domingo, 15 de septiembre de 2013

Dos mundos en la educación

Educación
Lo que dicen las maestras 
De Casavalle a Malvín Norte, seis directoras cuentan sus recetas contra el ausentismo y la repetición en las zonas de contexto crítico

Desde el pizarrón

 

Sebastián Cabrera
Angela Fernández saca del armario un tupper lleno de medias y le pide a Maikol que se siente en el escritorio de la dirección y se quite sus desgastados championes. Maikol, un niño de siete años, vino descalzo a clase y ella le pone medias nuevas. Fernández es la directora de la escuela 317 de Malvín Norte, tiene 59 años y se jubila en diciembre. Dirige la escuela desde 2001 y sí, parte de su trabajo es conseguir zapatos y medias para sus alumnos.
La escuela 317, Islas Baleares, fue la segunda escuela con mayor tasa de repetición en 2012 en Montevideo: recursaron 42 de 202 alumnos de primero a sexto, el 20,7%. Pero en primer año repitió el 40%. La mayoría de los niños que vienen son de asentamientos de la zona.
Esta escuela fue parte de un informe que Qué Pasa publicó el 3 de agosto, donde se relataba cuáles son las instituciones con mayor y menor tasa de repetición en Montevideo (ver recuadro). Ahora, ¿qué se está haciendo en escuelas como la de Malvín Norte -las que tienen alta tasa de repetición, ausentismo y abandono- para revertir esa tendencia? La directora de la 317 abrió las puertas de la escuela a Qué Pasa, para contar cómo trabajan allí. Lo mismo otras cinco directoras de escuelas en Unidad Casavalle y Cuarenta Semanas, que también están en zonas de contexto crítico, en barrios donde hay un clima de violencia y ha habido balaceras. Las poblaciones de las seis escuelas son similares, pero las modalidades de trabajo son diferentes y solo en una -la 92 de Cuarenta Semanas- la repetición se redujo a la mitad en los últimos dos años.
En el discurso de las maestras, de todos modos, hay algo que se repite: insisten en que recursar no es sinónimo de fracaso, sino que significa que hay niños que tienen ritmos distintos de aprendizaje, y más cuando esos niños llegan a clase con hambre, poca ropa y con padres que no siempre ayudan a que pasen de año.

Malvín Norte.

"Maikol, otra vez viniste descalzo", lamenta Fernández. Pero Maikol no es el único niño con ese problema: más tarde le dará un par de zapatos a otro niño, que vino con los championes rotos. "Todos los días viene alguien sin medias, sin abrigo, sin bombacha o sin túnica", dice Fernández.
La directora oficia de guía por la escuela, que se construyó en la década de 1990 pero fue renovada hace poco con un comedor nuevo. Fernández entra a una clase de primero y muestra el cuaderno de Tarcis, una niña que recién está empezando a leer. "¿Vos qué edad tenés?", le pregunta a un nene. "No sé", responde. En tercero algunas niñas se están pintando las uñas. "Estuvieron jugando a las modelos", explica la maestra. Hay niños que tienen camperas arriba de la túnica, hay otro de gorro peruano, y Fernández pide que, por favor, se saquen todo, porque tiene que verse la túnica. En sexto no lo podrá hacer: solo cuatro de 19 vinieron con túnica. "Así está el mundo, amigos", bromea la directora. La maestra de sexto muestra un volcán y una ciudad en escala que está haciendo la clase durante este año. Mientras, un niño termina de dibujar en el cuaderno un revolver 38 con dos balas saliendo. Eso no es raro. En un estudio de 2007 sobre la población de esta escuela se afirmaba que "estos niños y sus familias suelen manejar códigos donde la violencia está naturalizada", lo cual "choca con el bagaje que tienen los docentes".
Ese estudio es de hace seis años pero en la escuela creen que aún representa a buena parte de la población que llega a la 317. Aquel informe tomó una muestra de 60 alumnos de primer año: el 73% vivía en asentamientos y el 84% presentaba algún tipo de parasitosis. Solo el 20% tenía un desempeño esperable para la edad.
En su escritorio, y después de ponerle las medias a Maikol, Fernández charla con Qué Pasa, acompañada por la maestra psicóloga Inés Brunetto.
-Desde 2012 esta es una escuela de tiempo completo. ¿Por qué?
Fernández: Primero, porque era una escuela con pocos alumnos y una capacidad que lo permitía. Y después se valoró el tiempo que muchos niños estaban en la calle. El barrio está dividido: los niños que no pertenecen a asentamientos van a la escuela de enfrente, la 267. El imaginario hace que haya una polarización. A nosotros se nos potencian los problemas: queda todo homogéneo, tirando hacia abajo. Entonces ahora de mañana los niños tienen el módulo curricular y de tarde son talleres lúdico recreativos, que hacen que el niño pueda jugar, divertirse y ser feliz. Pero es difícil lograr que estos niños estén escolarizados ocho horas: están acostumbrados a vivir libremente.
-¿El origen de los niños es la explicación para la repetición alta?
Fernández: Es una de ellas. Y después está el alto porcentaje de ausentismo.
Brunetto: El clima influye. Cuando llueve mucho, no pueden salir de la casa.
Fernández: Las casas en general son de piso de tierra y techo de chapa.
-¿Qué estrategia hay para intentar revertir el ausentismo y la repetición?
Fernández: Tenemos una maestra integradora, que se ocupa en forma individual de todos estos niños que, por faltar mucho, tienen un rezago. El problema es que en otras escuelas esos niños son seis o siete: acá son muchos más.
Brunetto: Yo soy maestra de apoyo y focalizo mi actividad con el primer y segundo año, para fortalecer el índice de promoción. A primer año muchas veces llegan sin funciones básicas adquiridas.
-¿Eso qué significa?
Fernández: Trabajamos con niños que no saben abrir puertas, no saben usar el wáter (que hagan en el wáter es todo un drama), que al principio no tienen hábitos para comer. Hay que empezar desde cero, desde lo más básico, básico, básico.
Brunetto: Es variado. Pero hay una población que, por ejemplo, llega sin saber dibujar una figura humana en forma esperable para un niño de seis años. O sin la función perceptivo motriz porque, para copiar su nombre, el niño debe identificar las letras, discriminar los trazos. Funcionan como niños más pequeños.
Fernández: Porque les faltan estímulos. Y hay un déficit de lenguaje, tienen problemas de pronunciación.
-¿Qué más hacen ustedes para intentar bajar la repetición y el ausentismo?
Fernández: Primero te respondo del ausentismo, porque es lo más importante: si no vienen, no pueden aprender. Ahora hay un programa que quita asignaciones familiares si faltan mucho. Así hemos recuperado niños. Y, además, tres días a la semana nos quedamos varias docentes (en forma voluntaria y honoraria) una hora más fuera de horario con los niños que pensamos que pueden promover de primero y segundo, pero que están flojos. Nosotros no tenemos apoyo de la casa en general, hay muchas madres solteras y analfabetas. Hablo en términos generales, por supuesto que hay excepciones. Pero estamos muy conformes con nuestro trabajo, por eso nos late el corazón de angustia cuando aparecemos como la escuela con más repetición. Parece que, porque los niños son pobres, la educación que se les da es de menor calidad. Y es al revés: el maestro debe buscar estrategias de donde no hay, entusiasmar a los niños.
-¿Pero repetir el año es fracasar?
Fernández: No.
Brunetto: Yo entiendo que la repetición es un derecho del niño a que se respeten sus tiempos y sus necesidades educativas especiales, sobre todo en el primer año. No podemos exponerlo a las exigencias de segundo, cuando no ha logrado lo básico y no tiene apoyo en el hogar.
-¿Cómo se traslada a la escuela la violencia en la que están inmersos ellos?
Fernández: Los niños son muy violentos, tienen baja capacidad para la frustración. Nosotros trabajamos en el diálogo. Pero si se muestra solo lo malo, reforzamos esa idea de que somos "la escuelita del crimen", porque muchos de nuestros alumnos son los que en determinado momento delinquen. ¿Pero por qué delinquen? Porque nadie les da la mano.
Brunetto: Nos ponemos tristes cuando sabemos que algún ex alumno terminó en la Berro, que delinquió. Uno los vio crecer. Nosotros hicimos lo que pudimos: darle herramientas básicas para la vida.
Fernández: Pero también tenemos exalumnas que están en el programa Uruguay Trabaja. Todos son chiquilines adorables. Solo que no tienen quién los quiera. Acá hay niños que nunca en su vida fueron a la playa... Nunca.
Brunetto: Yo podría haberme trasladado de esta escuela. Pero me quedé, porque me encariñé. Y eso que mi primer año fue difícil: ninguna mamá venía a las citaciones escritas que mandaba: ahora las agarro en la esquina, las llamo o voy a las casas, nunca más mandé una citación.
Fernández: Mirá, tenemos una niña que aprendió a leer en tercero, después de haber repetido dos veces primero y dos veces segundo. ¡El día que aprendió a leer no te imaginás qué emoción fue!
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Unidad Casavalle.

Varias palas mecánicas mueven la tierra, unos cuantos obreros van de acá para allá en José Martirené y Aparicio Saravia. En diciembre inauguran ahí una plaza al estilo de la Líber Seregni, cerca del complejo de viviendas Los Palomares y del barrio Borro.
Y frente a las dos escuelas del barrio. Separadas por un muro (y comunicadas a través de una puerta), cada escuela tiene dos turnos: de un lado la 178 Martin Luther King y la 319 República China, y del otro la 320 y 321 (que no tienen nombre). Estas escuelas salieron en la televisión y en los diarios el año pasado y este año, cuando hubo balaceras. Son, además, escuelas con alta tasa de repetición. En 2012, la 319 fue la novena con mayor repetición de Montevideo con una tasa de 18% de primer año a sexto. La 321 quedó en el lugar 11, con 17,69%; la 178 decimotercera con 17,54%; y la 320 tuvo una tasa de 14,88% de repetición, en el lugar 26.
A las 11 de la mañana el barullo es grande en el patio, es hora del recreo. En la sala de dirección de las escuelas 178 y 319 hay un cuadro con la cara de Martin Luther King y su famosa frase "sueño con el día en que mis hijos no sean juzgados por el color de su piel, sino por la integridad de su carácter". La frase es atinada: buena parte de los cerca de 1.500 alumnos son negros.
Carmen López tiene 36 años de docencia y dirige la escuela 178 desde hace 15. "Ser directora acá es lo mismo que ser directora en la mejor escuela de Montevideo", dice López, "solo hay que tener ganas de trabajar". Y agrega que el problema es que los niños acá no disfrutan la niñez como deberían. "Tienen que llegar a su hogar y cuidar a los hermanos menores. Algunos están en situación de calle", explica. La escuchan la directora de la escuela vecina 320, Adriana Álvarez, y la inspectora Raquel Casartelli. Luego se sumarán a la charla las directoras del turno tarde, Rosario Pose (debutó este año como directora de la escuela 319) y Shirley Young (escuela 321).
-¿Qué importancia le dan ustedes a la repetición?
Alvarez: Quiero sacar esa palabra y voy a decirle "recursar". Hay niños que necesitan recursar. Cada niño tiene su tiempo. Se ve la repetición como un fracaso, pero el niño no fracasa: hay muchas causas que hacen que en esos nueve meses no absorba ciertos conocimientos.
Casartelli: Lo importante es que el niño avance respecto a sí mismo. Pero si no hay metas mínimas logradas, hay que evaluar si debe recursar.
Young: Acá hay más repetición, pero no me preocupo. Es un indicador engañoso, es manipulable. Lo importante es que, cuando egrese, tenga todo lo necesario para sostenerse en el segundo ciclo.
-¿Y qué estrategias se aplican?
López: Hay enormes dificultades en el lenguaje y se está trabajando en eso. Nuestra escuela justo hoy empezó con "trayectorias protegidas", un proyecto de Primaria que apoya a los alumnos desfasados en los aprendizajes básicos de la lengua y la escritura. En la escuela 178 el plan es el siguiente: los maestros de aula atenderán a unos 50 niños desfasados, cuerpo a cuerpo. Mientras eso pasa, el resto de los niños estará en talleres de música, danza, canto o teatro. Cuando los primeros niños terminan su clase especial, se incorporan a un taller de arte.
Alvarez: En mi escuela el mismo programa se aplica diferente. Tenemos una maestra a contraturno, que trabaja con 15 niños de cuarto, quinto y sexto, que -estando en grados superiores- no se desenvuelven con la lengua como uno desearía. Escriben o leen con dificultades.
-¿Y en el turno de la tarde?
Young: Tenemos talleres extra horario, hasta las siete y media de la tarde, de patín, murga, circo, teatro y ajedrez para los niños. Y hay un curso para las madres en peluquería y maquillaje artístico.
Pose: Y estamos con una experiencia linda en los primeros años. Shirley empezó un proyecto hace tres años y yo, como tengo experiencia en la metodología natural integral, la apoyé.
Young: Es un proyecto de abordaje integrado de los dos turnos de la tarde, donde flexibilizamos los grupos, lo que permitió avances en los aprendizajes, en la calidad de la lectura y la escritura. En primer año tenemos tres grupos con niveles de desempeño e intervención docentes distintos, pero algunos niños ya están prácticamente cursando segundo. Si un niño está en un grupo en el que se transita hacia la escritura silábica y él ya logró eso, entonces lo recibe la maestra del grupo que está en el proceso de la escritura alfabética.
Un rato después, Young muestra eso en la práctica. Entra a una clase de primer año, donde buena parte de los alumnos presentan avances pero aún no cumplen metas para pasar de año; algunos repetirán. Luego, entra a otro grupo donde hay niños que se encuentran en un nivel más alto. Muestra un cuaderno a principios de año y ahora: la evolución es evidente. Y, finalmente, pasa a otra clase donde están mezclados alumnos de segundo año con otros de primero que están en un nivel acorde. Young sonríe, sale al patio y cambia de tema: dice que el clima de tranquilidad de hoy es el que hay casi siempre, "acá no hay peleas ni heridos".
-¿Pero cómo fue lo de las balaceras?
López: La del año pasado comenzó con un desencuentro de dos mamás frente a un aula. Intervenimos y separamos. Pero una de ellas entró a la secretaría, tomó una tijera y cortó a la otra. Yo llamé a la policía, solo por eso. Porque parto de la teoría de que estas agresiones entre padres son problemas barriales, no escolares. Luego hubo una balacera fuera del local y se veía desde las ventanas.
Alvarez: A raíz de este entredicho, llegaron otras personas y se produjo un enfrentamiento entre el 222 y tres personas armadas. El 911 respondió rápido. Pero no pudimos prever la situación, estábamos en pleno recreo. Era más peligroso retirar a los niños de la escuela, que dejarlos. Muchos padres nos agradecieron, nosotros -sin hablarnos- hicimos lo que teníamos que hacer, ni más ni menos.
Alvarez dice eso y se emociona, le brillan los ojos. Cuando la entrevista ya terminaba, pide otra vez la palabra y dice que la opinión pública debe saber que "acá hay gente muy comprometida, que brinda lo mejor para que sus niños salgan adelante". Y que los maestros son respetados y queridos en el barrio: "Yo trabajo acá hace 23 años y te lo puedo decir".
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. Cuarenta semanas.

La escuela 92, Arturo Carbonell y Migal, está a pocos minutos de Unidad Casavalle, al lado del Cuarenta Semanas y con una población similar a las otras cinco escuelas. Casi la mitad de los 200 alumnos viven en la rambla costanera sobre el arroyo Miguelete. Según la directora María Elizabeth Machín, cerca de un 70% de los niños son de asentamientos o de poblaciones realojadas de asentamientos, en toda la zona cercana al Cementerio del Norte.
La escuela fue construida en 2010 (antes estaba en otro sitio) y desde ese momento es de tiempo completo. En la puerta hay un pizarrón que dice "bienvenido, welcome" y todo luce ordenado, colorido y limpio. Los salones son luminosos, con amplios ventanales, pero también tienen unas molestas rejas en las ventanas. Y el portón de entrada está casi siempre con el candado puesto, por seguridad.
Las paredes de la clase de los niños de cinco años están tapizadas de mensajes. Por ejemplo, se leen las palabras "valores", "honestidad" y "responsabilidad". También "No: pegar, empujar, tirarse, mojarse, correr, romper, patear, morder, arañar". Y "Sí: saludar, cuidar, escribir, trabajar, juntar, ordenar, jugar". También hay dos "muñecos sexuados", con órganos genitales.
Machín y Piana ven pasar a un niño sin moña y le dicen "la moña, te falta la moña". En la huerta plantan acelga, tomate, romero, cebolla, morrón y perejil. Unos niños trabajan allí y otros posan para el fotógrafo. Dos de ellos se quieren pegar y la directora les pide que estén "contentos, felices".
Ya en su oficina, Machín saca una carpeta con los números de la escuela y dice que en 2010 había una repetición de 37% en primero, "estábamos en alerta roja". La inspectora se agarra la cabeza cuando la directora lee los números. La repetición de primero a sexto era de 14% en 2009 y 12,3% en 2010.
Pero esas cifras bajaron mucho por el trabajo académico, dicen. La repetición en primero bajó a 14,8% en 2011 y 11,5% en 2012. La repetición de primero a sexto bajó a 7, 9% en 2012. Es decir, por debajo del promedio de Montevideo, de 8,5%. ¿Y cómo se logró? Machín habla de un trabajo individualizado que se inició en 2011 cuando ella asumió y se hizo un diagnóstico de cada alumno. Todo el personal docente actual entró a la escuela en aquel entonces y no ha habido rotación, hoy están todos efectivos.
Además, se realizan talleres internivelares, mezclando alumnos de diferentes años. Y se hicieron "promociones extraordinarias": apelando a un mecanismo previsto en Primaria, se pasan niños de un grado a otro en cualquier momento del año, después de una valoración del desempeño. En 2011 se hicieron 10 promociones extraordinarias, y funcionaron bien nueve de ellas. "Si el niño empezó en tercero y la segunda parte del año la hizo en cuarto, para nosotros es exitoso si pasa a quinto a fin de año", explica Machín.
Y hay otros proyectos. Se dan charlas de prevención de accidentes y sobre cómo actuar cuando hay balaceras. Este año hubo dos episodios a unos metros de la escuela. "Ya los niños saben que deben ir al piso cuando se da una señal y la dirección toca el timbre", dice Machín.
-Ahora, ustedes tienen una población parecida a la de otras escuelas. ¿Por qué los resultados son, en apariencia, mejores?
Machín: Es el compromiso del docente, el vínculo con el alumno y el trabajo desde el convencimiento de que el alumno tiene potencialidades.
Piana: Nosotros creemos en el niño, no importa el contexto de dónde provenga. Todos pueden llegar a los mismos conocimientos. Sí se puede.
-¿El de ustedes es un modelo a seguir para otras escuelas en barrios similares?
Machín: Sería pretencioso decir eso.
Piana: Nosotros tenemos esta fórmula, esta forma de hacer escuela, y nos ha dado resultados. Pero hay otras experiencias exitosas.

SEIS DIRECTORAS DE SEIS ESCUELAS EN TRES BARRIOS DISTINTOS

Adriana Álvarez

DIRECTORA DE LA ESCUELA 320 - UNIDAD CASAVALLE
"Hay niños que deben recursar. Se ve la repetición como un fracaso, pero cada uno tiene sus tiempos".

Carmen López

DIRECTORA DE LA ESCUELA 178 - UNIDAD CASAVALLE
"Las agresiones entre padres (como pasó con las balaceras)son problemas barriales, no escolares".

Ángela Fernández

DIRECTORA DE LA ESCUELA 317 - MALVÍN NORTE
"Muchos de nuestros alumnos son los que luego delinquen. ¿Por qué? Porque nadie les da una mano"

Elizabeth Machín

DIRECTORA DE LA ESCUELA 92 - CUARENTA SEMANAS
"Nuestros niños tienen muchos inconvenientes para venir cuando llueve. Una cantidad vive sobre el Miguelete".

Rosario Pose

DIRECTORA DE LA ESCUELA 319 - UNIDAD CASAVALLE
"Hablamos de recursar. Repetir sería repetir todas las mismas situaciones y nunca es así. Siempre hay avances".

Shirley Young

DIRECTORA DE LA ESCUELA 321 - UNIDAD CASAVALLE
"Acá se repite más que en otros lados. Pero no me preocupa: es un indicador engañoso, manipulable".

La elección de las seis escuelas

La elección de las seis escuelas que Qué Pasa visitó fue consensuada con el director de Primaria, Héctor Florit. El jerarca prefirió que en la lista de entrevistas no se incluyera a la escuela 131 de la Ciudad Vieja (la que tuvo repetición más alta en 2012) porque está en proceso de cambio y en 2014 será de tiempo completo, ya que cambió el origen social de los alumnos.

Estímulos visuales y afectivos

La Unidad de Estadística y Evaluación de ANEP elaboró un informe interno donde se rechaza la comparación entre escuelas que Qué Pasa realizó el 3 de agosto. Porque "unos llegan luego de una primera infancia vivida con infinidad de estímulos visuales y afectivos, (...) otros llegan luego de una primera infancia donde las prácticas de leer y escribir sólo ocurren en forma excepcional".

El ranking secreto de las escuelas

-INFORME
El sábado 3 de agosto Qué Pasa publicó "Dos mundos", donde se informaba cuáles son las escuelas con mayor y menor tasa de repetición en Montevideo. Eso en base a las estadísticas de Primaria, que se consiguieron tras apelar a la ley de acceso a la información pública.
-ESCUELAS
En 2012 la escuela con mayor índice de repetición fue la 131, en Maldonado casi Ciudadela (22,9%). La siguió la escuela 317 en Malvín Norte (20,7%). En el otro extremo, están las escuelas 83 y 39, una en Pocitos y otra en Punta Carretas, con 0,51% y 0,55%.

73%

de los niños de la escuela 317 de Malvín Norte son de asentamientos, según un estudio de 2007.

43%

de sus madres tienen Primaria incompleta. Solo el 19% cursó el Ciclo Básico, dice el mismo estudio.

84%

de los niños presenta algún tipo de parasitosis patógena, un índice muy alto a la población.



Dos mundos 
 La repetición refleja la brecha entre los dos Montevideo: el que tiene indicadores similares a Europa y el que tiene indicadores de África. El rico y el pobre. ¿Cuáles son las escuelas con más y menos repetidores y por qué?.


Sebastián Cabrera
En la calle Maldonado, casi Ciudadela, está la escuela 131 República de Chile. Justo ahí donde se unen el Barrio Sur y la Ciudad Vieja. Carlos y Martina, dos niños de nueve años de edad, están sentados en un murito, esperando que sea la hora de entrar a clase. Los dos cursan tercer año pero, en realidad, deberían estar en cuarto. Carlos (su nombre, como el de los demás niños que aparecen en este artículo, es falso) dice que hizo dos veces primero porque no había aprendido a leer ni escribir.
-¿Y por qué?
-Porque me aburre leer. Pero después aprendí -contesta, serio-. Y pasé de primero y de segundo, con sobresaliente.
Martina repitió tercero el año pasado. Aparentemente no logró hacer bien algunas pruebas que eran definitorias. "La maestra me dijo que iba a ver si me pasaba o no... Pero me repitió", cuenta ella.
Otros cuatro niños que a esta hora, un poco antes de la una, juegan entre la calle y la vereda, también han repetido algún año. En esta escuela en pleno centro montevideano -que hasta hace no mucho era una institución casi modelo- en 2012 repitieron 25 de los 109 alumnos que cursaban de primero a sexto en el turno tarde. Eso dicen las estadísticas del monitor educativo de Primaria a las que accedió Qué Pasa tras apelar a la ley de acceso a la información pública. Se trata del 22,9% del total de alumnos, la tasa de repetición más alta de Montevideo. Es mucho: uno de cada cinco. Ese 22,9% está muy lejos del 5,6% de promedio nacional e inclusive del 8,5% de repetición en Montevideo.
Hoy, muchos niños que vienen a esta escuela provienen de familias que viven en pensiones y refugios de Barrio Sur y Ciudad Vieja. También, de hogares del INAU. Y, según cuentan las maestras, en el correr de la última década la mayoría de los vecinos de la zona y muchos afiliados al club de AEBU, fueron sacando a sus niños de esta escuela, porque no querían que convivieran con esos otros chicos que están acostumbrados a un ambiente más marginal.
Esto no se da solo en la 131. En casi todos los barrios hay escuelas que adquieren fama de "complicadas", y muchos las evitan. Otras ganan fama de "buenas", son muy requeridas por las familias y también por los docentes.
La repetición no es el único indicador, pero sí es una las señales que muestra cuando las cosas andan bastante bien o bastante mal. Y refleja la enorme brecha que hay entre los dos Montevideo: el rico y el pobre. En Uruguay la repetición en Primaria se concentra sobre todo en el primer y segundo año de escuela, en los hogares más pobres y en el área metropolitana. Viene acompañada de alto ausentismo y se da más en zonas donde hay otros problemas sociales importantes.
Pero no siempre es un sinónimo de fracaso escolar, dicen muchos maestros. Y explican que la repetición muestra que hay niños que, por su origen y el contexto en el que viven, precisan más tiempo para aprender ciertos conceptos.
Claro, siempre es más fácil tener buenos rendimientos si, a la vuelta a su casa, al niño lo espera una familia que lo contenga y un buen plato de comida. En las últimas décadas, de todos modos, han bajado los índices de repetición en todo el país, debido en parte a políticas como las escuelas de tiempo completo, las escuelas de tiempo extendido y los maestros comunitarios (ver páginas 8 y 9).
Detrás de la escuela Chile en la lista de escuelas con mayor repetición, está la 317 Islas Baleares, en Malvín Norte. Allí los alumnos son, básicamente, de asentamientos. Y esa escuela tuvo la segunda tasa de repetición más alta en 2012: 20,7%. La sigue la escuela 277 en Punta de Rieles, la 167 en la Unión, la 378 en Casavalle, la 9 en La Teja, la 271 en el Cerro, la 227 en Villa Prosperidad, la 319 en Casavalle y la 125 en Peñarol. Son escuelas que tienen tasas de repetición superiores a los promedios del África Subsahariana, 12,9% en 2009.
En el otro extremo, hay escuelas con tasas de repetición similares a los promedios de Europa y América del Norte. Primero está la 83 Martín Echegoyen, en la calle Simón Bolívar entre Silvestre Blanco y Rivera, Pocitos. Dos de 386 niños repitieron en 2012: el 0,51%. Luego la escuela 39, en Ellauri y 21 de setiembre (Punta Carretas) con 0,55%. Dos de 360 repitieron allí. Después, la escuela 3 y 121 en Punta Carretas, la 70 en la Aguada, 366 en Paso de la Arena, 161 en Sayago, 98 en Pocitos, 27 en el Prado y 189 en Carrasco.
Para repetir, antes había un límite del 20% de las inasistencias no justificadas sobre el total de días lectivos. Pero desde hace ya unos años hay cierta flexibilidad respecto a las faltas, que no son en sí misma una causa de repetición. Se estudia cada caso con el maestro y la dirección. Se evalúa qué conviene más: que apruebe o que no apruebe.
En las dos escuelas con más repetición en 2012 (la 131 y la 317) la cantidad de alumnos que faltó más de lo teóricamente permitido (ese 20% de clases) es más alta que la cantidad de niños que repitió, según comprobó Qué Pasa. Y, en cambio, en una las dos escuelas con menos repetidores (la 39) no hubo un solo alumno que haya tenido más de un 20% de faltas.
Las autoridades del Codicen son reticentes a que estos datos -las enormes desigualdades entre las escuelas públicas, vinculadas a la repetición y el ausentismo, entre otros resultados- se informen públicamente porque, como ha pasado en Chile (donde sí se difunden), puede ayudar a que haya centros a los que nadie quiera ir y otros a las que todos quieran ir. Esa estigmatización, de todos modos, ya se da en la práctica. En casi todos los barios, los padres manejan el dato de cuáles son las escuelas con mejores indicadores y las que no los tienen.

Barrio Sur.

La escuela 131 cumplió 102 años. Antes tenía entre sus alumnos a muchos hijos de bancarios. Y artistas que luego fueron famosos -como el pintor José Gurvich, el músico Jaime Roos y el director teatral Omar Varela- pasaron por sus aulas, según cuenta una maestra en una entrevista en la web de AEBU.
Hoy la fachada del viejo edificio luce nueva: hace poco fue pintada y todo está en obras. A unos metros de donde Carlos y Martina esperan la hora de inicio de la clase, dos muchachos más grandes juegan a los golpes, en la mitad de la calle Maldonado. Uno es Marcos, tiene 12 años y pinta de preadolescente. "No descanses, pajero", le grita Joaquín, un compañero al que Marcos le tiró algo que sacó de un contenedor.
Marcos está en sexto y dice que ya sabe que este año repite. Pero luego se arrepiente: "No, no… Me tengo fe". Hasta ahora ha repetido solo segundo. Joaquín dice que él repitió porque se porta mal y encima estuvo un mes enfermo, sin ir a clase. "Así que no sabía nada", resume.
La mayoría de los niños llegan solos, caminando. Unos pocos en camioneta o traídos por los padres. Una maestra que cuida la puerta (y la tiene entornada) sale y le pregunta a los niños si van a entrar al comedor. Le dicen que no. "Yo ya comí", explica Martina.
Allá llega un padre con su hijo, que repitió primero el año pasado. Ellos viven en el Cerro pero él trabaja vendiendo antigüedades en la peatonal Sarandí. Lleva una campera de Peñarol y dice que el problema es que el chiquilín no había hecho el pre-escolar y eso le complicó el primer año. Le parece bien que haya repetido, ahora sí aprendió a leer y escribir.
A las 13.15, Guido, un abuelo, mira cómo su nieto entra a la escuela. El niño lleva la túnica impecable y una linda mochila atrás. Cuando se saludan, se nota el acento chileno. Llegaron este año a Uruguay y Guido es educador, por lo que sabe del tema. Los vecinos del barrio le contaron de la problemática de la escuela y de la alta tasa de repetición. A su juicio, incide una falta de compromiso de las familias de muchos alumnos y opina que "no puede ser" que haya niños de ocho o nueve años que aún estén en primero.
No es la situación de su nieto, un caso raro en esta escuela: como en Chile empiezan antes, él está adelantado. Acaba de cumplir 11 años y ya promedia sexto. En la escuela están asombrados. Mientras él habla, dos muchachitos de 12 o 13 años de edad salen por una ventana que tiene roto el tejido de alambre. Saltan, dan unas vueltas y entran otra vez por la misma ventana. Se ve que no usan la puerta.
Primaria no autorizó a Qué Pasa a ingresar a esta escuela ni a las demás mencionadas en el artículo. Y tampoco autorizó a las directoras a realizar declaraciones. De todos modos, algunos docentes de esta y otras escuelas dieron su testimonio, con la condición de no ser identificados.
Una maestra que trabajó en la escuela 131 en dos períodos distintos dice que esta no es la escuela Chile de antes, cuando -para empezar- había más del doble de alumnos que ahora. Además, convivían niños de distintos estratos sociales. "Acá quedó solo el nivel de más abajo", responde. "Todo lo bueno se fue... Ahora hay mucha problemática social, intelectual y también emocional". Y explica: "Al final casi todos los niños son de las pensiones, de hogares del INAU, de refugios, o de casas ocupadas de la Ciudad Vieja y son niños complicados. También tenemos niños en situación de calle".
Hay alta incidencia de violencia doméstica y mucha rotación: los alumnos cambian bastante de un año a otro porque la población de pensiones y refugios suele ser cambiante. Una maestra que tiene varias décadas de trayectoria dice que las cosas que vio en la escuela Chile no las vio en ningún otro lado, y eso que ha estado en escuelas en barrios muy pobres. "Acá no es solo pobreza. Es miseria humana y dejadez", opina. "No todos, pero sí de muchísimos".
El año pasado casi todas las semanas había que llamar a la Policía comunitaria ante distintas situaciones de violencia, cuenta. "Este año eso se depuró un poco, por suerte", dice la maestra. Igual, todo indica que en 2014 la escuela131 será de tiempo completo.

Malvín Norte.

Cinco policías patrullan a caballo la calle Mataojo, ahí cerca del Instituto Pasteur. A dos cuadras está la escuela 317 Islas Baleares, en la calle Iguá, junto al INVE 16, un complejo de edificios de paredes despintadas. En frente de la escuela está Euskal Erría 70 y a unos metros dos contenedores incendiados y sin tapas. En los alrededores, varios asentamientos. Esta escuela es de tiempo completo desde 2012, cuando repitieron 42 de 202 alumnos, el 20,7%. Pero en primero repitió el 40%. Luego la cantidad de repetidores baja, como pasa en todas las escuelas, hasta llegar a un 7% en sexto.
Son las 8.15. Casi todos los niños, incluso los más chicos, llegan solos, igual que en la escuela 131. Algunos con la túnica sucia y sin moña, otros prolijos. La inmensa mayoría de los niños que pasan por la vereda acompañados de un familiar mayor siguen de largo: van a otra escuela, la que está adentro de Euskal Erría 70. Incluso las familias que viven en el INVE 16 prefieren mandar a los hijos a la escuela de en frente (algunos piden "prestadas" direcciones de vecinos que viven en Euskal Erría).
"Estamos guetizados", dice una maestra de la escuela 317, resignada. La suya es "la escuela del cante".
Tanto es así que cuando se inauguró la escuela 317 en la década de 1990, muchos niños entraban por un hueco al fondo y no por la puerta. Buena parte de la población viene del asentamiento Boix y Merino, del Aquiles Lanza y del Isla de Gaspar, el cantegril más antiguo de Montevideo. Pero no todos son de allí. A esta hora de la mañana, una de las pocas madres que acompaña a sus hijos es del Euskal Erría 70. En rigor, sus dos hijos deberían haber ido a la escuela de ese complejo, pero no había lugar. "Ahora ellos se adaptaron acá, el año pasado los quise sacar y no quisieron", se ríe la mujer.
La alta tasa de repetición en esta escuela tiene una explicación simple. A veces en primer año es más importante enseñar hábitos elementales de higiene (muchos niños no saben siquiera cómo usar un wáter y hasta le tienen miedo) que enseñar a leer o escribir. Es habitual que los niños tengan que cursar dos veces primer año. "A veces hasta tres", reconoce una maestra. Ese es el tope: hacer repetir a un niño más de tres veces seguidas no tiene sentido, coinciden todos.
A Teresa de Armas, una docente de la Facultad de Psicología que visita cada semana la escuela, los alumnos la conocen como "Tere". Y ella cuenta que muchos niños llegan a primero de escuela sin saber diferenciar entre el número dos y el número tres pero sí entre el bronce y el cobre, porque reciclan y salen con el carrito.
O roban. Hace un tiempo un chiquilín llegó un día llorando mucho, decía que estaba gordo y que por eso no podía salir más con los tíos. "¿Qué tienen que ver tus tíos con que estés gordo?", le preguntó De Armas. Resulta que como él estaba más gordo, ya no pasaba por banderolas o pequeñas ventanas y no podía salir a robar.
"Los modelos identificatorios acá son ser narco o chorro", dice la psicóloga. También relata casos de madres de 15 años y niños a los que sus padres les dan Risperidona (un antisicótico que, en rigor, está indicado para la esquizofrenia) o Ritalina (indicado para el déficit de atención por hiperactividad), comprados en la feria, para que "bajen las revoluciones".
Eso sí, el edificio de la escuela está lindo. Los salones fueron reformados y hay un comedor nuevo, a donde también vienen liceales y estudiantes de UTU.
El menú hoy es leche con cocoa y pan con mermelada de desayuno, fiorentina (una especie de carne con verduras) de almuerzo, ojitos a la merienda. Ahora las autoridades y los vecinos buscan recursos para techar la cancha de basquetbol. Y también reciben donaciones de medias.
Porque hay niños que, en pleno invierno, llegan descalzos a clase a las ocho y media de la mañana.

Punta Carretas.

A unos metros del parque de Villa Biarritz, ahí en Ellauri y 21 de setiembre, está la escuela Grecia, la 39. Fue la segunda con menor porcentaje de repetidores en 2012. A las cuatro de la tarde unos 50 niños escuchan sentados al escritor Federico Ivanier en un salón. En la biblioteca, que tiene una enorme televisión de pantalla plana, trabaja el presidente de la comisión fomento, Gustavo Roche. En el patio, algunos chiquilines hacen gimnasia.
Una maestra cuenta que durante 13 años trabajó también en un colegio privado de la zona. "Y te digo que acá competimos perfectamente, si es que no estamos mejor", dice, orgullosa. "Todas las escuelas públicas deberían ser así", sonríe. El contexto, obvio, influye. Los padres acá suelen estar presentes y apoyan a sus hijos. "En esta escuela vienen a consultarte aunque vos no los hayas llamado", dice una maestra. "En otras escuelas los podés llamar todo el año y nunca van a venir".
También hay aportes económicos, que hacen la diferencia: cada familia colabora, en promedio, con 150 pesos, lo que hace unos 63.000 pesos mensuales si se cuenta a los alumnos de jardinera a sexto. Con ese dinero se compran materiales, se hacen obras y se contratan especialistas (psicólogo, profesora de danza y de plástica, profesor de canto). Primaria solo paga el sueldo de la profesora de gimnasia. La diferencia, dice Roche, está en ese compromiso de los padres. "Fijate la hora que es y nosotros estamos acá trabajando", sonríe el presidente de la comisión. Son las cuatro y poco de la tarde y él está haciendo números en la biblioteca porque se viene la rifa anual.
Pero hay otro factor. Cerca del 90% de los maestros son efectivos, hay baja rotación. Claro, las escuelas que están mejor son las más requeridas por los docentes. Y acá los rostros de las maestras reflejan distensión y alegría, lo que contrasta con las caras de tensión, y a veces angustia, en la 131 y en la 317.

Pocitos.

Faltan 20 minutos para las cinco de la tarde y ya hay unos cuantos padres esperando en la puerta de la escuela 83, en la calle Simón Bolívar. Esta es la escuela que en 2012 tuvo menor repetición de Montevideo: solo repitió un niño en primero y otro en segundo de los 386 que cursaron de primero a sexto.
Ricardo y Eduardo son dos padres que están esperando a sus hijos, mientras charlan en la vereda. Los dos son del barrio y eligieron esta escuela porque sabían que era buena. Dicen que lo mejor es la dirección y el plantel docente, que rota poco. Lo mismo cuenta el cantante Eduardo Larbanois, quien vino a buscar a su hija Luana, de siete años, a quien apenas se le ve la cara por la bufanda. "Ta divina la escuela", sonríe Larbanois.
Unos metros más allá está Noelia Campo, la actriz y conductor de televisión. Ella vino a esta escuela de chica y ahora trae a su hijo Valentín, un inquieto rubiecito que está en segundo año. Campo lo sigue con la vista, mientras él corre de un lado para el otro. Después le roba las llaves del auto.
Ella le pide que se quede un poco quieto y, sin perderlo de vista, resume las bondades de la institución: está en un barrio con un contexto económico favorable, es una escuela "de práctica" (por lo que, en cada clase, hay practicantes además de maestras), los padres están presentes en las decisiones, participan en las reuniones y en actividades.
Campo toma de la mano a su hijo y enfilan hacia el auto. Guzmán, otro padre, todavía espera que salga el nene, que está en sexto. Él no sabía que esta es la escuela con menor repetición de Montevideo pero tampoco le asombra el dato, porque en las clases en las que estuvo su hijo nunca ha repetido nadie. Ni uno.
"Yo soy hincha de la escuela pública", dice Guzmán. Eso sí, no es lo mismo ser hincha de la escuela pública en Simón Bolívar y Silvestre Blanco que en Iguá y Mataojo.


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Ver cuáles son las 10 escuelas con tasa de repetición más alta y las diez con tasa más baja en un mapa ampliado

EL COMEDOR HACE LA DIFERENCIA

La sexta escuela con menos repetidores el año pasado fue la 366 en Ortiz y Camino Cibils, Paso de la Arena. El dato sorprende porque no está en una zona de clase alta o media-alta. Allí el año pasado repitieron dos de 178 alumnos. Una maestra de esa escuela dice que un factor diferencial es que allí no hay comedor y por eso la selección es natural.
"Los padres acá se preocupan mucho", cuenta. "No hay solo un chiquilín que venga despeinado o en mal estado. Todos vienen preciosos".

ESCUELAS SIN UNO SOLO REPETIDOR

El año pasado no hubo ninguna escuela pública montevideana con cero repetidor. En el interior es más común que haya escuelas "cero repetidor" y en 2012 una de ellas fue la 120 de Salto, que tiene 404 alumnos. En el interior, además, es menos habitual encontrar una brecha tan grande entre escuelas como la que existe en el área metropolitana.
Respecto a la escuela 120 de Salto, el director de Primaria, Héctor Florit, dijo al programa No toquen nada de Océano FM que parte del secreto es que tiene una estrategia de acompañamiento individual a unos 56 niños en situación de riego. "Esos niños participan en diversos grupos. Porque si la dificultad de un niño es la lectoescritura, quizás pase una parte de la jornada en primero o en segundo", explicó Florit.

¿Y LAS ESCUELAS PRIVADAS?

La Asociación Uruguaya de Educación Católica no tiene estadísticas sobre repetición pero su director, Marcelo Fontona, dice que el índice de promoción es alto en los 150 colegios afiliados, "incluso en los barrios más humildes". La otra agremiación (Asociación de Institutos de Educación Privada) no respondió la consulta.

TRES DÉCADAS ATRÁS

Yo fui a la escuela 131

Gonzalo Terra (*)
Hace 30 años los amplios y luminosos salones de la escuela 131 República de Chile recibían a niños de todas las clases sociales. Sin contar las excepciones, los humildes hogares de la Ciudad Vieja y la Aduana, muchos de ellos monoparentales, eran los que nutrían de niños el turno de la mañana. Hijos de trabajadores, de desempleados o de prostitutas. Cursé los primeros años en ese turno, hasta que el asma obligó a las autoridades a concederle a mi madre el reclamado -y postergado- pase a la tarde, donde nunca había lugar. El turno vespertino me mostró otra cara. Había decenas de hijos de bancarios que por la mañana concurrían al club deportivo de AEBU, a tres cuadras de la escuela, y que hasta allí eran trasladados en bañaderas. Y compartí aula con hijos y nietos de políticos y embajadores.
La diferencia entre el capital cultural y económico de un turno a otro era enorme, pero la exigencia del cuerpo docente era pareja para todos. En aquel entonces la Escuela Chile garantizaba educación. No sé qué pasó en los últimos 30 años, pero hoy vivo a tres cuadras de allí y, como muchos excompañeros de clase, elegí un colegio privado para mi hija.
(*)Subeditor de la edición Nacional de El País

FERNANDO RAVSBERG La Habana 14/09/2013 
Cuba, donde saber no cuesta nada 
Es el único país de Latinoamérica donde todos los niños y niñas en edad escolar van al colegio y la enseñanza es gratuita, incluyendo la universitaria, la artística y la especial

Esta semana más de dos millones de cubanos acudieron a las aulas para iniciar o continuar sus estudios. Se trata de la sexta parte de la población de la isla y está compuesta por niños, jóvenes y hasta abuelos. Cuba es el único país de América Latina en el que todos los chicos en edad escolar, sin excepción, van a la escuela, donde toda la enseñanza es gratuita, incluyendo la universitaria, la artística y también la especial, para aquellos niños que sufren minusvalías.
Estudiar en Cuba es bastante fácil, no se paga matricula ni siquiera en la universidad y los libros son entregados gratuitamente por cada escuela, secundaria, preuniversitario o facultad, con el único compromiso de devolverlo en buen estado al finalizar el curso escolar. Hay universidades en todas las capitales provinciales y estas cuentan con residencias gratuitas para albergar a los estudiantes que viven en el campo. Semejantes facilidades masificaron la enseñanza y transformaron la economía nacional.
 Hoy los mayores ingresos de Cuba provienen de la venta de servicios profesionales, médicos, maestros, ingenieros, entrenadores deportivos y un largo etc.. Pero la historia comenzó en los primeros años de la revolución, cuando la educación se convirtió en prioridad de la nación y se impulsó una campaña de alfabetización masiva que llegó hasta los lugares más intrincados de las montañas para enseñar a todos los cubanos a escribir y leer. Fue el cimiento sobre el que se construyó un sistema general de educación que graduó a más de un millón de profesionales.
La enseñanza primaria hasta 9º grado es obligatoria y se considera un derecho de la infancia, al punto que incluso sus padres tienen la obligación de respetarlo. Los trabajadores sociales vigilan que todos los niños acudan a la escuela y no enviarlos puede implicar la perdida de la custodia del menor. Para estos casos y otros de desamparo filial existen escuelas-residencia donde el Estado les garantiza la manutención hasta los 18 años o más si están estudiando en la universidad.
Durante la crisis económica de los años 90, cuando desaparecieron todos los socios comerciales de Cuba de un día para otro, la educación fue uno de los sectores que más sufrió. Miles de maestros dejaron las aulas en busca de mejores salarios, sus sustitutos no tenían la preparación adecuada y los centros docentes se deterioraron fiscalmente. Sin embargo, nunca se quedaron niños sin escuela, ni siquiera los que viven en las montañas, donde las aulas funcionan con paneles solares porque no hay electricidad.
 En estos momentos las reformas también llegan a la educación en Cuba, pretenden hacerla sostenible, con un uso más racional de los recursos. Se vincula la universidad a las posibilidades de la economía cubana, lo cual quiere decir que se dejarán de formar filólogos para que terminen de porteros de hotel, mientras el país necesita médicos, ingenieros, carpinteros o albañiles. En ese sentido aumentan las plazas en los tecnológicos y se crean escuelas de oficios donde poder formar mano de obra especializada, una especie casi extinta en el país.
Dentro de esos cambios se le da un especial impulso este año a la formación de médicos y trabajadores de la salud, hay 80.000 alumnos, 10.000 de ellos extranjeros que estudian también de forma gratuita. Esta inversión cubana es bastante lógica dado que la venta de servicios médicos en el extranjero representa el mayor ingreso del país, mucho más que el turismo y las remesas familiares juntos. La reciente contratación de 4.000 galenos para Brasil parece indicar que también en el futuro continuará siendo el sector económico más importante.
Pero más allá de las dificultades, las crisis y los cambios, lo cierto es que este año se mantienen todos los cursos regulares, 800 niños recibirán clases profesionales de ballet sin que les cueste un centavo, seguirá funcionando la Universidad del Adulto Mayor para que los abuelos inicien estudios de todo tipo y decenas de miles de chicos con minusvalías acudirán a las escuelas especiales, donde se les enseña a descubrir sus habilidades y a sacar el máximo partido de ellas.




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