lunes, 17 de marzo de 2014

El informante y el 2° vuelo de Orletti

"A los que no murieron en Orletti nosotros los devolvimos (...) tienen que buscarlos en Uruguay”


Por Roger Rodríguez

CRÓNICAS DE 30 AÑOS EN PERIODISMO 


El 17 de marzo de 2002, dos días después que un examen de ADN confirmara que el joven que Rafael Michelini había ubicado en Argentina era efectivamente el hijo desaparecido de Sara Méndez, comenzó otra etapa en la investigación periodística que había estado realizando durante más de un año para Posdata Folios y por la que se habían conseguido los datos que permitieron encontrar a Simón Riquelo.
Inicialmente, la investigación tuvo como objetivo confirmar o descartar un documento con el testimonio un presunto agente de la policía federal que habría participado en los seguimiento de Zelmar Michelini desde meses antes al 18 de mayo de 1976 cuando lo asesinaron. Buscamos como fuente a un ex agente de la SIDE que había pertenecido a la banda de Aníbal Gordon y operó en el centro de torturas Automotores Orletti.

EL INFORMANTE
El 11 y 12 de junio de 2001, cuando se celebró en Buenos Aires una reunión del Comité de la Internacional Socialista para América Latina y el Caribe en la que Rafael Michelini iba a participar, lo acompañé para seguir indagando. Teníamos el dato de que la fuente buscada estaba preso por otros delitos en Villa Devoto. Nos presentamos en la cárcel y fuimos recibidos por el Director, que recordaba la muerte de Zelmar Michelini.
Nos convidó con un par de cafés, mientras su ayudante iba a buscar el preso para que hablara con nosotros. Pero pasaron los minutos y nadie venía. Se terminó el café y ya se hacía difícil continuar un diálogo forzado, cuando comenzaron a sonar las alarmas de la Penitenciaría. Los equipos antimotines ruidosamente se perpetraron en sus posiciones y el ayudante llegó blanco como un papel para hablar al oído del director...
"¿No está?... ¿cómo que no está?", dijo el Director mientras todos nos miraban. Rafael se había presentado como Senador de la República y yo hacía de su secretario. Si se había escapado, nosotros quedábamos como posibles cómplices de una maniobra de distracción... Fue un momento de tragicómica tensión que terminó cuando otro oficial entró y dijo: "Falsa alarma... salió en libertad la semana pasada".
Con las disculpas que merecía la situación, nos recomendaron ir al Patronato de Liberados, donde volvimos a hacer la presentación formal del Senador. El Director nos recibió de pie y no nos invitó a sentarnos. "Sé a qué vienen y desde ya les digo que no les voy a dar la información de dónde vive", dijo. Quedamos mudos. Antes de echarnos, agregó "No la doy porque es su derecho y, además, porque él es mi amigo...".
Cuando volvíamos al Hotel Sheraton, donde Rafael tenía que participar de una de las reuniones de la IS, nos preguntamos si estábamos viviendo una cámara escondida o habíamos ingresado a un capítulo de La Dimensión Desconocida. Rafa me dio la tarjeta magnética de su habitación y desde allí, con la guía telefónica adelante, comencé a llamar a todos los teléfonos con el apellido del ex represor que buscábamos.
Fueron horas llamando desde el Sheraton y, sobre un centenar de posibilidades, en la llamada 98 la voz de una señora mayor me respondió: "¿Quién lo busca?", me identifiqué como ayudante del senador Michelini (en realidad no mentía porque lo estaba ayudando en la investigación) y ella se negó a darme datos. "Mi hijo ya cumplió su pena", defendió. "Dígale que sólo queremos hablar con él", intenté sin presionar más.
Meses más tarde, el mismo represor aceptó contactarnos a través del entonces Síndico General de la Nación de Argentina, el Dr. Rafael Bielsa (quien luego sería canciller). Se decidió a recibirnos para que no volviéramos a molestar a su madre. La reunión se hizo en la casa de Bielsa, quien habitaba un coqueto apartamento reciclado en un antiguo silo o molino.

EL DATO CLAVE
El apartamento de tres pisos circulares tenía los dormitorios arriba, al centro el recibidor y debajo la cocina y otros servicios. Conversamos largamente. Rafael Michelini manejaba una estratégia para saber si había participado en la muerte de su padre y yo buscaba hacer repreguntas rápidas para descolocarlo. Bielsa guardaba silencio y nos servía una y otra vez café, café y más café...
Luego de horas, la conversación trancada y el exceso de café nos tenía nerviosos. Fue entonces que hice una broma que sería la llave... Cuando el anfitrión volvió a ofrecer café, pregunté: "¿No tienes algo un poco más fuerte?". "Yo no bebo alcohol... pero, espera, hace poco me regalaron una botella", dijo mientras bajaba a la cocina. "Acá está... ¿Chivás Regal sirve?, gritó. "Si, aunque eso se toma sin hielo", repliqué con ironía...
Minutos después, Bielsa subió con una bandeja en la que, junto a sendos cafés, había servido dos vasos para cerveza llenos hasta el borde de whisky. El represor intercambio conmigo una mirada cómplice que incluía códigos de desafío. No dijimos nada y bebimos. A la media hora, los dos Rafaeles escuchaban nuestra conversación que había derivado a Orletti y, finalmente, a un compromiso para ayudarnos a buscar a Simón.
En los meses siguientes hubo nuevos contactos. No importa si aquel informante u otros terminaron dando el dato. Esa confusión es parte del compromiso de anonimato y secreto periodístico. Supimos que Simón había sido trasladado aquella noche al Hospital Norte, pero el nosocomio de la calle Cabildo ya no existía. Finalmente, el dato: "Se lo quedó uno de los agentes de la guardia nocturna en la Seccional 33 de Policía".
Era noviembre de 2001. Creímos llegar a un callejón sin salida. ¿Cómo saber quiénes estaban de guardia en una comisaría una noche de hacía 25 años? Sin muchas esperanzas pedimos la información a contactos de la Dirección de Derechos Humanos del gobierno, que nos había ayudado en todo momento. La tensión en Buenos Aires era mucha. La crisis económica era el tema y a nadie interesaba un dato de tantos años.
Fernando de la Rúa se vio obligado a renunciar y fugar en helicóptero el siguiente 21 de diciembre. Pasaría enero antes de conseguir la información que faltaba. Con Rafael decidimos no crear falsas expectativas a Sara Méndez, quien luego de confirmar que un joven que creía su hijo no lo era, inició una campaña internacional y una gira por Europa. Cuando regresó, nos reuninos. Fue el 13 de febrero y no pude ocultarle lo que hasta entonces sabíamos.
Casi a la vez, Rafael Michelini recibió desde Argentina los nombres de los policías de la Seccional 33 y, utilizando el viejo método de la guía telefónica, se llamó hasta encontrar a quien se había quedado con Simón. Como narro en el informe "La Hora de Simón" publicado en Posdata Folios, fue cuestión de días que el joven supiera quien era, se entrevistara con su madre y confirmara su identidad con un examen de ADN.
El hallazgo de Simón se sumaba a la aparición de Macarena como grandes victorias en la lucha por la verdad y contra la impunidad. Difícilmente logre en mi vida profesional hacer un aporte mayor que el reencuentro con su hijo a la madre que había entrevistado por primera vez 18 años antes. Otra puerta se abrió ese día al trabajo periodístico: Si era verdad lo de Simón, también era cierto todo lo demás que me había dicho el informante…

Roger Rodríguez
(17 de marzo de 2014)

Tapa de La República del 17 de marzo de 2002, con la denuncia del 2° vuelo de Orletti.

El informante que dio los datos para ubicar a Simón
afirmó que fueron entregados a los militares uruguayos

LOS DESAPARECIDOS DE ORLETTI
FUERON TRASLADADOS A URUGUAY

Serían 27 uruguayos y 5 argentinos que permanecían en el centro de torturas en octubre de 1976. La fuente, un represor argentino, reconoce las muertes de Gatti, Duarte y Julien. Los 32 casos deberán incorporarse a la lista de desaparecidos en Uruguay. Comisión del Senado tratará el tema el lunes.

POR ROGER RODRIGUEZ

Un grupo de 32 uruguayos y argentinos que se encontraban en el centro clandestino de torturas “Automotoras Orletti” fue entregado a fuerzas militares uruguayas en octubre de 1976 y habría sido trasladado a Uruguay para su “disposición final”, según el testimonio del informante que dio los datos que llevaron a localizar el paradero de Simón Riquelo.
La fuente, un argentino que estuvo directamente vinculado con la represión coordinada de fuerzas militares rioplatenses en el marco del llamado Plan Cóndor, participó en los procedimientos de detención de los uruguayos secuestrados en Buenos Aires entre junio y octubre de 1976.
El informante fue contactado por este cronista, en el marco de la investigación realizada junto al senador Rafael Michelini durante el año pasado, a través de la cual, luego de una serie de entrevistas e indagaciones, se obtuvo la información que permitió descubrir la actual identidad del hijo de Sara Méndez.
La información, que este periodista adelantó el viernes dentro de un informe para Posdata Folios, determina un nuevo giro en las investigaciones para el esclarecimiento de la situación de los desaparecidos, porque implica que se deben agregar los nombres de 27 uruguayos y 5 argentinos que se buscaban en Buenos Aires a la lista de desaparecidos en Uruguay.
Fuentes parlamentarias, consultadas por LA REPUBLICA, indicaron ayer que el tema será planteado el lunes en la Comisión de Defensa Nacional del Senado, cuya presidencia probablemente asuma ese día el legislador del Encuentro Progresista, Eleuterio Fernández Huidobro.

Los 22 sobrevivientes
Desde fines de 1975 se registran casos de uruguayos desaparecidos en Argentina. Las denuncias de personas que eran detenidas por fuerzas de seguridad se incrementan en los primeros meses de 1976, hasta que, el 20 de mayo, se verifica el asesinato de Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz, Rosario Barredo y William Whitelaws.
A partir del 1º de junio de ese año, fecha en la que un agente de la SIDE, Eduardo Ruffo (el miembro de la banda de Aníbal Gordon, que se quedó con la hoy recuperada niña desaparecida Carla Cantilo), arrienda el taller Automotores Orletti, todos los uruguayos secuestrados pasaron a ser recluidos en sus instalaciones.
Diversos testimonios indican que Gerardo Gatti Antuña, secuestrado el 9 de junio, fue uno de los primeros detenidos en Orletti. A partir de entonces se intensifican los operativos que llevan a una masiva detención de uruguayos, que caen a mediados de ese mes.
Una de las víctimas de la larga noche del 13 de junio fue la propia Sara Méndez, detenida en su domicilio de la calle Juan Azurduy 3164, donde le acompañaban su amiga Asilú Maceiro y su hijo Simón Riquelo. Esa noche no estaba su compañero, Mauricio Gatti, quien tiempo después logró exilarse en Europa y falleció en 1993, sin poder reencontrarse con su hijo.
Méndez y otros veintiún uruguayos que fueron secuestrados esos días y torturados en Automotores Orletti terminaron siendo trasladados clandestinamente a Montevideo diez días más tarde, en un vuelo no registrado de un avión de la Fuerza Aérea Uruguaya (FAU).
Los 22 trasladados de Orletti permanecieron en condición de desaparecidos en una casona de Punta Gorda y alojados luego en la vieja sede del Servicio de Información y Defensa (SID) de la calle Bulevar Artigas, hasta que fueron “blanqueados” en un falso operativo del 26 de octubre de 1976, en el que se los presentó públicamente como un grupo sedicioso capturado en un chalé del balneario Shangrilá.
Ese grupo de uruguayos que, con la excepción del veterano periodista Enrique Rodríguez Larreta Piera, fueron condenados por la Justicia Militar y permanecieron varios años en la cárceles de la dictadura, son los únicos adultos que sobrevivieron a Automotores Orletti.
Junto a ellos se ha logrado la recuperación de varios niños, algunos secuestrados y otros nacidos en cautiverio. Desde Amaral García, pasando por Mariana Zaffaroni y Victoria Moyano, hasta llegar a la nieta de Juan Gelman y, ahora, a Simón Riquelo.

Automotores Orletti, el centro de torturas del Plan Cóndor donde estuvieron los uruguayos.
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Los seis asesinados
Automotores Orletti cerró su cortina metálica a fines de octubre de 1976, luego de que los secuestrados José Ramón Morales y su esposa Graciela, pudieron tomar un fusil y en medio de un tiroteo lograron escapar del lugar y exiliarse en México.
Desde junio hasta octubre de ese año se ha denunciado la desaparición de 33 uruguayos en Buenos Aires. Los trabajos del Instituto de Antropología Forense de Argentina han permitido esclarecer tres de los casos y las circunstancias de sus muertes fueron oficialmente reveladas por la gubernamental Comisión para la Paz.
Francisco Edgardo Candia y José Hugo Méndez Donadio desaparecieron el 15 de junio y, según la información oficial, fueron asesinados cinco días después como represalia por la muerte de un comisario argentino en manos de una militante del Movimiento Montonero.
Luis Alberto Camacho, desaparecido el 15 de agosto de ese año, fue abatido en un operativo en la calle Gahona y Talcahuano, según informó a sus familiares la Policía Federal Argentina. Su cuerpo pudo recuperarse a través de los estudios forenses argentinos: estaba enterrado en el cementerio de Morón.
Ninguno de estos tres casos había pasado por Automotores Orletti.
El informante argentino que proporcionó los datos que permitieron localizar a Simón Riquelo, sólo confesó conocer el destino de otros tres uruguayos desaparecidos en Argentina. Según su testimonio, Gerardo Gatti Antuña, León Gualberto Duarte Luján y Mario Roger Julien Cáceres murieron en Buenos Aires.
Gatti y Duarte perecieron como consecuencia de apremios físicos, luego de un fallido intento de extorsión en el que los militares uruguayos y argentinos que comandaban Orletti procuraron, a través de Washington “Perro” Pérez, exigir un rescate de dos millones de dólares a las organizaciones políticas y sociales a las que pertenecían.
Roger Julien, afirma la fuente, ingirió una cápsula de cianuro en el momento de su detención. El informante, que participó de ese operativo, explicó en detalles el procedimiento en el que fue capturada su esposa, Victoria Grisonas y sus dos hijos, Anatole y Victoria Julien, quienes años más tarde aparecieron en Santiago de Chile.

Los aún desaparecidos
Si se resta la situación de esos seis casos, el listado de uruguayos desaparecidos en Orletti se reduce a 27, entre los que se incluye a Josefina Modesta Klein Lledo, de nacionalidad paraguaya, pareja de un uruguayo, secuestrada el 23 de setiembre de aquel 1976. El informante argentino indicó que Automotores Orletti, efectivamente se cerró luego de aquella fuga de la pareja Morales, pero sostuvo que también incidió en la clausura de ese centro de torturas la situación de desconfianza que en los argentinos generó la aparición de los 22 sobrevivientes de Shangrilá.
La fuente subrayó que los militares argentinos se sintieron “traicionados” por los militares uruguayos, ya que los detenidos que abordaron aquel vuelo del avión de la FAU a fines de junio habían sido entregados para su “disposición final” en Uruguay.
Según ese y otros testimonios obtenidos en el marco de la investigación en conjunto que quien suscribe realizó con el senador Rafael Michelini, luego del viaje de junio se produjeron otros traslados de detenidos de Automotores Orletti hacia Uruguay.
En la indagación se pudo saber que una mujer, acompañada por dos militares, viajó a Montevideo en un vuelo de línea comercial. Su hermano fue traído en otro viaje similar. En un cuarto traslado, vinieron la nuera del poeta Juan Gelman, María
Claudia García de Gelman (aún embarazada) y los niños Anatole y Victoria Julien.
Esos 27 uruguayos detenidos en Orletti, más otros cinco argentinos que también se encontraban en el centro de torturas, fueron entregados a los efectivos militares uruguayos a fines de octubre para su “disposición final” y a esos efectos llegó a viajar a Buenos Aires otro avión de la Fuerza Aérea Uruguaya.
“De Uruguay a los argentinos nos han cobrado todo y mucho ha salido a la luz. Pero que no nos adjudiquen esas desapariciones. A los que no murieron en Orletti nosotros los devolvimos. No sabíamos que los del primer viaje estaban vivos, así que cuando cerraba Orletti se planificó otro viaje grande en el que se incluyó a todos los que quedaban, incluso cinco argentinos. No participé en la entrega, pero creo que a esos últimos tienen que buscarlos en Uruguay”, dijo la fuente, cuya credibilidad está dada en la veracidad de los datos que permitieron recuperar a Simón Riquelo. *

(Diario La República, 17 de marzo de 2002)

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