jueves, 16 de octubre de 2014

Matar al mensajero

Moises y los mensajeros de Canaán   Giovanni Lanfranco


INDISCIPLINA PARTIDARIA>>
Por Hoenir Sarthou



Las encuestas de intención de voto están empezando a señalar algo que la cúpula del Frente Amplio se ha negado porfiadamente, hasta ahora, a admitir y a considerar.
El hecho es que el Frente parece haber perdido intención de voto. Y la ha perdido por los dos extremos, “por derecha” y “por izquierda”, por decirlo de algún modo.
La pérdida de votos “por derecha” podría ser la causa, en parte, del crecimiento de la intención de voto al Partido Nacional (los votos “prestados”, ¿recuerdan?). Y sin duda es la causa del crecimiento de la intención de voto al Partido Independiente, que en las últimas encuestas alcanza un 3% de los votantes. En menor medida, algunos de esos disidentes “por derecha” podrían estar incrementando también la intención de voto en blanco o anulado.
La disminución frenteamplista “por izquierda” podría ser la causa tanto de la aparición de la Unidad Popular y del PERI en las encuestas, cada uno de ellos con aproximadamente un 1% de los votantes, como –en buena medida- del entre 3% y 4% que le asignan las mediciones al voto en blanco o anulado.
Ese conjunto de factores hace que el Frente, a diez días de la “primera vuelta” electoral, cuente con una intención de voto varios puntos inferior a la que tenía en octubre de 2009.
Eso prácticamente confirma dos hechos ya previstos por encuestadores y analistas: a) que habrá balotaje en noviembre; b) que el Frente no obtendría mayoría parlamentaria.
Pero además insinúa otra cosa no tan previsible: que, de no producirse una reasignación importante de los votos en noviembre, incluso el triunfo en el balotaje podría estar comprometido.
La reacción no se hizo esperar.
Buena parte de la militancia frenteamplista salió agresivamente a la reconquista de votos. Y “agresivamente”, en este caso, no es una mera metáfora.
No sé cómo estarán siendo tratados los ex votantes frenteamplistas que este año tienen entre sus opciones la de votar a Mieres o a Lacalle Pou. No lo sé porque no tengo ese perfil.
Lo que sí puedo asegurar es que, para los disidentes “por izquierda”, es decir para los que tenemos como opciones votar en blanco, o anulado, o votar estratégicamente a alguna de las opciones de izquierda extrafrentista (UP, PERI, PT), la cosa no es sencilla.
Acusaciones, insultos y descalificaciones son la moneda corriente con que se pagan la discrepancia y la crítica, en especial si ésta viene “por izquierda”. “Traidor”, “vendido”, “le hacés el juego a la derecha”, son sus expresiones más corrientes.
Ese fenómeno pone de manifiesto dos cosas. Por un lado, el preocupante grado de intolerancia que padece una parte de la militancia frenteamplista. Por otro, la torpeza con la que cierto núcleo militante termina profundizando el problema que pretende corregir.
Hay una lógica perversa en la que muchos militantes frenteamplistas parecen caer. Es la idea de que todas las personas honestas y que no sean “de derecha” tienen la obligación moral de votar al Frente Amplio. La perversidad de esa idea radica en que invierte la lógica democrática. En lugar de ser el partido el que debe ganar a los ciudadanos con su discurso y sus prácticas, son los ciudadanos los que están obligados a votarlo aun cuando discrepen con su discurso o sus prácticas.
Muchos de los disidentes de izquierda son ex militantes, gente con experiencia sindical y política. ¿Alguien cree que acusarlos de traición los hará cambiar de opinión? Otros son gente joven, movidos por causas que sienten como nobles, como el “no a la baja”, pero sin militancia ni adhesión vital a la tradición frenteamplista. ¿Alguien piensa que la agresividad y la presión harán otra cosa que retraerlos de la actividad política?
El Frente Amplio necesitará en el balotaje a todos los votos posibles. Las ofensas, las heridas, las decepciones y agravios que cause en octubre comprometerán sus chances de ganar en noviembre y de continuar en el gobierno. Eso deberían tenerlo presente quienes militan por él.
Por otra parte, los disidentes carecen de organizaciones que los regimenten. Cada cual ha decidido su actitud electoral por su cuenta. Cada uno de ellos no es más que el emergente de un estado de ánimo más general al que no ha dado causa y que no controla. Enojarse con los discrepantes, por tanto, no es más que el viejo recurso de “matar al mensajero”, al portador del mensaje que no se quiere oír.
Así las cosas, probablemente la cúpula frenteamplista y sus candidatos deberán tomar una decisión. O bien continúan ignorando a los discrepantes y permitiendo que se los trate como traidores, con lo que arriesgan la elección, o bien admiten que algo no está marchando tan bien en la gestión de gobierno y se disponen a investigar y a considerar las razones de las discrepancias. Esa es la regla en una elección democrática. No al revés.
Hasta ahora, la cúpula frenteamplista parece haber errado en los cálculos. Sus integrantes creyeron que la postulación de Tabaré Vázquez bastaría para dar por liquidada la elección.
Tabaré Vázquez, mientras tanto, tensó al máximo la relación con el electorado tradicional del Frente. Su actitud ante los EEUU, su asociación con lo más retrógrado de la Iglesia Católica en el tema “aborto”, su jactancia, sus gestos demagógicos y su actitud autoritaria e imperial en la conducción, parecen haber agotado la paciencia de muchos frenteamplistas de la primera hora y también la de muchos jóvenes que hoy no se sienten representados por él.
El gobierno de Mujica, por su parte, continuó las políticas económicas iniciadas por Vázquez y Astori, centradas en la megainversión extranjera, sumándole además la desprolijidad administrativa, la idea de que la voluntad política puede pasar por arriba de todos los límites y garantías jurídicas, y la proliferación de verdaderos “comisarios políticos” de dudosa capacidad en casi todas las áreas del Estado.
El resultado de todos esos factores está a la vista: el Frente ha perdido intención de voto.
Una fuerza política tiene límites que no debe traspasar. Si se aleja demasiado de sus raíces, de las convicciones y de la sensibilidad de la base humana que le dio origen, corre el riesgo de desnaturalizarse y de perder incluso los resultados electorales a los que ha apostado.
¿Qué ocurrirá en el futuro?
En octubre, contrariamente a los que muchos militantes frenteamplistas creen, no ocurrirá nada dramático. Ninguna de las fórmulas obtendrá el triunfo en primera vuelta, por lo que el gobierno no se definirá en ese momento.
En lo parlamentario, es previsible que el Frente pierda algunos legisladores y que la representación parlamentaria se diversifique. Seguramente habrá más legisladores del Partido Independiente y probablemente ingrese alguno de la izquierda extrafrentista, de la Unidad Popular y/o del PERI.
¿Eso es terrible?
No lo parece. A lo sumo permitirá oír a otras voces, hará necesaria la negociación para impulsar proyectos de ley, e impondrá controles parlamentarios que hoy, con mayoría oficialista, no existen.
De modo que la elección trascendente, en la que se definirá el gobierno, será la de noviembre.
Para noviembre, la cúpula y la fórmula electoral del Frente se encontrarán probablemente ante una disyuntiva: u optan por seguir con el discurso triunfalista y acusatorio, sin admitir cuestionamientos, o investigan y atienden a las razones por las que han perdido votos, se sinceran, e intentan modificar algunas de sus líneas de acción.
Sospecho que el transparentamiento de la gestión, la exposición pública de los motivos de las decisiones de gobierno, la admisión y enmienda sincera de los fallos e iregularidades, por ejemplo, sería un buen inicio y alentaría a todos los discrepantes, tanto “por derecha” como “por izquierda”.
La pelota, entonces, está picando en la cancha de la cúpula frenteamplista.


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Indisdciplina partidaria la columna de Hoenir Sarthou: OCTUBRE




publicado ‎ 9/10/2014

La premisa de esta columna –y de la de la semana pasada- es que un considerable número de personas de izquierda, militantes y/o votantes históricos del Frente Amplio, han –hemos- resuelto no votar al Frente en octubre.

Es una decisión difícil y dolorosa, lo aseguro.

¿Cuál es el motivo?


No creo que haya un motivo único, ni que los discrepantes conformemos un bloque monolítico. Pero la mayoría ve con preocupación a algunos de estos hechos: el excesivo privilegio a la megainversión extranjera, a los dueños de la tierra y al capital financiero; la sorprendente complacencia con las recomendaciones y mandatos de los centros de poder mundial, incluidos los EEUU; el fracaso de las políticas sociales y educativas para revertir la fragmentación social; el surgimiento de casos de corrupción y abuso silenciados u ocultados desde el gobierno y el Parlamento (Casinos, PLUNA, ASSE, SIRPA); el secreto que rodea a asuntos como Montes del Plata, Aratirí y la regasificadora; la sistemática relación pública de los gobernantes con personajes muy cuestionados, como López Mena, Paco Casal y Julissa Reynoso, entre otros.

No se trata de radicalismos locos, ni de exquisiteces teóricas. Esos hechos contradicen groseramente lo que fue el origen mismo del Frente Amplio, su razón de ser. ¿Acaso no era un frente popular, nacional, antioligárquico y antimperialista?

La disidencia “por izquierda” ha sido ignorada por la cúpula frenteamplista, que durante diez años se ha negado a discutir y aun a explicar su viraje ideológico. ¿Cómo extrañarse entonces de que haya gente de izquierda decidida a votar en blanco, o a anular el voto, o a votar a alguna de las opciones de izquierda no frenteamplista?

Sin embargo, la sola mención en las redes sociales, o en rueda de amigos, de que uno no va a votar al Frente genera tormentas: desde el amigo preocupado que intenta disuadirlo a uno con afecto y respeto, hasta el intolerante que lanza con ligereza palabras fuertes, como “traidor” o “vendido”, pasando también por quien reconoce todas las críticas a los gobiernos del Frente pero admite que no puede imaginarse a sí mismo votando otra cosa.

Hay -¿cómo negarlo?- un importante sector de frenteamplistas que, pese a que tiene dudas sobre la gestión del Frente, igualmente piensa votarlo. No están entusiasmados. Les pesa el afecto hacia la opción política que abrazaron de jóvenes, el temor al retorno de blancos o colorados, la tradición, las banderas, el ansia de triunfo, la esperanza de que aquello que les disgusta sean “errores”, la fe en que “todo mejorará si seguimos confiando”, la inseguridad respecto a qué otra opción tomar.

Dicen que Albert Einstein dijo algo así como “Locura es hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes”. En otras palabras, seguir votando como desde hace cuarenta años no hará que el Frente cambie. Al contrario, reforzará las características que ha ido adoptando.

A veces me pregunto si son más dañosos para el Frente Amplio quienes permiten que siga por el camino en que va, o quienes quieren darle un sacudón que lo obligue a revisarse.

Desde el oficialismo se esgrimen tres grandes argumentos para reclamar el voto.

El primero es el catastrofismo: “¿Vas a dejar que vuelva la derecha? ¿Le vas a regalar el gobierno al “Cuquito”?”.

Ese argumento es falso. Para octubre, blancos y colorados, sumados, no reúnen la intención de voto de la mitad del cuerpo electoral. Ninguno tiene la posibilidad de ganar en primera vuelta. Al parecer, nadie la tiene. La elección de octubre será una elección de parlamentarios. El presidente se elegirá en noviembre, en segunda vuelta. Allí se definirá quién habrá de gobernar y de qué “pelo” serán los ministros. ¿Por qué anunciar catástrofes y sembrar alarma ahora, entonces?

A lo sumo se podrá decir que en octubre se definirá la correlación de fuerzas entre blancos, colorados y frenteamplistas (yo agregaría también a los “independientes”) en el Parlamento. Pero ya veremos que eso no es necesariamente así.

El segundo argumento oficialista es que el país ha crecido materialmente durante los gobiernos del Frente.

Lo que ese argumento no percibe es que no todos estamos de acuerdo con el modelo de “crecimiento” adoptado. El crecimiento que sirve a las estrategias del gran capital transnacional, el que le da el control de la sociedad al capital financiero, el que afecta el medio ambiente, el que se apodera de recursos naturales irrecuperables, el que somete, corrompe y endeuda al Estado, el que exige privilegios, exoneraciones tributarias, puertos, zonas francas, leyes a la medida, inversiones estatales carísimas, el que a la larga deja poco y nada, el que no genera un tejido social integrado, es un crecimiento que no sirve.

El tercer argumento es que los trabajadores y los pobres están mejor con los gobiernos del Frente.

Es cierto. Los trabajadores que están respaldados por sindicatos fuertes ganan más, gracias a los consejos de salarios. Y los pobres cercanos a la marginalidad reciben beneficios que con otros gobiernos no recibían.

Pero también es cierto que la mitad de los trabajadores gana menos de $15.000. Y que los beneficios otorgados a los más pobres, tal como están concebidos, alejados de un proceso educativo y laboral integrador, no logran romper el círculo perverso de la marginalidad cultural. Más bien lo consolidan.

De todos modos, veremos que las cosas positivas que se hayan instrumentado en estos años no tienen por qué desaparecer por el hecho de que no se vote al Frente en octubre.

Fuerza es analizar ahora las opciones que se nos presentan a los frenteamplistas discrepantes “por izquierda” en octubre (noviembre es otra cosa, de la que ya hablaremos cuando llegue el momento).

Más allá de matices, se presentan dos grandes opciones: 1) no votar a ninguna lista ni partido (abstención, voto en blanco, o voto anulado); 2) votar “estratégicamente” a alguna de las listas de izquierda no frenteamplistas.

Las dos posibilidades tienen ventajas y desventajas.


Abstenerse, votar en blanco, o anular, entronca con la vieja tradición limpia y principista de la izquierda y es una forma de enviar un mensaje removedor al sistema político, en particular al Frente Amplio y a la cultura de izquierda. Podría ser leído como un reclamo de refundación de la izquierda.

Como desventaja, se le objeta que es un mensaje impreciso y que no contribuye a evitar el ingreso de legisladores blancos o colorados al Parlamento. Pero, claro, eso último no es culpa del votante, sino de las fuerzas políticas que son incapaces de representarlo. Sostener lo contrario sería invertir la lógica democrática, poner la carreta delante de los bueyes.

El voto “estratégico”, a las opciones de izquierda extrafrentista, en la medida en que puede hacer entrar al Parlamento a algún diputado de una izquierda hasta ahora no representada, contribuye a evitar que ingresen más parlamentarios blancos o colorados y abre la chance de que se oigan en el Parlamento voces nuevas. Es de suponer –y de exigir- que, en caso de gobernar el Frente, ese eventual parlamentario apoye las propuestas de sentido popular y se oponga a aquellas que no lo son. Una voz de ese tipo ha hecho falta en los últimos años, en que la obediencia y la “mano de yeso” ha sido la práctica constante de todos los legisladores frenteamplistas.

Como desventaja, la opción “estratégica” obliga al votante a apoyar con su voto a una lista partidaria que tal vez no le genere plena confianza ni refleje íntegramente su pensamiento. Pero partimos de la base de que votar al Frente también violentaría sus convicciones.

No es mi intención decirle a nadie lo que concretamente debe votar. Me sentiré satisfecho si acaso este breve análisis ayuda a alguien a definir su voto según su propio criterio. Yo también me decantaré por una de esas dos grandes opciones en base al juego de razones que acabo de compartir.

En el fondo, lo que se vote no es lo más importante. Lo importante es que, en ámbitos de izquierda, por primera vez en muchos años, las cabezas están empezando a desafiar a las rígidas lealtades partidarias. Basta ver los debates virtuales (esa nueva plaza pública que nos depara la tecnología) para percibir que las viejas disciplinas partidarias tienen los años o los días contados. Es cuestión de tiempo, ideas y coraje.




5 comentarios:

  1. La cúpula frenteamplista puede hacer lo que le de la gana, no los pienso votar bajo ninguna circunstancia. La única manera en que podría considerar votar al frente sería si desparece TODA su cúpula y toda quiere decir toda. Son un montón de ladrones, parásitos, vende humo, traidores, toda la vida despotricando contra los bancos y salen con la ley de bancarización obligatoria y encima con un eufemismo de lo más hipócrita, inclusión financiera, parece que se rien en nuestra cara. Toda la vida despotricando contra las jodas en el estado y ellos han sido los campeones de la joda, pluna, asse, afe. Despotricaron toda la vida contra la deuda externa y ellos alegremente la han triplicado o más... Toda la vida EEUU fué el enemigo imperialista y sin embargo no se les cae una gota de sudor por andar a los abrazos con el genocida de bush, con rockefeller o soros, por ir a conversar con obama o con pensar en pedir ayuda a EEUU para hacerle la guerra a argentina por una pastera finlandesa metida en una zona franca que no sólo no nos deja nada sinó que nos destruye la infraestructura y el medioambiente. Lo mejor que puede hacer el frente amplio es disolverse, desaparecer, las manchas de estos dos gobiernos las va a llevar de por vida y esa cúpula nunca se va a sacar de encima las acusaciones de TRAICIÓN

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  2. Para el dueño del blog: Compañero quiero agradecerte sinceramente por todo el material brindado durante todos estos años. Yo conocí el blog recién en el 2012. No se si seras del todo consciente de la gran ayuda que aportas con este blog. Tené por seguro que tu paso por esta vida no habrá sido inútil, tené por seguro que tu conciencia puede descansar en paz.

    Queda mucho todavía. Habrá que seguir desenmascarando al progresismo por unos cuantos años mas, habrá que organizar al pueblo para luchar contra quien sea. Necesitaremos de este blog (y de tantos otros) por muchísimo tiempo.

    ARRIBA LOS QUE LUCHAN COMPAÑERO, VIVA LA CLASE OBRERA y VIVA RAÚL "el Bebe" SENDIC

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  3. Si todos los que nos oponemos a todo lo nefasto que hizo el FA, votamos en blanco, es muy probable que este vuelva a tener mayoría parlamentaria. Toda la queja quedará fuera del bunquer legislativo. Vendrán marchas de todo tipo hasta la puerta, pero adentro de esas paredes seguirán los mismos hijos de puta de siempre, legislando contra el pueblo y su futuro. Tenemos que intentar meter ahí dentro, en donde los constructores de impunidad se sienten seguros al menos a uno de esos que van a estar fuera en la calle luchando para que halla una transformación.Yo no me resigno a ver como destruyen al pais y a nuestra gente. Sin duda que lo fundamental en la lucha organizada y en la calle, pero que esa lucha también se produzca en ese nido de vívoras llamado Palacio Legislativo.

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  4. NO ME QUEDA CLARA LA POSICION DE SARTHOU
    OCTUBRE SI PERO EN NOVIEMBRE??????

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  5. Buena pregunta, y clave. O los argumentos de octubre no valen para noviembre?

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