jueves, 22 de octubre de 2015

El testimonio de Guianze en Roma

El ex militar uruguayo Jorge Néstor Troccoli


El exfusilero naval no se presentó

Caso Troccoli: Guianze testificó en Italia

La Justicia italiana celebró ayer una audiencia del proceso Cóndor, que estuvo centrada en el exmilitar uruguayo Jorge Néstor Troccoli, residente en el país europeo desde 2007 y uno de los 30 imputados en este juicio


En la vista, de la que se ausentó Troccoli, testificó la que fuera fiscal, Mirtha Guianze, quien explicó la situación judicial del exmilitar en Uruguay, del que, cuando iba a ser juzgado en 2007, escapó hacia Italia, cuya nacionalidad adquirió.
También estuvieron presentes algunos testigos de las presuntas torturas del exmilitar del Fusna (Cuerpo de Fusileros Navales), como Rosa Barreix, antigua integrante de los Grupos de Acción Unificadora (GAU, movimiento de izquierdas que intervino en la fundación del Frente Amplio, coalición que hoy gobierna en Uruguay), quien fue secuestrada y torturada en noviembre de 1977.
También testificó la edila del MPP, Cristina Fynn, detenida durante la dictadura (1973-1985) por su pertenencia al Frente Amplio -entonces clandestino- y quien aseguró haber visto a Troccoli durante las sesiones de tortura.
Esta declaro que el proceso es “una oportunidad” para acercar a las víctimas “a la verdad” y que en la medida en que eso suceda “podrá haber justicia”.
“Confío en la Justicia y en los representados del pueblo italiano, que sepan ayudarnos a encontrar la verdad a los latinoamericanos”, concluyó. Troccoli sí había acudido a la primera audiencia del proceso Cóndor en Italia, que juzga el asesinato de varios ciudadanos italianos en el marco de la operación homónima en América Latina entre las décadas de 1970 y 1980.





Miércoles 21 • Octubre • 2015

Cara conocida

En juicio en Roma, Mirtha Guianze y Cristina Fynn ratificaron responsabilidad de Tróccoli en crímenes de la dictadura. 
Cuando a las 10.00 comenzó el llamado de todos los imputados por el juicio del Plan Cóndor en la III Corte de Asís de Roma, no se encontraban presentes ni el capitán de navío retirado Jorge Tróccoli ni sus abogados, que llegaron tarde. Muchos esperaban que Tróccoli, imputado por el asesinato de ciudadanos ítalo-uruguayos y prófugo en Italia, se presentara en la audiencia de ayer, en la que estaba prevista la declaración de la fiscal que estuvo a cargo en Uruguay del juicio en su contra, Mirtha Guianze. Pero no fue así, y su abogado, Francesco Saverio Guzzo, interpelado por la diaria sobre la posibilidad de que el marino se presente en el Aula, dijo que “lo están pensando”.
La propia Guianze, quien actualmente integra el Consejo Directivo de la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo (INDDHH), dijo a este medio que le gustaría “encontrarlo, tenerlo frente a frente, porque él estuvo conmigo en declaraciones y ahora tendría que desmentir lo que dijo. De todas maneras, voy a regresar acá el 30 [de octubre]”, prometió.
El testimonio de Guianze duró más de cuatro horas. El abogado Luca Ventrella, que representa al gobierno italiano, y la fiscal Tiziana Cugini se alternaron en preguntas y pedidos de datos sobre el funcionamiento de la coordinación entre el Organismo Coordinador de Operaciones Antisubversivas (OCOA) y el cuerpo de Fusileros Navales (Fusna), sobre el rol y las responsabilidades de un S2 (oficial a cargo de servicios de inteligencia), sobre las relaciones entre la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA), de Argentina, y el Fusna en el marco del Plan Cóndor. Después se pasó a las responsabilidades directas de Tróccoli y Juan Carlos Lacerbeau y la alternancia entre los dos como S2 en el Fusna. La posición de Tróccoli fue examinada a partir de su legajo personal, en el que constan referencias de oficiales argentinos. Relata Guianze que “la apreciación que se le hizo a ese oficial [Tróccoli] no sólo en Puerto Belgrano, sino también en Mar del Plata y en la ESMA, deja constancia de que él fue calificado por el grupo 3.3, que en la ESMA se dedicaba a la represión y a los servicios de inteligencia. Quienes firman esas evaluaciones son los más terribles oficiales argentinos que ya han sido enjuiciados en su país: el capitán de corbeta Luis D’Imperio, el capitán de navío Horacio Estrada y el contraalmirante José Antonio Suppicich”. Guianze nombró a los testigos que vieron a Tróccoli en la ESMA y en el Fusna en los días más oscuros de la represión, y documentó sus viajes a Argentina a partir de su legajo y de otro material encontrado en diferentes investigaciones.
Guianze refirió también cómo el marino Tróccoli desapareció de Uruguay dos días antes de declarar en el procedimiento en contra de él y de Lacerbeau: “Cuando fuimos a buscarlo y no lo encontramos, su abogado nos dijo que había sido contratado para llevar un barco a Brasil y que no nos preocupáramos, que iba a regresar. Él ya se había fugado a Italia. Sobre la base de las mismas pruebas, Lacerbeau ha sido condenado a 25 años de prisión”.
Testimonios
Luego fue el turno del testimonio de Cristina Fynn, que en 1977 era funcionaria del Centro Cooperativista del Uruguay y asistente social. Recordó detalles increíbles: la hora de su detención, “el 6 de diciembre de 1977 a las 15.30”; la vestimenta de la persona que fue a buscarla a su lugar de trabajo, “una persona joven, de sexo masculino, vestido de manera similar a un militante: jeans, camisa escocesa, campera de cuero”; el olor a mar y el empedrado en el suelo, que le permitieron concluir que se encontraba en una zona cercana al puerto de Montevideo. “Me asediaban todo el tiempo con insultos, amenazas de desaparición y violación. […] El mismo día de la detención me llevaron por unos corredores, me subieron por una escalera de hierro y me desnudaron. Me colgaron de unos ganchos, me pusieron bornes de electricidad en los pezones, en la vagina, en los dedos de los pies, y empezaron a interrogarme. Eso sucedió varios días. […] Me llevaron a una celda que llamaban ‘La heladera’ y después a otra celda que llamaban ‘La sangre’, que tenía una ventana alta. Sentía ruidos, pasos de botas de militares. No lograba entender los discursos, pero uno de los nombres que escuché era ‘Federico’. Después supe que era el alias de Tróccoli. […] En las últimas semanas de febrero me llevaron vendada hacia un lugar en el mismo Fusna, donde me hicieron sentar y me dijeron que me bajara la venda. Frente mío veo a una persona de sexo masculino, con uniforme de Fusileros Navales, que me hace firmar un acta […] Era la primera cara que veía en tres meses, porque siempre estuve vendada, y no puedo olvidarla. En 1996, cuando el nombre y las fotos de Tróccoli se hicieron públicos a través de la nota de Posdata, identifiqué a aquella persona: era Jorge Néstor Tróccoli”.
Otro testimonio de la jornada de ayer fue el de Rosa Barreix, detenida en el Fusna a fines de noviembre de 1977. “En cierto punto yo no aguanté más y accedí a declarar. […] A partir de ese momento, en varias oportunidades, Tróccoli y otros entraban en mi celda, me hacían sacar la venda y hablábamos de par a par”. Barreix hace un esfuerzo muy grande para contar lo que le pasó. Refiere que durante una de las primeras sesiones de tortura ella señaló que estaba embarazada. “Todas dicen lo mismo”, dijo una voz que después reconoció como la de Jorge Néstor Tróccoli. Luego se comprobó que ella estaba realmente esperando un niño. Barreix relató que el mismo Tróccoli le dijo que en Buenos Aires habían caído sus compañeros y que vio a José Gavazzo en el Fusna. Después de eso no hubo más tiempo. La audiencia de hoy se reanudará con la continuación del testimonio de Barreix.


Guianze sobre falta de apoyo del Estado a testigos de juicio en Roma

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>>> La logía de los Peirano: Propaganda Due

“Cuando en Italia se habla de Uruguay y de su dictadura, de inmediato surge la historia de las operaciones de la Logia Propaganda Due (P2) que en los años de los gobiernos militares en el Cono Sur tenía una de sus sedes de operación política y financiera en Montevideo”, sostiene un periodista italiano que fue entonces corresponsal en Uruguay.
La observación se confirma en una serie de artículos publicados por la prensa italiana en las últimas semanas, desde que Tróccoli fue detenido por orden de la jueza Luissana Figliola por un pedido del fiscal Gianncarlo Capaldo, quien indaga desde hace ocho años los crímenes contra descendientes de italianos en el marco del Plan Cóndor.
Con el arresto de Tróccoli, el fiscal Capaldo logró que se reactivara un caso que había quedado encajonado en la Justicia italiana y pudo desempolvar una orden de captura sobre 140 represores de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, donde los ciudadanos italianos fueron desaparecidos. En toda la región hubo repercusiones.

La marca de la P2

La Propaganda Due es una Logia masónica que adquirió total poder en Italia y se expandió hacia Sudamérica durante los pontificados de Pablo VI (1963-78) y Juan Pablo II (1978-2005), en los que el “Instituto per le Opere di religione” se convirtió en fachada de operaciones de lavado de dinero de la mafia a través del Banco del Vaticano.
Las historias de corrupción, que incluyen la sospechosa muerte de Juan Pablo I (1978), señalan al arzobispo norteamericano Paul Marcinkus, quien al frente del banco papal se asoció con el banquero Michele Sindona y con el jefe del vaciado Banco Ambrosiano, Roberto Calvi, quienes realizaron misteriosas inversiones con el dinero del Vaticano.
Sindona terminó preso por desfalco y fue envenenado con cianuro en una cárcel de alta seguridad. Calvi apareció colgado bajo el puente Blackfiars del Támesis en Londres. En ambas muertes se ha marcado la responsabilidad de la Propaganda Due, la logia creada por el “venerable” Lucio Gelli, aún preso hoy en una cárcel italiana.

Dinero de la Logia

La pasión y debate que en 1973 provocó entre democristianos gobernantes y comunistas opositores de Italia el golpe de Estado en Chile no se repitió tres años después, cuando se inició la dictadura en Argentina. Isabel Perón no era Salvador Allende, sintetiza el periodista Mauricio Mateuzzi en un artículo de “Il Manifiesto”.
Mateuzzi recuerda que en esos días la Logia P2 de Lucio Gelli compraba “Il Corriere Della Sera” para iniciar su más fuerte industria financiera con intereses en Argentina, donde adquirieron el Grupo Rizzoli y la Editorial Abril. La dictadura argentina fue una aliada de la Logia de Gelli en cuyas listas aparecía buena parte del gobierno italiano.
En Uruguay, Gelli también dirigía inversiones a través de su socio Humberto Ortolani quien instalaría en Montevideo la Banca Financiera Sudamericana (Bafisud) y entre inversiones agropecuarias y financieras sería uno de los fundadores de la pesquera Astra SA. El Bafisud quebró y la terminal de La Paloma terminó estatizada.

Los socios de Gelli

Cuando Licio Gelli desembarcó en el Cono Sur, las dictaduras le abrieron las puertas. Para el general Alfredo Stroessner, Gelli era anticomunista y por lo tanto aliado. En Chile, se asoció con el general Manuel Contreras. En Argentina, con José López Rega (y su Triple A) y con el almirante Emilio Eduardo Massera, ambos integrados a la P2.
En Uruguay, Gelli operaba desde la sede de Orden de Malta, la empresa Promociones y Servicios del Edificio Artigas y se había asociado con importantes estudios jurídicos. Los generales Julio César Vadora, Luis Queirolo, Eduardo y Rodolfo Zubía, entre otros, lo ampararon, a diferencia del general Gregorio Alvarez, quien dejó morir el Bafisud.
En 1981 el inspector Víctor Castiglioni de la Dirección Nacional de Información e Inteligencia (DNII) comandó un allanamiento en Carrasco en que se incautó el archivo de la P2, donde figuraban los miembros uruguayos de la Logia. Esa lista negociaron en sucesivas visitas los primeros ministros italianos Giulio Andreotti y Bettino Craxi.

De Gladio al Cóndor

Licio Gelli había participado de la Operación Gladio, una organización terrorista secreta anticomunista creada en Europa Occidental luego de la segunda guerra mundial, con financiación de la CIA norteamericana y el M16 británico para generar una “estrategia de tensión” que impidiera el acceso al poder de gobiernos comunistas o socialistas.
En Gladio, Gelli conoció al neofascista Stefano Delle Chiaie (Avanguardia Nazionale) y al terrorista ultraderechista Vincenzo Vinciguerra, quienes participarían directamente en uno de los más importantes atentados elaborados por la coordinación represiva del Plan Cóndor: el intento de homicidio contra el chileno Bernardo Leigthon en Roma en 1974.
Entre 1973 y 1976 los represores uruguayos (OCOA y SID) actuaron en Buenos Aires en coordinación, primero con la Triple A de Rega y luego con el Batallón 601 que comandaba el general Guillermo Suárez Mason, miembro de la P2. En 1977, Tróccoli operó desde el Fusna con el propio Emilio Massera, cabecilla de la P2 en Argentina.

¿Ayuda diplomática?

Cuando era evidente su procesamiento, junto al dictador Gregorio Alvarez y su camarada de armas Juan Carlos Larcebeau, el capitán Tróccoli decidió fugar a Italia. No compareció en el último interrogatorio judicial y fue requerido internacionalmente por el juez penal Luis Charles. Su abogado, Gastón Chaves, dijo que estaba embarcado.
Tróccoli había comenzado a tramitar la nacionalidad italiana en 1996, apenas fue denunciado como represor del Fusna en la revista Posdata, pero un año antes había acompañado al embajador uruguayo en una supuesta “misión oficial”. El embajador uruguayo en Italia era Julio César Lupinacci, el embajador ante Caracas cuando el secuestro y desaparición de la maestra Elena Quinteros de la Embajada de Venezuela en 1976.
Diplomático de la dictadura, Lupinacci fue quien en 1993 envió desde Italia una foto de la última víctima del Plan Cóndor, el chileno Eugenio Berríos, quien aparecía “vivo” en Milán tres meses después de muerto. Lupinacci casualmente fue embajador ante Chile, Naciones Unidas, Argentina y en 2000, Jorge Batlle lo designó en el propio Vaticano.

La causa de Capaldo

El fiscal Gianncarlo Capaldo comenzó a indagar sobre los italodescendientes desaparecidos en Sudamérica a fines de los años noventa, al igual que su colega español Baltasar Garzón, cuando en los países que habían sufrido las dictaduras se habían impuesto leyes de amnistía, obediencia debida y punto final.
Desde 1999 se comenzaron a presentar los primeros casos de uruguayos que incluían a Daniel Banfi, asesinado en 1974, Bernardo Arnone, Gerardo Gatti, Juan Pablo Recagno, desaparecidos en 1976 y Andrés Bellizzi desaparecido en 1977. Capaldo viajó a Argentina y Uruguay en 2002, pero no tuvo apoyo de ambos gobiernos.
Tróccoli pudo fugar a Italia para evitar la extradición por su condición de ciudadano, pero es probable que no supiera que en la causa de Capaldo se habían agregado los casos de Edmundo Dossetti, Iliana García Ramos, Julio César D´Elía, Yolanda Casco, Raúl Borrelli y Raúl Gambaro desaparecidos en 1977, cuando él operaba en el Fusna.

La “conexión” Tróccoli

Suponer que el capitán de navío Jorge Tróccoli haya logrado una “conexión” con los resabios de la Propaganda Due para escapar de la Justicia uruguaya y ser sobreseído ante las leyes de Italia, parece tan improbable como haber creído treinta años atrás que existía una coordinación internacional represiva financiada por una logia masónica.
Tan improbable como que se lleguen a esclarecer los verdaderos entretelones que la logia de Lucio Gelli tuvo (¿y tiene?) en Uruguay desde los años de la dictadura y durante los sucesiv
os gobiernos electos en los que nunca se reveló ni lo ocurrido con las cuentas del Bafisud, ni con el contenido del archivo de la P2 y sus miembros uruguayos.
En Italia, sin embargo, la sombra de la P2 sigue latente y su fantasma suele aparecer en la prensa cada vez que en los tribunales superiores de Justicia se concretan sentencias dudosas que suelen beneficiar a sospechados de integrar grupos mafiosos económicos o políticos, o casos de corrupción que todavía no se han aclarado.

Un mal antecedente

El periodista Claudio Tognonato en “Il Manifiesto”1 (27/12/07) recuerda que no es la primera vez que la policía italiana arresta a un represor sudamericano. El 6 de agosto del año 2000 había sido detenido el argentino Jorge Olivera requerido por la Justicia francesa por la desaparición de Marie Anne Erize, en Buenos Aires en octubre de 1976.
Olivera, ex mayor del Ejército argentino, abogado y vinculado a la P2, dirigió un campo de concentración en la Provincia de San Juan y se vanagloriaba de haber sido el primero en violar a la desaparecida francesa. En 1985 llegó a ofrecerse como abogado defensor del nazi Eric Priekbe, cuando el criminal de guerra fue detenido en Bariloche.
Sin embargo, el 18 de agosto de 2000, la Cuarta Corte de Apelaciones de Roma emitió en secreto una imprevista sentencia de excarcelación y Olivera, que estaba detenido, como hoy Tróccoli, en la cárcel de Regina Coeli de Roma, pudo escapar de Francia al embarcar en un avión a Buenos Aires. Tróccoli, al menos, no podría regresar a Uruguay.







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