viernes, 14 de junio de 2013

Revista Insurrección No 376


. Revista Insurrección N.376
Revista del Comando Central - COCE del Ejército de Liberación Nacional - ELN


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Se Reactiva el “Israel de América”

Revista Insurrección



El gobierno de Juan Manuel Santos busca ingresar en la Organización del Tratado de Atlántico Norte (OTAN), gendarme militar multinacional del imperialismo mundial. ¿Qué significa este hecho para el proyecto de paz de Colombia y para Nuestra América?

Significa que nuevamente suenan los tambores de guerra desde Colombia hacia el resto del Continente, recordando los episodios más vergonzosos de la política exterior uribista, demostrando lo que ya se intuía: que el gobierno de Santos tiene voluntad de guerra y no paz.

El imperialismo ha movido una ficha en el tablero de la geopolítica mundial, buscando posicionarse en nuestra América, la región del mundo que ha constituido un sólido bloque anti-imperialista y lesionando su hegemonía en la región desde finales del siglo pasado.

No se trata tanto de que Colombia haya solicitado el ingreso a la OTAN, sino que la OTAN esté buscando una puerta de entrada a América Latina, desde Colombia, un país de gran valor geoestratégico: por su acceso a los dos océanos, vecino del canal de Panamá, de la Venezuela Bolivariana y del Ecuador de la Revolución Ciudadana, que funge como bisagra entre Mesoamérica y América de Sur, y que cuenta con el ejército más grande del continente (después de Estados Unidos), apoyado por siete bases militares norteamericanas, asesoría y tecnología estadounidense e israelí.

La OTAN fue producto de la Guerra Fría, como la fuerza militar multinacional de los países del campo capitalista (EE.UU, Inglaterra, Francia, Alemania, Canadá, etc.), concebida para frenar el bloque soviético.

En 1990 se disolvió la URSS pero la OTAN no; por el contrario se fortaleció para reconfigurarse como el gendarme militar del Nuevo Orden Mundial y defensor de los intereses del capitalismo global.

Su primera aventura fue el bombardeo de Yugoslavia en 1993, posicionándose en esa parte de Europa del Este, antes perteneciente al campo soviético.

Ocho años después, en 2001, se sumó a la cruzada global antiterrorista, participando en la invasión de Afganistán.

En 2003, se sumó a la invasión de Irak. En 2011, la OTAN encabezó el bombardeo y ocupación a Libia, situándola firmemente en el norte de África.

En 2012, intentó resucitar el conflicto con Argentina por las islas Malvinas, como pretexto para plantarse en el Atlántico Sur, creando una especie de OTAS. Desde ese mismo año interviene de manera no-oficial en Siria. En la actualidad, interviene formalmente en el conflicto de Mali. Ahora, con la solicitud de ingreso que debela Santos, el gendarme imperial pretende potencialmente situarse en el norte de América de Sur.

En resumen, desde el fin de la guerra fría hasta la fecha, la OTAN ha logrado correr su frontera de injerencia desde el Atlántico Norte, hasta Asia Central, el Medio Oriente, el Norte de África y ahora, América Latina. (Ver mapa )

Este paso forma parte de una cadena de sucesos que, sumados, arman el rompecabezas de una contraofensiva anunciada: la reciente reunión de la Alianza del Pacífico en Cali, la visita del vicepresidente del EE. UU. Joe Bidden, y el recibimiento por Juan Manuel Santos de Enrique Capriles, líder opositor y conspirador anti-chavista y ahora la solicitud de ingreso a la OTAN, develan la postura de alineamiento incondicional del gobierno de Colombia con Estados Unidos.

Los objetivos son claros: contrarrestar la fuerza del bloque latinoamericano, en particular, el Consejo de Seguridad de UNSASUR, y la influencia política alcanzada por ALBA y CELAC.

¿Por qué ahora el cambio de conducta? Por qué el imperialismo y las oligarquías regionales valoran que la desaparición física del Comandante Chávez representa un momento de vulnerabilidad y por lo tanto, una oportunidad para que el imperialismo global y las oligarquías regionales lancen su contra-ofensiva para sacarle todo el provecho a esta situación.

Colombia necesita un gobierno dispuesto y capaz de asumir la paz, y queda claro que el de Juan Manuel Santos le apuesta más a la guerra y la desestabilización que a una paz verdadera. El conjunto de la sociedad colombiana ha dejado en claro que SI quiere la paz, que quiere reformas y transformaciones sociales y económicas.

Quienes asaltados en su buena fe y afectados por las atrocidades del conflicto, han creído que Santos ha tenido propósitos de paz deben reflexionar y hacer conciencia que es urgente construir un referente social y político propio, por fuera de las oligarquías.

El momento histórico nos interpela a constituir ese nuevo sujeto político, reuniendo y sumando a todas las fuerzas democráticas, progresistas, de izquierda y revolucionarias, a los movimientos sociales y étnicos, a toda aquella ciudadanía inconforme con los partidos y politiqueros de siempre, enfocándonos en todo lo que nos une y no hacer de lo que nos separa la justificación para andar cada quien por su lado, y plantarse ser poder y ser gobierno.

Toda y todo latinoamericano honrado, progresista y antiimperialista, debe cerrar filas para defender el proyecto continental que hoy está representado en los países agrupados en la ALBA y la CELAC porque los pueblos y gobiernos allí representados, son la vanguardia de las aspiraciones de la segunda y verdadera independencia soberanía y paz de nuestra América, y Colombia debe hacer parte integral de ese proceso y no ser el Israel de América.





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