madre me lo explicó y me puse re mal…
casi tanto como cuando descubrí que los Reyes Magos no existían!
Me dio mucha bronca, creo allí con 7 años empecé a descubrir a los traidores; y que la historia no era tan verdadera. Pasó el tiempo y nunca más hable del tema, pero me quedó muy guardado en la cabeza; tanto es así que mi madre se cortó el pelo cuadradito y le dije cuando la vi:
“Pareces Colón”, “Te quedó espantoso”; sabía que era una manera de sacar afuera la rabia por Colón ese que no fue lo que me hicieron creer que era en la escuela.
Hoy tengo 15 años, y aunque pasaron 8 años de lo que escribo, lo sigo recordando y me hace ver que a pesar de que pasaron más de 500 años, por el Uruguay no cambiaron mucho las cosas.
Nos siguen vendiendo espejitos de colores, sigue el saqueo de la tierra, el agua y la gente sigue anclada, estancada.
Miro y escucho a los adultos y da la sensación que no tienen ganas de nada ni por nada. La rutina es como una parte más del cuerpo humano de algunos uruguayos tan incorporada como sus piernas y sus brazos.
La otra noche mi mamá me contaba algo y cuando terminó de hablar le dije: “A la gente no le interesa que le cuentes tus problemas; ni le interesa saber el de los demás”
Mi Madre se puso de la cabeza! No voy a escribir el discurso que se mandó; no quiero atomizar.
Sólo rescato algo: ¿En qué momento dejamos de ser solidarios?
¿Cuándo fue que nos ganó la indiferencia? ¿Cómo mierda nos convertimos en lo que somos hoy?

~*CaaMi :D!


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