BRIC en el Nuevo Orden Mundial
El siglo XXI será testigo, está siendo testigo, de un movimiento tectónico en cuanto a la distribución del poder mundial. El Occidente político (que incluye a Estados Unidos, Europa y Japón) acumula hoy, con solo el 14% de la población, el 73% de la riqueza y el 80% del gasto militar. Un poder tan impresionante como desequilibrado e insostenible a largo plazo. Pero en el barrio se han instalado nuevos vecinos, y quieren compartir riqueza y poder con los de siempre.
Se estima que en 2050 el tamaño de las economías de Brasil, Rusia, India y China sería igual a la de los miembros del G-6 (Estados Unidos, Alemania, Japón, Reino Unido, Francia e Italia). La trayectoria está clara: hace 10 años, coincidiendo con el comienzo del siglo, estos países (también llamados BRIC) representaban un sexto de la economía mundial; hoy son ya un 25% (en poder de compra equivalente). Mientras Estados Unidos, Europa y Japón están en crisis, los BRIC siguen creciendo. De hecho, un tercio del crecimiento mundial registrado en la última década se ha originado en esos países.
La crisis financiera ha acentuado que países los emergentes hayan sufrido la recesión de una forma mucho más suave, la están superando antes y, para colmo, están saliendo de ella con mucha más fuerza. Turquía, a quien la UE se permite ningunear todos los días, está creciendo al 7%, lo que triplica la media de la zona euro: las consecuencias están a la vista de todos.
Por tanto, la pregunta no es si los nuevos crecerán más y si alcanzarán o no a Occidente, porque ya sabemos que lo harán, sino cuáles serán las consecuencias políticas. Aunque es pronto para abandonarse al pesimismo, parece claro que, por el momento, el siglo XXI no tiene quien lo gobierne. En lo económico, véase el fracaso del G-20 en actuar coordinadamente para gestionar la economía global; en los aspectos de seguridad, véase cómo Turquía y Brasil han decidido ir por su cuenta en el tema de las sanciones a Irán; y en cuanto a la provisión de bienes públicos, como el medio ambiente, Copenhague dejó bien claro que una cosa es un orden multipolar (donde hay varios polos de poder) y otro un orden multilateral (donde hay normas vinculantes para todos).
¿Quieren su cuota de poder en el orden actual? ¿O cambiar ese orden? Dicho de otra manera: ¿el orden actual les parece injusto porque su papel en él no hace justicia a su tamaño y aspiraciones? ¿O porque se trata de un orden económicamente injusto en el que solo los más fuertes tienen poder? Por el momento la respuesta no está clara: mientras ambos dudamos, ellos, además, crecen. El tiempo juega a su favor.
Se estima que en 2050 el tamaño de las economías de Brasil, Rusia, India y China sería igual a la de los miembros del G-6 (Estados Unidos, Alemania, Japón, Reino Unido, Francia e Italia). La trayectoria está clara: hace 10 años, coincidiendo con el comienzo del siglo, estos países (también llamados BRIC) representaban un sexto de la economía mundial; hoy son ya un 25% (en poder de compra equivalente). Mientras Estados Unidos, Europa y Japón están en crisis, los BRIC siguen creciendo. De hecho, un tercio del crecimiento mundial registrado en la última década se ha originado en esos países.
La crisis financiera ha acentuado que países los emergentes hayan sufrido la recesión de una forma mucho más suave, la están superando antes y, para colmo, están saliendo de ella con mucha más fuerza. Turquía, a quien la UE se permite ningunear todos los días, está creciendo al 7%, lo que triplica la media de la zona euro: las consecuencias están a la vista de todos.
Por tanto, la pregunta no es si los nuevos crecerán más y si alcanzarán o no a Occidente, porque ya sabemos que lo harán, sino cuáles serán las consecuencias políticas. Aunque es pronto para abandonarse al pesimismo, parece claro que, por el momento, el siglo XXI no tiene quien lo gobierne. En lo económico, véase el fracaso del G-20 en actuar coordinadamente para gestionar la economía global; en los aspectos de seguridad, véase cómo Turquía y Brasil han decidido ir por su cuenta en el tema de las sanciones a Irán; y en cuanto a la provisión de bienes públicos, como el medio ambiente, Copenhague dejó bien claro que una cosa es un orden multipolar (donde hay varios polos de poder) y otro un orden multilateral (donde hay normas vinculantes para todos).
¿Quieren su cuota de poder en el orden actual? ¿O cambiar ese orden? Dicho de otra manera: ¿el orden actual les parece injusto porque su papel en él no hace justicia a su tamaño y aspiraciones? ¿O porque se trata de un orden económicamente injusto en el que solo los más fuertes tienen poder? Por el momento la respuesta no está clara: mientras ambos dudamos, ellos, además, crecen. El tiempo juega a su favor.
Uruguay se acomoda como zapallo al carro
Incluso los países más grandes de la región como Brasil “necesitan el peso económico y político del resto de los países”, enfatizó Mujica.
En el marco de la globalización inevitable, “nuestro país necesita tratar de influir en la forma en que nos incluye esa globalización hasta donde podamos”. “Se trata de buscar nosotros permanentemente el lugar que dentro de nuestros límites nos pueda favorecer", dijo. (25 enero 2011 http://www.presidencia.gub.uy/sci/noticias/2011/01/2011012504.htm)
Con Brasil
Con Brasil
Astori en la India
si china crece pero que es china/? es una economia fasista y las economias fasistas crecen rapidamente porque tienen una estructura que asi lo determina//no comparemos el poder industrial del brasil fasista con el brasil democratico en la decada de los 70 y 80 el poder industrial brasilero era muy superior al de hoy la inversion de las industrias americanas era impresionante//ahora estos nenes invierten en china//una economia fasista siempre superara una economia democratica
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