sábado, 28 de abril de 2012

A 23 años de la muerte de Raúl Sendic

A 50 AÑOS DE LA TOMA DE CAINSA Y
DE LA PRIMERA MARCHA CAÑERA.
A 1 AÑO DEL DESALOJO DE NEY THEDY.

Los porfiados hechos viven en nosotros, hoy y aquí.

Enviado por Gabriel Carbajal
Los hechos –los porfiados hechos de la historia, los hechos imborrables del pueblo trabajador- valen más que un manifiesto o una proclama.
Recordarlos no es solo hacer memoria y homenajear merecidamente a los que por desgracia ya no están físicamente.
Es convertir la memoria en cosecha nueva de reafirmación de valores que nacieron y fueron creciendo en la siembra cierta del ejemplo, en el sacrificio y en el dolor.
Pero también en la alegría vital del saber con certeza plena que otros brazos y otras almas se adueñarán del legado de la lucha con el fervor y la fe que únicamente germinan y perduran entre los que sufren la humillación y un buen día descubren que el pasado deja de ser pasado al ganarnos la convicción de que él signó nuestros destinos para siempre.
Reunirnos para re-vivenciar cosas que pasaron cuando muchos todavía no existíamos, o cuando apenas podíamos enterarnos de la realidad como se va enterando hoy muchísima gente -de a puchitos y en el boca a boca-, es volver a fertilizar el semillero del que debemos sentirnos herederos espirituales y celosos custodios, más allá de esperables ridiculizaciones y las que no pudo imaginar nuestra perdida ingenuidad.

Hoy, cuando medio siglo parece una eternidad y algunos desean en vano empañar la lucha actual de los obreros rurales que ya no tienen en sus campamentos a Raúl Sendic, rememorar aquel frío y cálido lunes 2 de abril de 1962 no es un tributo a la nostalgia.
Ese lunes de otoño trafoguero, una decidida columna humana que había estado 3 meses comiendo charque maloliente a orillas del Itacumbú -en una inusual huelga de cañeros analfabetos y harapientos henchidos de buen orgullo obrero-, le dobló el codo y el cogote a una banda de empresarios que en aquellos tiempos eran los inversores yanquis que nos venían a salvar de la pobreza y el subdesarrollo.
Ese día tuvieron que agachar las guampas los que gozaban de los favores del gobierno y la protección de milicos y capangas, los representantes de la multinacional monopólica de la siembra y la cosecha de la caña azucarera y de su industrialización y comercialización, que pagaba salarios infames bajo formas que eran la medida de la podredumbre moral de los “salvadores” de los ´60 y sus protectores “criollos”.
Con una sencillez asombrosa, sin sellos rimbombantes de comisiones agrarias ni grandilocuencias burocráticas, aquellos peludos –ya hombres y mujeres grandes- que aprendían a leer y a escribir guiados por un maestro-abogado que no era ni una cosa ni la otra, dejaron el Itacumbú, y, armados de razón y coraje, enfilaron hacia la multinacional Cainsa con una entereza que se aprende en la dura fragua del manoseo diario.
Entraron a la planta principal como una mole indestructible, se llevaron por delante a empujones a capangas y botones obsecuentes, y los primeros en llegar se instalaron en las oficinas de los “gringos” para decirles que de ahí no se movía nadie –ni inversores ni cañeros- hasta que se pagaran los sueldos que se debían, con plata y no con pedazos de papel mugriento para canjear por alimentos en el “súper” de Cainsa.
No se habló de “secuestro” ni de “rehenes”, no hubo discursos, pero a todo el mundo le quedó claro que, a 3 meses de padecer de todo mientras patronal y gobernantes se mataban de la risa alentando la violencia peluda y subestimándola, esas obreras y esos obreros no darían marcha atrás soñando con “instancias de negociación” o la intervención de un parlamento que la venía balconeando cómplice y desvergonzado.
Ahí mismo se empezó a cobrar lo adeudado, en efectivo y con la supervisión del “peludo” más odiado por los gringos, el maestro chúcaro y de pocas palabras, que no era maestro ni abogado, sino apenas procurador, convertido en “cajero” que liquidaba sueldos bajo durísimas miradas peludas apuntando a los “amos” como fusiles listos para escupir insospechadas balas justicieras.
Ahí mismo, también, empezaba a palpitar otro país, otra historia, como un resurgir de voces y lanzas cimarronas que recogían el eco bravío de viejas y olvidadas luchas anticolonialistas y libertarias, por una Tierra para quien la Trabaja, surgidas en la ebullición de dignidad de los más pobres, en harapos, comiendo salteado y descreyendo de los discursos de los poderosos de adentro y de afuera de principios del siglo XIX.
Un mes después de la toma de Cainsa, el sábado 4 de mayo de 1962, Montevideo fue invadido por esa misma turba que llegaba desde el norte –desde ese Artigas que tiene bien puesto su nombre- para darnos vuelta la cabeza y hacernos sentir que aquí también se podía soñar con el “poder popular” y con hacer oir las palmas encendidas del pueblo en las orejas sordas del latifundismo vendepatria.
Ese sábado siguiente al 1° de Mayo de 1962, hace exactamente cincuenta años, la Primera Marcha Cañera de nuestra historia, la llegada de 200 peludas y peludos al grito de “¡UTAA, UTAA, por la tierra y con Sendic!!!”, fue la luminosa alarma que nos enteró de que el movimiento obrero contaba en sus filas con una fuerza hasta entonces subestimada, que venía a la capital para que sus hermanos de clase supiéramos de su existencia y de una voluntad de pelea que medio siglo después no podría ser ignorada más que por los que han heredado del pasado la soberbia de los necios.
 Esa fuerza humana del pueblo pobre –después de cuartelazos y cacerías humanas ordenadas por hacendados e inversores salvadores- está de nuevo en las calles y los barrios humildes del país para hacernos sentir parte sustancial de la lucha por tierra y para ayudarnos a comprender que esta lucha lo es del pueblo oriental y de sus trabajadores organizados…
Que sus banderas flamean para ser como los dedos y los puños de la emancipación social que no conquistaremos arrodillándonos ante los que siguen retribuyendo nuestra miseria con papeles mugrientos, tarjetas y bonos alimenticios canjeados en el súper, más saqueo y corrupción.
 Las obreras y los obreros del campo y las ciudades olvidadas, los sucesores del peludaje de los `60, han venido este 28 de abril del 2012 para rendirle honor a Raúl Sendic Antonaccio en el 23 aniversario de su muerte y a un año exactamente del desalojo del colono-cañero Ney Thedy Pintos, premiado por el poder, justo este día, con la persecución y el despojo por ser uno de aquellos que apuraron a los gringos hasta hacerlos temblar y por predicar con lo que les enseñó el maestro-abogado que no fue ni maestro ni abogado: el ejemplo de los hechos, el compromiso de la práctica, el valor de los que la consigna TIERRA PA´L QUE LA TRABAJA la tienen impresa en el alma y en la piel, para contagiarla y hacerla razón poderosa de todos los trabajadores de esta “banda oriental” que no olvidará ni perdonará que se nos siga robando nuestro bien social más entrañable, en el que han anidado los más queridos sueños de justicia e igualdad desde Artigas y su inconclusa Revolución de harapientos.

¡Viva UTAA!!! ¡Viva la lucha del campo y la ciudad! ¡Viva la memoria palpitante de Raúl Sendic y todas y todos los caídos por TIERRA PARA QUIEN LA TRABAJA Y TIERRA PARA VIVIR!!!

Coordinación “Todos con la lucha de Bella Unión” / Plaza Raúl Sendic,
La Teja, Montevideo, 28 de abril de 2012.-



Adhesión al homenaje en memoria de Raúl Sendic realizado en la plaza de La Teja que lleva su nombre.

28 de abril del 2012.
Compañeras y compañeros de UTAA:
                                                             Nos decían que éramos todos iguales por estar vestidos de blancas túnicas, nos enseñaban a idolatrar al prócer don José Gervasio Artigas, Padre de la Patria Uruguaya y desfilábamos a golpe de piano cantando  “el padre nuestro Artigas”. ¡Cuántas frases célebres había dicho! Y después, no se sabía bien porqué, misteriosamente, incomprensiblemente, se había ido al Paraguay con la sola compañía de su cebador de mate, el buenazo de Ansina, donde murió más solo que el uno. ¡Pobre padre Artigas!
                                                              Poco más tarde, en otras aulas, nos ayudaron a correr los velos conque Eduardo Acevedo y Juan Manuel Blanes habían hecho de José Artigas un ícono de la historia falsificada. Descubrimos que debajo del héroe de bronce había un héroe de carne y hueso, otro Artigas, despeinado y sin entorchados, que ni siquiera se llamaba Gervasio, protagonista de una revolución agraria que expropió las tierras de los malos españoles y peores americanos y que las repartió entre los gauchos como Encarnación Benítez, las familias de los pueblos originarios y los negros y zambos libres.  
                                                              Descubrimos que Artigas no se había autoexiliado por puro capricho, sino que fue derrotado por sus propios compañeros pasados a las filas de los grandes propietarios y del imperio brasilero.  Que Artigas nunca imaginó una banda oriental aparte de las provincias hermanas del Río de la Plata  y sintió como una traición el micro-Estado Tapón inventado por la diplomacia británica. Había una revolución agraria oculta por los himnos patrioteros:  no fue por casualidad que todo un pueblo marchara en el éxodo, que Artigas nunca quiso regresar a Montevideo, fortaleza del sistema oligárquico contra el cual había luchado.
                                                              Debieron pasar ciento cincuenta años del grito que una tropa artiguista dió en Asencio para que la vieja demanda de tierra para trabajar alumbrara nuevamente la lucha social en las orillas del río Uruguay. Los pueblos de Constitución y de Bella Unión retomaron la bandera del artiguismo bajo la cual nació la guerrilla urbana en 1963, en el apoyo a los trabajadores de la caña de azúcar, organizado por en estos barrios obreros del oeste montevideano. Cuando los luchadores estaban siendo reprimidos y los baleados por la policía ensangrentaron las avenidas, Raúl Sendic fue el primer guerrillero clandestino del recién nacido Movimiento de Liberación Nacional (Tupamaros).  
                                                               Raúl Sendic entendía que sus actitudes políticas eran una escuela de luchadores y revolucionarios sociales, por eso nunca claudicó frente a los poderosos ni rindió sus principios al enemigo y por eso, tres meses antes de morir, fue solidario con los revolucionarios argentinos que ocuparon el cuartel de La Tablada y que, en plena y enmudecida democracia, fueron torturados, asesinados y desaparecidos. En la democracia recortada que dejó la dictadura, la principal preocupación de Raúl Sendic fue la forja de columnas humanas para construir una sociedad socialista  y por eso fue un convencido difusor del  cooperativismo para educar en la lucha social y no de las cooperativas para producir pichones de empresarios.  Porque jamás transó con el capital extranjero ni renegó de la reforma agraria, en 1987 levantó nuevamente el programa popular: expropiar sin indemnización las propiedades mayores a 2.500 hectáreas y tomar el control de la economía nacional dejando de pagar la deuda externa y estatizando la banca privada.
                                                              Sin embargo, al igual que los que renegaron del artiguismo fabricaron un Artigas que los justificara, hoy se quiere recubrir de bronce al revolucionario que fue Raúl Sendic. Intentan que las generaciones venideras aprendan otra falsa historia, la de un Sendic sin ideología revolucionaria, un paisano bonachón capaz de abrazarse con las culebras y de entregar a los capitales extranjeros el patrimonio del pueblo uruguayo. Intentan fabricar un falso Raúl Sendic que justifique la saña conque se persigue a Ney Thedy y el espíritu reaccionario con que quiere pintar de amarillo al movimiento sindical. En definitiva necesitan otro busto de bronce para encubrir las vergüenzas de esos viejos guerrilleros incoporados al mismo sistema que torturó, violó, asesinó y desapareció a centenares de mujeres y hombres por el delito de querer cambiar el mundo.
                                                             Así como el revolucionario agrario José Artigas reapareció en la lucha del abajo que se movía en los ’60, hoy el pensamiento revolucionario de Raúl Sendic sigue vivo en cada “peludo” que lucha por la tierra, en cada trabajador que no resigna los principios de clase y en cada joven que lucha por Juicio y Castigo a los culpables. El revolucionario Raúl Sendic está vivo en la lucha de los estudiantes chilenos y de los pobladores de Aysén, en la rebelión de los asalariados griegos y españoles. Está vivo en este siglo XXI del capitalismo que no puede reacomodarse y de una nueva aurora que anuncia más lucha por emancipación social.
Arriba los que luchan.
Patria para todos o para nadie
Veronika Engler 
Jorge Zabalza

1 comentario:

  1. Lo electoral en un movimiento que quiere un cambio social profundo es una droga que emborracha y al final se dicen estupideces y hasta se ponen amnesicos,eso le pasa al Frente Amplio y a muchos de sus representantes incluido obvio al MPP que se les caen la baba por un sillon por un puestito sin importarles un carajo cambiar una realidad que sigue igual que en los gobiernos de los partidos tradicionales,otra cosa y voy por otro lado aunque todo esta relacionado que hizo muy bien este sistema maquiavelico es expulsar gente a los asentamientos y tambien al exterior obligados por la miseria logicamente que hoy podriamos estar en el Uruguay empujando ,impulsando iniciativas y luchando en colectivo y concientemente construyendo asi un cambio ,una lucha hacia una sociedad socialista y somos cientos de miles que estamos fuera del paisito ,imaginando una utopia seria una increible estrategia si volvieramos como en un exodo Artiguista pero al reves todos aquellos que queremos una transformacion social pero de verdad seria maravilloso porque somos miles hariamos temblar la tierra como lo hizo Artigas en su tiempo con su ejercito de gauchos no se si son estupideces lo que digo o parece algo poetico al estilo Cortazar pero todo puede suceder,pero en fin ha seguir luchando como se pueda por la patria de Artigas y las ideas del Che Guevara.Un abrazo a todos los compañeros de la verdadera izquierda Oriental.

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