sábado, 9 de febrero de 2013

Droga & capitalismo = ingerencia

Ajustes de cuentas llegaron a Uruguay 


En Cuba no hay droga



La droga viene con la DEA

El narcotráfico es la máxima y más pura expresión del capitalismo 

 Milton Friedman, padre del neoliberalismo y premio Nobel de economía, dijo que los narcotraficantes "son empresarios, emprendedores. La gente que lleva el tráfico de drogas no son distintos del resto, excepto en que tienen más iniciativa empresarial y menos preocupación por dañar a otros. En ese sentido, son más irresponsables. Pero tienen un negocio y tratan de obtener tanto como pueden."

Hay empresarios responsables que se preocupan por el bienestar de sus clientes y del ecosistema, pagan puntualmente sus impuestos, a sus empleados les pagan buenos sueldos y generosas prestaciones, pero sus margenes de ganancia no son muy altos. Esta clase de empresarios por lo general apoyan gobiernos socialdemócratas y tienen una firme conciencia social.

Existen también otros empresarios que perdieron algo de sus escrúpulos y no les importa incorporar en sus productos o procesos sustancias nocivas para la salud o el ecosistema, pagan salarios bajos y evaden impuestos, por lo que tienen márgenes de ganancia mucho más altos. Pero aún les queda un poco de conciencia que les impide matar directamente a alguien.

Finalmente, el capitalismo más salvaje, puro y cruel es representado por los narcotraficantes, que ya perdieron toda conciencia social y no les importa terminar con la vida de quien les impida lograr su beneficio personal. En palabras de Friedman, "tienen más iniciativa empresarial y menos preocupación por dañar a otros".



Qué Pasa 
La guerra paulista 

 San Pablo, la metrópolis brasileña, está en medio de un conflicto bélico que enfrenta a narcotraficantes, autoridades y grupos parapoliciales. En 2012 hubo cerca de 1.400 homicidios y la cosa tiende a empeorar.



FRANCHO BARÓN (*)
Cae la noche en el suburbio Jardim Saõ Luís, en la periferia sur de San Pablo. Desde octubre, una suerte de toque de queda hace que las calles de este lugar se queden prácticamente desiertas a partir de las diez de la noche. La sombra fantasmagórica de un perro que camina rápidamente por una de las vías de acceso a la comunidad transmite cierto desasosiego. Algunos vecinos comentan que la orden de permanecer en casa proviene de la organización criminal Primer Comando de la Ciudad (PCC), hegemónica en la capital paulista. Otros aseguran que los grupos parapoliciales que llevan meses en pie de guerra son los responsables de este oficioso estado de excepción. En cualquier caso, esta psicosis colectiva es la consecuencia directa de la oleada de asesinatos que ha sacudido sin misericordia al Gran San Pablo durante los últimos meses.
"No hace mucho estaba en esta esquina comiendo unas empanadas y de repente vi un tumulto. Cuando me acerqué, acababan de encontrar en este contenedor dos cabezas humanas", narra Ricardo, un joven vecino de Jardim Sao Luís. Cada pocos metros, el muchacho se detiene para señalar una esquina, una pared, una escalera o una puerta. "Aquí mataron a uno de mis mejores amigos. Le dieron dos tiros en la cara y aún no sabemos por qué". Las muescas de los proyectiles en las fachadas son las pruebas irrefutables de esta violencia sin fin. Al igual que venía sucediendo en muchas favelas cariocas, aquí, en la periferia paulista, también se respira la ausencia del poder público: no hay policía en las calles y las montañas de basura se acumulan en las esquinas. Las ratas campan a sus anchas.
La prensa local señala a este complejo de barrios integrado por Sao Luís, Capao Grande, Campo Lindo o Jardim ngela como la zona más peligrosa de la ciudad. Aquí los asesinatos colectivos suelen reproducir el mismo guión: hombres encapuchados disparan a quemarropa con armas cortas, y entre las víctimas suelen identificarse a miembros del PCC o a policías militares fuera de servicio. Las investigaciones llevaron a la conclusión (nunca de manera oficial) de que se trata de una guerra entre criminales y grupos parapoliciales cuyo origen estaría en una operación lanzada el 29 de mayo de 2012 por el Batallón de Choque ROTA (Rondas Ostensivas Tobias de Aguiar), que se cobró la vida de seis miembros de la red criminal en circunstancias poco claras. Desde la cárcel, mandos del PCC habrían dado la orden de responder a la muerte de sus correligionarios con la ejecución de varios policías militares. Desde entonces, policías y narcos se enzarzan en un enfrentamiento al margen de la ley. "Dos elementos nos llevan a señalar a agentes fuera de servicio como actores del conflicto: primero, la muerte de miembros del PCC y policías responde a una secuencia lógica: sabemos que si muere un narco, inmediatamente morirá un policía, y así sucesivamente. Segundo, existe un método: recogen los casquillos de las balas después de las ejecuciones y limpian la zona de pruebas. Esto denota que los asesinos conocen muy bien los procedimientos de investigación de la policía", explica Marcio Christino, fiscal y especialista en investigaciones del PCC.
Según la Secretaría de Seguridad Pública de San Pablo, esta megalópolis de 22 millones de habitantes ha contabilizado alrededor de 1.368 homicidios en 2012, un 34% más que durante el mismo periodo del año anterior. De los más de 100 policías que murieron asesinados el año pasado, solo tres estaban de servicio al morir; 51 presentaron características de ejecución (normalmente disparos a quemarropa o por la espalda) y 21 ya estaban jubilados, según datos de la Policía Militar. Esta insostenible situación desencadenó en noviembre la salida apresurada del secretario de Seguridad Pública del estado, Antonio Ferreira Pinto, y su sustitución por Fernando Grella Vieira, el hombre que consiguió frenar algo la oleada de asesinatos. Aun tras este relevo, la percepción de inseguridad continúa siendo sangrante: según una estadística publicada hace algunos días por el Movimento Rede Nossa Sao Paulo, para 91% de los paulistas su ciudad es un lugar poco o nada seguro.
Según la presidenta de la Asociación de Comisarios de Policía de San Pablo, Marilda Pasonato, "el principal responsable de lo que sucedió fue el gobierno del Estado de San Pablo". "Ha habido un cúmulo de equivocaciones. Primero, negando la realidad, y después, dando rienda suelta a una política de seguridad pública anclada en el enfrentamiento en lugar de un buen trabajo de Inteligencia. Todo esto ha dado como resultado una guerra civil, un Estado de excepción", dice.
A unos 440 kilómetros de allí, Rio de Janeiro vive la situación opuesta. Aunque la ciudad continúa registrando preocupantes índices de criminalidad, los homicidios no han parado de caer en los últimos tres años. En términos relativos, en Río se sigue matando más que en Sao Paulo, aunque esta tendencia esté invirtiéndose radicalmente. Entre enero y noviembre de 2012 Río capital contabilizó 1.096 homicidios, un 16% menos que en el mismo periodo del año anterior. Dos factores explican este cambio: primero, los eventos que se avecinan (Jornada Mundial de la Juventud, Copa Confederaciones, Copa del Mundo y Juegos Olímpicos) volvieron a Río la principal preocupación del gobierno, volcado en mejorar la imagen de ciudad paradisíaca, sí, pero castigada tradicionalmente por truculentos episodios de violencia. En segundo lugar, el gobierno del Estado de Rio, liderado por el centrista Sérgio Cabral, mantiene una afinadísima sintonía política con la presidenta Dilma Rousseff, algo que ha facilitado la transferencia de ingentes recursos económicos y logísticos para combatir el crimen en la ciudad más turística de Brasil. Ninguna de estas dos circunstancias se da en San Pablo, gobernado por el principal partido de la oposición (PSDB) y relegado a un segundo plano.
El PCC paulista es una organización criminal mucho más sofisticada que los dos principales grupos cariocas (Comando Vermelho y Amigos dos Amigos). Su jerarquía poco verticalizada y pulverizada en infinidad de células autónomas provoca que su combate sea muy complicado. El objetivo del PCC no es vender drogas mediante el control territorial de las favelas, sino dominar todos los puntos de venta de Sao Paulo. Por tanto, su permeabilidad geográfica es mucho mayor. Los líderes del PCC cumplen condena y desde dentro de las cárceles articulan impunemente las acciones de 2.000 miembros en activo. "El PCC controla el 80% de los presidios de San Pablo. Esto quiere decir que son capaces de movilizar a más de 120.000 personas dentro de las cárceles", explica Guaracy Mingardi, del Foro Brasileño de Seguridad Pública.
En la avenida de acceso a la barriada Jardim ngela, una pequeña base de la Policía Civil emerge estoica de la oscuridad. Dentro hay cinco agentes pertrechados de chalecos antibala.
-¿Qué sucedería si un grupo de encapuchados atacara ahora mismo esta base? -pregunta el reportero.
Un joven agente enarca las cejas, como sorprendido por la candidez de su interlocutor.
-¿Tú qué crees? En medio minuto estaríamos todos muertos.
Lo tiene claro. Y así transcurren los días en los suburbios paulistas.
(*) EL PAÍS, ESPAÑA


51

policías de los más de 100 asesinados fueron ejecutados en 2012, según cifras oficiales.

34%

aumentó la cifra de homicidios en San Pablo, el año pasado comparado con 2011. Fueron 1.368.

80%

de las cárceles son del Primer Comando de la Capital. Unos 120.000 presos acatan sus órdenes.


Los narcotraficantes no solo en barrios marginales, los peces gordos estan en Punta del Este
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