lunes, 2 de diciembre de 2013

La guerra interminable de Congo

mar nov 26 2013 17:23
Cientos de guerrilleros congoleños se entregaron ante el Ejército uruguayo y anunciaron el fin de las hostilidades.
Entre el viernes 22 y hoy, un total de 369 guerrilleros Mai-Mai y familiares depusieron armas y se entregaron ante los efectivos uruguayos en la República Democrática del Congo (RDC), confirmó a El País el coronel Gustavo Sosa, jefe del Centro Coordinador de Operaciones de Paz del Ejército.
De ese total, 286 son combatientes de dos grupos de la etnia, los Nyatura y los Chekka. Los primeros se entregaron en la base uruguaya de Kitchanga y los otros en la de Pinga, ambas ubicadas en las cercanías de la ciudad de Goma, al este del país, que ha sido asediada durante años por estos insurgentes.
El viernes 22 se entregaron en el campamento uruguayo de Kitchanga 193 integrantes del grupo Nyatura, 131 combatientes, sumados a los cuales había mujeres y niños. Hoy lunes se entregaron 41 personas más, 25 de ellas combatientes Mai-Mai.
En Pinga se entregaron con sus armamentos 135 miembros de los Mai-Mai Chekka. En este caso, el líder del grupo hizo una declaración pública ante las autoridades militares y políticas de su movimiento en la cual afirmó que el grupo estaría desmovilizándose completamente.
Al deponer su actitud belicista, los insurgentes ingresan en un programa de desmovilización que ha venido siendo implementado.
El batallón Uruguay IV de la misión de Naciones Unidas en el Congo está a cargo hoy del coronel Gonzalo Mila, que se traslada permanentemente de una base a otra.
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Rebeldes congoleños del M23 se rinden en rugwero al Ejército ugandés, el viernes. / isaac kasamani (AFP)


Fin del capítulo, no de la historia. El Ejército congoleño —con el apoyo de la brigada de cascos azules de Naciones Unidas— ha barrido esta semana militarmente a los insurgentes del M23. Pero no les ha vencido, sino que les ha expulsado hacia Uganda, país aliado de los rebeldes.
Tras un año y medio ocupando buena parte de la provincia de Kivu Norte, la más castigada por la guerra en Congo, los rebeldes del M23 han tenido que retirarse súbitamente tras una ofensiva por sorpresa del Ejército de la República Democrática de Congo.
La operación para recuperar el territorio se lanzó aunque el Gobierno de Kinshasa y los insurgentes estaban en plenas negociaciones. Pero aunque el M23 aceptó el pasado martes su derrota con un comunicado anunciando “el cese de las hostilidades”, el conflicto no se puede dar por terminado.
Primero, porque los rebeldes no han sido vencidos y han salido por donde habían entrado: Uganda. Y segundo, porque cada nuevo capítulo de esta guerra se parece demasiado al anterior.

La operación para recuperar el territorio se lanzó aunque el Gobierno de Kinshasa y los insurgentes estaban en plenas negociaciones
Recapitulemos. Tras la ofensiva del Ejército, el M23 se repliega primero a su base de Bunagana —en la frontera con Uganda— y acaba cruzando al país vecino. Su líder militar, Sultani Makenga, junto a unos 1.500 hombres, se entregó a las autoridades ugandesas. Mientras el brazo militar escapaba de su feudo, su presidente y líder del ala política de la organización, Bertrand Bisimwa, anuncia desde la capital de Uganda, Kampala, el “fin de la rebelión” y pedía a los comandantes de su milicia que preparara a sus tropas “para el desarme, la desmovilización y la reinserción social”. Está previsto que este lunes se firme en Kampala un acuerdo político entre Kinshasa y el M23.
El paralelismo de la situación actual con episodios anteriores solo genera escepticismo entre la población. “Se acabó el capítulo, ¿quién protagonizará el próximo? Nadie se traga que esto sea el fin”, bromea un joven desde Goma.
El guion cambia poco en cada ocasión: una fuerza militar con apoyo de Uganda y Ruanda irrumpe en Congo, se instala durante un tiempo en el este del país, zona montañosa con volcanes y con minas de estaño, tungsteno y otros minerales —necesarios para la industria de las nuevas tecnologías—, hasta que las divisiones internas y pactos opacos con las autoridades congoleñas conducen a una integración de sus efectivos, incluidos los altos mandos, en el Ejército congoleño. Alguno de sus líderes simula una derrota simbólica, pero en general la cúpula rebelde halla una salida.

En 2009, las tropas ruandesas detuvieron a Nkunda y se lo llevaron a Kigali, donde, hasta el día de hoy, sigue bajo arresto domiciliario
El M23 ha sido solo una reedición de guerrillas anteriores que solo han ido cambiando de nombre. Primero RCD, después CNDP, y ahora M23, siempre han tenido vínculos militares con sus vecinos de Ruanda y Uganda. La trayectoria de Makenga, su líder, escenifica esta evolución. Nacido en Congo, Makenga tomó las armas en Ruanda a principios de los noventa para unirse a las tropas de Paul Kagame —ahora presidente ruandés— y combatir a las fuerzas que protagonizaron el genocidio. Más tarde, Makenga formó parte del Ejército ruandés y llegó a participar en una unidad de élite comandada por el actual ministro de Defensa de Ruanda, James Kabarebe.
En la primera guerra de Congo, Makenga se unió a sus compañeros de armas de Ruanda en la marcha hacia Kinshasa para derrocar al dictador Mobutu y participó en la primera rebelión, la del RCD. Al firmarse el fin oficial de la guerra, en 2003, el RCD se convirtió en partido político y muchos de sus milicianos fueron absorbidos por las fuerzas regulares congoleñas. Pero en realidad no despareció ni la guerra ni la insurrección, que resurgió en 2007 con el nombre de CNDP.
Makenga era ya entonces uno de los fieles y más próximos oficiales del nuevo líder, Laurent Nkunda. La rebelión de Nkunda se propagó cómodamente por Kivu Norte. Plantó sus bases en Kitchanga —donde Nkunda fue profesor— y su avance llegó hasta las puertas de Goma, la capital provincial.
En 2009, las tropas ruandesas detuvieron a Nkunda y se lo llevaron a Kigali, donde, hasta el día de hoy, sigue bajo arresto domiciliario. Mientras, Makenga se integraba en el Ejército congoleño. Una pausa de dos años largos separó la caída del RCD de su resurrección en forma de CNDP. Dos años largos pasaron también desde que el CNDP de desvaneciera en 2009, hasta su renacimiento bajo el nombre de M23.
Cuando esta última guerrilla entró en escena, el coronel Makenga se situó en la primera línea. Aunque enfrentado a Bosco Ntaganda, el otro peso pesado de la rebelión, Makenga se acabó imponiendo como relevo de Nkunda y, como todos los líderes de esta insurrección, también llegó desde Uganda.
Makenga está acusado por el Gobierno congoleño de haber cometido crímenes de guerra y sobre él pesa una acusación de Naciones Unidas. También Nkunda ha sido reclamado por las autoridades congoleñas por los mismos delitos.
Nkunda, Makenga, Ntaganda. Aparte de las acusaciones por crímenes contra la humanidad y abusos, lo que tienen en común todos los protagonistas de esta rebelión es que se mueven con libertad por la región independientemente de las fronteras y que todos han vestido varios uniformes: de las tropas ruandesas, del Ejército congoleño y de la rebelión, siendo para ellos las fronteras —igual que para los minerales que controlan— una raya simbólica que no afecta a sus actividades.

El presidente Joseph Kabila,  durante una visita a Kiwanja en Kivu del Norte


El comandante congoleño Didier Etumba durante una visita a Rushuru una zona que estaba bajo control de los rebeldes del M23 (noviembre 18.2013)
Milicias rebeldes del M23
jue nov 28 2013
El general Shekka o Cheka, uno de los principales jefes del grupo rebelde Mai-Mai que controlan el este del Congo, se retiró a las montañas en la mañana de hoy tras estar muy cerca de entregarse a los efectivos uruguayos localizados en la ciudad de Pinga que integran la Misión de Paz de Naciones Unidas, según confirmaron fuentes del Ejército.
La semana pasada la brigada de intervención de ONU, conformada por los ejércitos de Tanzania, Sudáfrica y Malawi, cercó la zona que controla la guerrilla y funciona la base uruguaya cuyo objetivo es dar seguridad a la población civil de Pinga.
Una vez que el ejército rebelde se vio rodeado por la brigada de intervención el propio general Cheka anunció su decisión de entregarse para ser juzgado por los tribunales internacionales.
Sin embargo, las conversaciones no llegaron a buen puerto y el jefe rebelde se retiró de la mesa de diálogo junto a 150 hombres.
Ahora la brigada de intervención, cuya misión es de carácter ofensivo, otorgó a Cheka un plazo que vence el sábado 30 para entregarse, de lo contrario pasarán a la acción por la vía armada.
Durante el miércoles pasado cientos de guerrilleros bajo su mando se entregaron a los soldados uruguayos y comenzaron un programa de desmovilización a cargo de ONU.
Mientras tanto, los soldados uruguayos están concentrados en un cerco sobre los alrededores de Pinga para contener eventuales ataques a la población civil.
Villa Pinga es una población de 10.000 personas localizada en el medio de la selva a escasos cien kilómetros de ruanda. Rodeada de montañas y con caudaloso río Osso al lado, es el centro de las pujas entre distintos grupos guerrilleros que se debaten por el control de la zona rica en diamantes, oro y colta.
Desde el principio de la operación multinacional el gobierno uruguayo resolvió no intervenir en las acciones ofensivas en el Congo las que están a cargo los ejércitos de Tanzania, Sudáfrica y Malawi.
La seguridad de Pinga está en manos de una compañía de 250 efectivos del Ejército uruguayo. Semanas atrás la compañía participó de un rescate de 14 personas secuestradas por los Mai-Mai para intercambiarlos por guerrilleros presos.
Las tropas de la brigada de intervención están integradas con unos 400 hombres y cuenta con equipamiento de artillería por las características de su misión, según fuentes militares.
El gobierno de Congo y Naciones Unidas instalaron un sistema de desmovilización para los guerrilleros de los distintos grupos beligerantes. Quienes resuelven retirarse de la lucha deben presentarse en las unidades militares de Naciones Unidas con sus armas y útiles de guerra.
A cambio el Estado congolés les asegura poder realizar estudios y retomar la vida civil con normalidad. El programa aplica para los guerrilleros que no estén requeridos por la Justicia internacional o congolesa.

La guerra continúa
Los rebeldes del M23
con bandera uruguaya





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