domingo, 14 de diciembre de 2014

Los privilegios de casta, el escorpión y La República



Enviado por Marcelo Marchese

Como una astilla clavada en la mente, el caso Gilberto Vázquez le recuerda a la conciencia republicana el drama de los privilegios militares, su persistencia cuando se ha violado ostensiblemente el deber y el problema de la necesidad de FFAA en Uruguay. Empecemos por recordar algunos privilegios militares: tienen su propio sistema de salud, su propia justicia, educación y un lugar exclusivo, algunos de ellos, en el cementerio. Pueden ir armados, se distinguen por su indumentaria y raramente trabajan. Pero esto, con ser mucho, no es nada comparado con sus prerrogativas jubilatorias. El lector, luego de trabajar 30 años como un cochino, recibirá la mitad del sueldo, o menos, a modo de jubilación. Guay si vuelve a trabajar, pues todo lo "ahorrado" volverá a la Matrix. El militar no necesita sudar 30 años; le alcanza con 20 y todavía menos, pues el tiempo que estudia en una escuela militar se añade a la antigüedad. Como estudiante cobra sueldo y acumula años. No recibirá de jubilación un cacho del sueldo que cobraba, lo recibirá íntegro y más aún, si hubiese desempeñado tareas docentes lo incrementará. Pero aquí no acaba la cosa: podrá seguir trabajando y eso no será óbice para recibir su jubilación. ¿De qué trabajará? Posiblemente en aquellas empresas que inevitablemente precisan de contactos con la Armada, la Fuerza Aérea o el Ejército. Por ejemplo, los de Air Class integraron la Fuerza Aérea y de la Fuera Aérea conseguirían, hablando de forma hipotética, cierta tolerancia en las inspecciones y de la Armada acaso conseguirían, hipotéticamente, obstaculizar cualquier búsqueda si un avión cayera al agua.




Ahora, uno supone que si un funcionario público incurre en corrupción pierde sus derechos. Si su función era manejar dineros públicos y se los mete en el bolsillo, lo normal es que vaya preso y que devuelva lo afanado a modo de devolución de lo “ahorrado”, pues no se le puede pagar una jubilación por haber robado. No existen jubilaciones para chorros. Ahora, por lo que vemos en el caso Juan Carlos Gómez, que se mantenía en secreto, uno, si es militar, mantiene íntegros sus derechos jubilatorios inclusive cuando ha violado ostensiblemente el sentido de la función para la cual se le pagaba, esto es, protegernos. Que se ha violado abiertamente ese sentido no lo duda nadie, pues en vez de proteger ciudadanos, la Institución FFAA los ha secuestrando, torturado, violado, castrado o desaparecido. El funcionario público civil si no cumple su tarea (cuando rara vez lo agarran) paga el pato, ahora, al funcionario militar no hay quién le toque sus haberes jubilatorios inclusive si rara vez paga el pato. Uno se pregunta si Gavazzo también recibe su jubilación, y el Goyo Álvarez y el Pajarito Silvera (el mismo que le decía a Sara Méndez cuando estaba presa: “algún día me voy a acordar donde dejé a Simón”) y si también la reciben aquellos valientes machos que introducían ratas engrasadas en las vaginas de las sediciosas, y aquellos otros pundonorosos militares que castraron a un pescador en Rocha, y el propio Juan Carlos Gómez, que según Huidobro es inocente de haber castrado a Roberto Gomensoro. Uno se pregunta si existe una jubilación por torturar y hacer bestialidades inimaginables.



Pero con ser estos privilegios un abuso que inquieta al más elemental sentimiento ciudadano, no es, ni con mucho, la clave del problema. El problema es la muy dudosa necesidad de FFAA. Normalmente estas Fuerzas sirven para resguardar el espacio aéreo y marítimo y para impedir que otro país, o extraterrestres, nos invadan. ¿El lector ha escuchado de muchos casos en que la Armada detenga barcos extranjeros que vienen a robar pescado a nuestras costas y a la desembocadura de ríos y arroyos donde desovan las corvinas? Sin embargo debemos tener una policía costera que, cuando el radar lo indique, aprese y confisque barcos y redes ladronas, y que lo haga, al menos, diez o cien veces más de lo habitual. Lo mismo sucede con el espacio aéreo. En cuanto al Ejército, no sirve para su fundamental tarea: defendernos. Si cualquiera de nuestros plausibles enemigos: Argentina, Brasil o Estados Unidos, nos invadiera, nos haría papilla. La única opción, recontrasabido y demostrado históricamente hasta el hartazgo, es dejarlos entrar y armar a la población para que hostilice al invasor con guerrillas. Para esto no se necesita un ejército desproporcionado y costoso. Se necesita un muy pequeño ejército en el que cada integrante se coloque a la cabeza de un grupo de ciudadanos armados. Por eso el ejército uruguayo desde el 2007 comenzó a estudiar curricularmente en el Instituto Militar de Estudios Superiores la concepción y procedimientos de las Operaciones de Resistencia Nacional (ORN) (1). Para llevar a cabo esta nueva concepción es imprescindible una confianza absoluta de la población en sus FFAA. La clave de esta estrategia militar no es de índole militar sino política, pues la guerra no es otra cosa que una prolongación de la política. Al defender a rajatabla a las actuales FFAA, Fernández Huidobro y su compinche Mujica demuestran una ABSOLUTA IGNORANCIA EN ESTRATEGIA MILITAR, reincidiendo en su absoluta y radical ignorancia a inicios de la década del 70. Si fuera esperable la tal invasión pronosticada por Huidobro en la reciente entrevista de VOCES (2), nuestra única posibilidad de victoria sería con un ejército compenetrado y respetado por el pueblo, cosa que ahora no ocurre por motivos obvios. Esta reducción y transformación de las FF.AA exigiría, además, eliminar una prohibición que se pretende como una defensa a la democracia cuando en realidad muestra un carácter perverso de nuestra democracia, la cual es prohibir a los militares participar en política, hablar de política. Una democracia necesita de todos los saberes de una sociedad; necesita del saber del militar. Prohibirle hablar también es prohibirle brindar su saber, significa limitarse en el aprendizaje de un aspecto importante de la vida social.

Sin embargo, estos cambios serían necesarios siempre y cuando a mediano plazo exista la posibilidad de que alguien nos invada. Desde que nacimos a la pomposamente llamada “vida independiente” jamas se dio el caso. Lo que sí sucedió es que nuestro ejército participó de la destrucción de un pueblo hermano, el paraguayo, llevando a cabo un genocidio horripilante, y luego, por dos veces, atentó contra la República con resultados desastrosos. Lejos de protegernos, el ejército nos ha atacado. Lo que necesitamos es alguien que nos proteja de nuestros protectores. Lo mejor, lo mas razonable, es no tener protectores que lejos de protegernos, nos ataquen. Y es más, nuestra seguridad y economía saldrían ganando pues utilizaríamos el presupuesto militar para destinarlo íntegro a investigación y desarrollo. ¿Cuales son los ministerios más ricos de nuestra República? En el podio, con un 5,1% del presupuesto nacional, se encuentra el Ministerio del Interior, y en segundo lugar, con un 4,2%, el de Defensa, que supera al presupuesto acumulado de los Ministerios de Industria, Desarrollo Social, Salud Pública y Ganadería. El número de empleados del Ejército (sin considerar a la Armada y a la Fuerza Aérea) iguala la totalidad de maestros. ¿Es esto una broma macabra?

"¡Nooooo!", diría Fernández Huidobro, "¡no es una broma macabra, es la gran mirada estratégica! Si aboliéramos el ejército le haríamos el campo orégano a los yanquis que luego de apoderarse de la Amazonia, vendrán a por el agua". Aquí tenemos al desnudo la justificación de esta sistemática obstrucción a la Justicia. Fernández Huidobro, genialmente, ha avizorado que el Imperio busca erosionar nuestras FFAA y por eso desde el norte se presiona para juzgarlas con el propósito de debilitarlas y venir luego a robarnos el agua y la tierra. ¿Que necesidad tienen de robarnos la tierra o el agua cuando ahora vienen y la compran y ya son dueños de la tercera parte de sus títulos y de la mitad de su explotación? Nadie podrá aclararnos este enigma.




En última instancia la capacidad de defensa de un país deviene de la conciencia de sus ciudadanos y del poderío económico de la nación. La batalla que tenemos que librar, por lo que parece, viene por el lado de encarar otro modelo económico que nos enriquezca, y en cualquier caso, por el de cuidar nuestra República de cualquier cáncer que la devore. ¿Qué bien se le hace a la República si se traslada del fuero penal a la fiscal Diana Salvo, que se desempeñaba en la causa generada a partir de la denuncia colectiva por torturas y abusos sexuales a ex presas políticas; si se inicia una investigación administrativa a la Fiscal Ana Tellechea para sacarla de casos de violación de DDHH; qué bien se le hace con el traslado de la jueza Mariana Mota; con la separación del cargo por seis meses del Fiscal Viana, que ponía en tela de juicio la constitucionalidad de ciertos acuerdos secretos con el gran capital extranjero; con el traslado de la inspectora que denunció que la empresa "compañera" Fripur adulteraba etiquetas y vendía pescado podrido; qué bien se le hace a La República si por acuerdo de todos los partidos se modifica nuestro Código de Proceso Penal para que la Justicia quede supeditada al Poder Ejecutivo?

En estos días soleados y veraniegos, negros nubarrones se ciernen sobre una República que como tal debería asegurar el imperio de la ley y la igualdad ante la ley, algo puesto en entredicho con estos raros privilegios militares y con el nuevo Código de Proceso Penal. Y uno no sólo se pregunta qué República es ésta, sino también qué Democracia. En el pasado hubo quienes allanaron alegremente el camino a los militares votando las Medidas Prontas de Seguridad, otros que saludaron los Comunicados 4 y 7 como expresión de un "sector progresista" en las FFAA y otros que mantuvieron dudosas conversaciones con ellas en los batallones. Uno podría pensar que estas gentes aprendieron de sus errores, pero como el escorpión de la fábula, actúan conforme a su naturaleza. Lejos de aprender de sus errores mantienen el hilo intacto que los une al pasado y de espaldas a todos nosotros, volvieron a pactar con los militares mucho después de haber sido recuperada la "democracia". Vendrá un tiempo, cuando los historiadores ya no tengan miedo, en que la Democracia conocerá estos viles acuerdos y componendas repugnantes.

(1) Recomendamos calurosamente la lectura de un artículo nuestro referido a esta problemática: "Acerca de la imperiosa necesidad de abolir nuestras FF.AA"
http://elmuertoquehabla.blogspot.com/2013/08/acerca-de-la-imperiosa-necesidad-de.html (2)
"La mirada estratégica del Ñato". Entrevista en Voces a Huidobro, 11 de diciembre del 2014.




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