sábado, 29 de octubre de 2011

Homicidios muy especialmente agravados


Teledoce, 29 oct 2011 Gavazzo, Arab, Medina, Gilberto Vázquez y Silveira comparecieron ante el juez Salazar y fueron procesados por homicidio muy especialmente agravado

Por otro lado un grupo de ex – presas políticas denunció torturas y violaciones durante su prisión en la dictadura.

A su vez, el juez Eduardo Pereyra procesó con prisión a dos militares retirados por el asesinato de Gerardo Alter en 1973.

El caso había sido incluido en la ley de caducidad en el primer gobierno de Sanguinetti, pero fue excluido en la administración Vázquez.

Torturadores amenazan a Rivero
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28/10/2011
Violaciones sexuales y tortura
Ex presas políticas presentan denuncia masiva por abusos sexuales
La demanda es contra más de 100 policías, militares, médicos y enfermeras. Afirman que fueron violadas, desnudadas y amenazadas en la dictadura.



Un grupo de 28 mujeres detenidas en la dictadura militar presentaron esta tarde una denuncia contra más de 100 policías, militares, enfermeras e incluso médicos por torturas y abusos sexuales en los diferentes establecimientos de reclusión así como en el Hospital militar.

Las mujeres denunciantes eran militantes del Partido Comunista, del MLN y/o sindicalistas

Según la denuncia, estas personas "tuvieron activa participación durante la detención y prisión de las denunciantes en los distintos establecimientos carcelarios, siendo todos ellos responsables directos e indirectos por acción u omisión de la comisión de delitos calificados como de lesa humanidad cometidos en forma sistemática y planificada".

Las denunciantes aseguran que se realizaban prácticas tales como la desnudez, la introducción de objetos en la vagina y ano, tocamientos, así como insultos degradantes y amenazas por la sola condición de ser mujeres llegando en muchos casos a la consumación de la violación.

Además se mencionan las torturas: plantones, picana, submarino, entre otras.

El abogado denunciante, Federico Álvarez Petraglia, asegura que este tipo de prácticas afectó no solamente su integridad física y mental sino también "su derecho a la dignidad".

" La conducta desarrollada por los denunciados formó parte de un plan sistemático orquestado por quienes detentaban el poder en forma ilegítima cuya finalidad era la destrucción física, moral y psicológica de las detenidas con particular énfasis en su condición de mujeres, menoscabando su integridad física y mental y su dignidad", dice el documento.

El abogado entiende que "las detenidas eran doblemente victimizadas, tanto por su ideología como por su condición de mujer, utilizándose su cuerpo como un botín de guerra".

Esta es una de las primeras denuncias en nuestro país en la que se hace explícito el abuso sexual como parte de la tortura.

Hace un mes el juez Sergio Torres dictó los primeros procesamientos por abusos sexuales en centros de reclusión en Argentina.


Vea el texto de la denuncia

 
Juzgado. Los represores buscaban "morbosamente el placer", sostienen las denunciantes.

Los represores buscaban "morbosamente el placer"

Sábado 29 de octubre de 2011 |
Los torturas físicas y psicológicas y los delitos sexuales cometidos contra 28 ex presas políticas forman parte de una nueva denuncia penal, por las violaciones a los derechos humanos perpetrados por decenas de agentes del Estado, durante la última dictadura cívico-militar.
La denuncia narra los ilícitos perpetrados por agentes estatales, hombres y mujeres, contra las mujeres detenidas por motivos político-ideológicos, en varias unidades militares, como el Penal de Punta de Rieles, el centro clandestino de detención “300 Carlos”, el Regimiento de Caballería Nº 9, el Establecimiento La Tablada y el Batallón de Infantería Nº 5 de Mercedes, entre otros.
“Los denunciados tuvieron activa participación durante la detención y prisión de las denunciantes en los distintos establecimientos carcelarios, siendo todos ellos responsables directos e indirectos, por acción u omisión, de la comisión de delitos calificados como de lesa humanidad cometidos en forma sistemática y planificada consistentes en delitos sexuales y torturas, afectando su integridad física y mental y su derecho a la dignidad”, expresa el escrito promovido por los abogados Federido Álvarez Petraglia y Martha Scarpita, al cual accedió LA REPÚBLICA.
La conducta de los represores tenía como finalidad “la destrucción física, moral y psicológica de las detenidas con particular énfasis en su condición de mujeres”, mediante un menoscabo de su integridad con prácticas como “la desnudez, la introducción de objetos en la vagina y ano, tocamientos (…) llegando en muchos casos a la consumación de la violación”, agrega. “De lo sumariamente expuesto se desprende que las detenidas eran doblemente victimizadas, tanto por su ideología como por su condición de mujer, utilizándose su cuerpo como un botín de guerra”.
Los represores buscaban “morbosamente el placer” con estas prácticas, por cuanto “no se contentaban con utilizar mecanismos reñidos con la ley para obtener información, sino que por el contrario disfrutaban perversamente de sus acciones”, expresa.
En este sentido, “la violación sistemática de los derechos humanos de las detenidas con particular énfasis en su condición de mujeres se traduce indudablemente en violencia de género ejercida por agentes del Estado”.
Por tanto, el escrito solicita la categorización de los crímenes como delitos de lesa humanidad y, por ende, imprescriptibles, en virtud de los preceptos del derecho internacional de los derechos humanos y de violencia sexual contra las mujeres.



28 oct 2011
   Que nadie festeje

No hubo celebración. Ni manifestaciones ni nada. Apenas el coro de “nunca más” en las barras del Palacio Legislativo. Sí, es verdad: la legislatura 47 restableció el equilibrio de poderes al corregir el enorme error que había cometido la legislatura 42, luego de 9.075 días con sus noches, casi 25 años, durante los cuales reinó la impunidad, es decir, la injusticia, introducida por la peor ley de la historia uruguaya. ¿Qué habría que festejar? ¿Acaso todo este trámite le hace olvidar a alguien las muertes, las torturas, las desapariciones, los maltratos? ¿Los partos en cautiverio? ¿La búsqueda infructuosa de hijos e hijas, madres y padres, hermanas y hermanos? ¿Los vínculos rotos? ¿Hay que festejar la posibilidad de que algunas decenas de viejos de mierda vayan a la cárcel? ¿Hay que festejar la dolorosa conciencia de una sociedad dividida en dos mitades casi iguales, que se acusan una a otra de antidemocráticas?

También tuvo que ver lo largo, sinuoso y cuesta arriba del camino recorrido. El cansancio de las mentes y los cuerpos aplacaba cualquier ánimo festivo. Un referéndum, un plebiscito, varias iniciativas legislativas, congresos eternos del hoy gobernante Frente Amplio que borraban de los programas la desactivación de la impunidad o ni siquiera la preveían. Recolecciones de firmas. Discusiones agrias.

Al final, es posible que la solución alcanzada el jueves de madrugada haya sido la mejor de todas las intentadas, mejor que la derogación de la Ley de Caducidad fracasada en 1989, que el proyecto de ley interpretativa discutido en la legislatura pasada, que la anulación derrotada en las urnas en octubre de 2010 y que el segundo proyecto interpretativo, aquel que naufragó en mayo. Para desactivar el mamarracho jurídico aprobado el 22 de diciembre de 1986 no había herramientas sencillas. Ese paquete atado con alambre por un Poder Legislativo al que apresuraba la prepotencia militar, sólo podía ser liberado a lo bruto y lastimándose las manos. Pero por más fisuras que tuviera cualquiera de esas iniciativas, ninguna de ellas adolecía de una invalidez jurídica tan flagrante como la propia Ley de Caducidad. Igual, ¿da para festejar?

No hay nada que festejar porque el Frente Amplio y, en general, todo el bando que defendía la perennidad de la justicia debió disimular esas fisuras. Y porque ya está pagando el costo político de contradecir dos consultas populares en aras de consagrar principios democráticos y humanos fundamentales. No hay nada que festejar porque, con sus argumentos, el Partido Nacional y el Partido Colorado desataron cucos tan viejos que hasta el mismísimo senador Pedro Bordaberry se vio obligado a pedir disculpas. Que se menten los editoriales publicados en febrero de 1973 por el diario comunista El Popular sobre los entonces futuros golpistas, o el no procesamiento de los delitos de sangre cometidos por tupamaros exiliados y amnistiados en 1985 (¿acaso alguien prefería que regresaran para someterse a la picana?) da tantas ganas de festejar como asistir a un baile de zombies de verdad.

Pero, sobre todas las cosas, no había ni hay nada que festejar todavía porque hay desaparecidos que no aparecen, porque se desconoce la causa de muchas muertes, porque los torturadores se cruzan en la calle con los torturados sin haber sido castigados, porque hay uruguayos y uruguayas que vivirán tristes hasta el último suspiro por todo lo que sufrieron. Y porque las desapariciones, las muertes, las torturas y el sufrimiento no son festejables. La condena de los delincuentes, tampoco. Los gavazzos y los goyos y los pajaritos están donde tienen que estar, no para que festeje nadie.

No hay nada que festejar porque, después de cinco períodos de gobierno y medio, las Fuerzas Armadas nunca manifestaron arrepentimiento frente a la ciudadanía por haber demolido la democracia y aplastado tantas vidas. Porque, muy lejos de eso, el jefe del Estado Mayor, coronel aviador José Bonilla, prevé que ahora ningún represor brindará su testimonio ante la Justicia por temor a la cárcel. Porque unos cuantos abogados con sello de demócratas se aprestan a cuestionar ante la Suprema Corte la constitucionalidad de la ley. Porque ningún gobierno desde 1985 tuvo las agallas para ordenarles a las instituciones castrenses subordinadas al poder civil que le pidieran perdón a la sociedad, y a sus integrantes que confesaran o delataran aquellos crímenes. Porque al defender a esos cobardes violadores de los derechos humanos, las Fuerzas Armadas muestran su propia inutilidad. Porque los uruguayos pagan de su bolsillo sueldos y retiros de decenas o cientos de crápulas.

Cuando haya algo que festejar, nadie se dará cuenta. Será cuando nadie se preocupe por contar los días que lleva Uruguay en democracia. Será cuando a nadie le preocupe si la Justicia funciona, porque estará funcionando. Será cuando desaparezcan las Fuerzas Armadas o tengan algún sentido. Será.

Marcelo Jelen

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