viernes, 23 de mayo de 2014

China y Rusia sellan un pacto estratégico



RT
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 China hizo hoy su mejor regalo posible a Rusia. Ambos países suscribieron finalmente un histórico acuerdo valorado en 400.000 millones de dólares por el que la rusa Gazprom suministrará 38.000 millones cúbicos anuales de gas a China, y que representa un importante espaldarazo económico y diplomático para un presidente ruso, Vladímir Putin, necesitado de respaldos ante las sanciones impuestas por Occidente a raíz de la crisis ucraniana.

22.5.14

Energía de Oriente

Pekín y Moscú firmaron acuerdo millonario por gas ruso, que ratifica alianza entre ambas potencias.
Un entendimiento entre Rusia y China dejó aun más en evidencia la distancia en las relaciones entre esos dos países y Occidente. El acuerdo por el que China prevé comprar 400.000 millones de dólares en gas a Rusia motivó que las autoridades de la Unión Europea (UE) recordaran al presidente ruso, Vladimir Putin, que son su principal socio comercial a pesar de las tensiones por la crisis ucraniana.
Putin cerró ayer sus dos días de visita a China con un acuerdo de última hora que le permitirá suministrar gas natural a ese país. El contrato es un elemento más que muestra la alianza entre esas dos potencias, ambas en malos términos con Occidente.
El acuerdo se suscribió entre la empresa rusa Gazprom y la Corporación Nacional de Petróleo de China, e implica que esta última comprará 38.000 millones de metros cúbicos anuales de gas natural a Rusia. Esto supone que a partir de 2018 y en lo siguientes 30 años, Rusia proveerá a una de las primeras economías mundiales algo más de la cuarta parte del gas natural que consumió el pasado año (unos 170.000 millones de metros cúbicos), en el marco de un contrato de 400.000 millones de dólares.
El precio final es inferior a lo que Rusia pedía, y por ese motivo se demoraron las negociaciones. Sin embargo, según un informe preliminar de la empresa internacional de análisis financiero y geoestratégico IHS, citado por la agencia rusa de noticias Ria Novosti, “el supuesto precio final se acerca más al propuesto por Moscú que al de Pekín” y esto “refleja la disposición de China a pagar más por un combustible más ecológico”.
Para los dos países era clave lograr un consenso y también dar un mensaje de unión en un momento en que los dos mantienen una relación difícil con Occidente. Las sanciones que Europa y Estados Unidos impusieron a Rusia por su actuación en Ucrania hacen que Moscú busque nuevos compradores de gas natural. En el caso de China, las tensiones se vinculan con los conflictos de soberanía territorial que mantiene con sus vecinos en las aguas de Asia Oriental, en los que Estados Unidos no la apoya. A esto se sumaron las acusaciones de Washington a Pekín de supuesto espionaje industrial.
Para subrayar aun más su alianza, China y Rusia iniciaron maniobras militares conjuntas el martes ,en otra muestra de poderío. En sus discursos, Putin y su par chino, Xi Jinping, también se mostraron unidos cuando llamaron a la calma en el conflicto ucraniano y condenaron el espionaje estadounidense. Al conocer el acuerdo, el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, recordó a Rusia que la UE es el mejor cliente energético que tiene. “Rusia exporta 80% de su petróleo y más de 70% de su gas a la UE”, señaló. Pidió no usar la política energética “como arma política” y le escribió a Putin para solicitarle que mantenga su compromiso de suministro de gas hacia la UE. Al mismo tiempo, consideró necesario desarrollar una política común europea para acabar con la dependencia de las importaciones de petróleo y gas del exterior.

CRISIS UCRANIANA Y ELECCIONES EUROPEAS

Una vez más el mundo de los medios de comunicación muestra su rol en la politización de Europa. El ejemplo más claro es la decisión del Consejo Superior Audiovisual francés ( CSA) que Francia Televisión, la televisión pública francesa, no retransmita los debates transeuropeos. ¡Uno se queda sin palabras! ¿Qué es lo que puede justificar tal decisión? (39)

A pesar del bloqueo democrático, todavía es difícil escapar por completo la campaña electoral europea que, en el contexto de una grave crisis en Europa, crea las condiciones para el discurso público y un debate que plante diferentes posiciones sobre los temas relacionados a Ucrania, las relaciones euro-rusa , la independencia y la paz en Europa , el peso de los grupos de presión, el TTIP, etc. Por supuesto que este debate está extremadamente mal relevado por los principales medios de comunicación pero la campaña de los candidatos vía las redes sociales crea un zumbido interesante y esclarecedor en lo que respecta a las opiniones que están circulando realmente, y que responsables políticos pueden utilizar para fortalecer algunas de sus acciones. Citemos por ejemplo de nuevo el asunto de la conmemoración del Desembarco: no es tan seguro que fuera de la campaña y con una mejor capacidad de escuchar las opiniones, Hollande se habría atrevido a imponer la llegada de Putin. Los medios de comunicación habrían podido aullar más fácilmente hasta saciarse « en nombre » de los franceses. En el período de campaña, los políticos tienen la oportunidad de oír más directamente a sus ciudadanos.

En cambio, los candidatos de los grandes partidos europeos, sin embargo mancomunados por primera vez en la historia electoral europea, son inaudibles. Los medios de comunicación no les relevan, como lo dijimos. Pero además, transmiten un discurso demasiado débil dado la gravedad de la situación y de su poder de cambio.

La mayoría de los europeos no comprendieron que estas elecciones eran diferentes de los demás en que significativamente eran más transeuropeas debido a estos candidatos y los programas conjuntos. Es una lástima porque, aparte de la oportunidad de la expresión pública que proporcionan, estas elecciones contribuirán mucho a informar a los ciudadanos europeos sobre los problemas que enfrenta el continente y el camino a seguir.

Los principales mensajes enviados a los ciudadanos consisten en pedirles que vayan a votar y que confíen en los grandes partidos que no son responsables de los problemas (busque el error) en lugar que votar por los extremismos. Así es como bloqueamos el pensamiento político de los ciudadanos con una alternativa lastimosa: « el establishment » o Hitler. Existen sin embargo decenas de pequeños y medianos partidos (PMP) progresistas que, al igual que las pequeñas y medianas empresas (PYME) son los verdaderos lugares de la innovación política. Entonces si los grandes partidos son por desgracia siempre de nivel nacional, el nivel europeo es una arena democrática virgen que puede constituir un espacio de renovación de los contenidos y los métodos políticos en Europa. Por supuesto, estos PMP son débiles, desorganizados y finalmente muy nacionales (40). Pero su diversidad le permite a cada uno elegir aquel cuya voz está más cerca de lo que piensa y así expresar una opinión. Sin embargo, para un voto serio, asesoramos a nuestros lectores a comparar las declaraciones de intenciones y los votos reales de los de aquellos partidos que ya están en el Parlamento Europeo (41). Por otra parte, quizás algún día, la reunión de estos pequeños partidos progresistas en una plataforma transeuropea podrían crear un evento fundacional de la democracia europea ...

DESPUÉS DE TODO UN BLOQUEO INSTITUCIONAL DE LA UNIÓN EUROPEA PODRÍA SER DESEABLE?

Mientras tanto, las elecciones europeas y su sistema democrático imperfecto que se que inaugura hace correr al conjunto de la Unión Europea un riesgo enorme de bloqueo institucional. Habíamos descripto los resortes en el número de diciembre; nuestro análisis permanece más o menos igual, diez días antes de la elección. Todavía anticipamos serias dificultades en el proceso de nombramiento de puestos clave en el sistema: Presidencia de la Comisión, la Presidencia del Consejo, el Presidente del Parlamento, presidencia del Eurogrupo, presidencia del SEAE. Un artículo de EUObserver describe acertadamente la situación, le recomendamos su lectura (42).

En el último número, también imaginamos el bloqueo institucional, aunque posiblemente también político (especialmente causado por un gran avance partidos anti-democráticos que « justifican » la interrupción de todo el proceso democrático y el no reconocimiento de la votación ) que podría servir a ciertos intereses. Hoy, nuestro equipo se pregunta en que medida los Estados miembros también tendrían interés en tal bloqueo (institucional a todo caso) para debilitar finalmente la UE, o incluso publicitar su implosión, y lanzar nuevas dinámicas...

Después de todo, si la mecánica institucional de la unión europea quedara aprisionada, será perfectamente legítimo acelerar la construcción de una unión política de la Eurozona, como la que preconiza el GEAB desde hace años. Recordamos que Schäuble llama regularmente para la creación de un Parlamento de la Eurozona, lo que quiere decir elecciones de la zona, lo que significa la invención de un nuevo sistema electoral transeuropeo moderno, junto con la aparición de nuevos partidos transeuropeos, lo que significaría la inauguración de la unión política de la Eurozona. Y allí, podremos decir que Europa se inventa en las crisis como la suma de las soluciones que ella aporta.

El Parlamento Europeo actual hasta podría tender su mano en tal evolución lanzando la iniciativa bajo la forma, no de un nuevo Parlamento creado ex-nihilo, sino la constitución de una super comisión de Eurolandia (o un subparlamento de la Eurozona) de la que los representantes de los 28 elegirían« board » constituido por los únicos 18 representantes. Esta super comisión se convertiría instantáneamente en el órgano representativo que el BCE y el Eurogrupo necesitan tanto para articular democráticamente sus decisiones como darles peso y legitimidad. Una salida de crisis, esta vez por arriba, sería el fin ... sobre todo si, además , el PE decidió elegir un lugar de encuentro único ... ¡y ese lugar no es ciertamente Bruselas! (43)

 

Rusia, China e Irán, aliados en seguridad en Asia 

La contrapartida de occidente 
El TTIP o TAFTA
Por Eduardo Febbro
EL TAFTA ES UNO DE LOS ACUERDOS COMERCIALES MAS VASTOS Y DECISIVOS DE LA HISTORIA. Se trata, en resumen, de constituir un gigantesco mercado transatlántico regido por normas comunes entre dos socios que, aunque pertenecen a la esfera occidental, no funcionan ni con los mismos valores, ni con la misma jurisprudencia
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Detrás del telón, en secreto, sin que los ciudadanos conozcan su contenido ni puedan opinar o decidir sobre él: ese es el indolente marco en el cual la Unión Europea y Estados Unidos están negociando uno de los tratados de libre comercio más inéditos de la historia humana: el Tafta, Trans-Atlantic Free Trade Agreement. A pesar de su importancia y de los intereses colosales que están en juego, el tratado que la Unión Europea discute con Estados Unidos desde mediados de 2013 apenas emerge en la campaña para las elecciones europeas que se celebran entre el 22 y 25 de mayo próximos. El Tafta es, sin embargo, uno de los acuerdos comerciales más vastos y decisivos de la historia: concierne a 800 millones de personas y a dos potencias que, juntas, representan más del 40 por ciento del PIB mundial y la tercera parte de los intercambios comerciales mundiales. Se trata, en resumen, de constituir un gigantesco mercado transatlántico regido por normas comunes entre dos socios que, aunque pertenecen a la esfera occidental, no funcionan ni con los mismos valores, ni con la misma jurisprudencia.
El Tafta –también se lo conoce como TTIP, PTCI o GMT– apunta a crear normas convergentes en el campo social, técnico, medioambiental, en el de la seguridad, la solución de diferendos, el acceso a los medicamentos, la Justicia, el comercio, el código de trabajo, la protección de los datos digitales, la regulación de la finanza o la educación. El problema central radica en saber a partir de qué zócalo se fijarán esas reglas comunes, o sea, las europeas, mucho más protectoras, o las norteamericanas. El tratado de libre comercio entre Washington y Europa tiene dos vicios mayores: uno, se negocia a escondidas, a espaldas de la opinión pública; dos, su filosofía prevé que las legislaciones de los dos bloques respondan a las normas de libre cambio establecidas por las grandes empresas europeas y norteamericanas.
Sus partidarios, reunidos bajo las banderas de la derecha liberal, arguyen que el Tafta acarreará crecimiento y desarrollo, que sin él Europa se volvería un enano comercial. Los defensores del Tafta sostienen que, una vez aplicado, el acuerdo haría ganar a Estados Unidos y Europa 0,05 punto de crecimiento por año. Sus adversarios, principalmente los ecologistas, todo lo que está a la izquierda del Partido Socialista y la extrema derecha del Frente Nacional, alegan todo lo contrario. La presidenta del Frente Nacional, Marine Le Pen, califica el tratado como “una máquina de guerra ultraliberal, antidemocrática, antieconómica y antisocial”. El eurodiputado ecologista Yannick Jadot ve en las negociaciones en curso “el fin del proyecto europeo, el fin de nuestra capacidad para decidir nuestras opciones, la impugnación de nuestra soberanía”. Esta negociación transatlántica se lleva a cabo en la más absoluta opacidad. Lo que se conoce hasta ahora salió a la luz pública por Internet y por casualidad. Ello lleva a Raquel Garrido, candidata del Frente de Izquierda para las próximas elecciones europeas, a decir que la “oligarquía avanza a espaldas de los pueblos”. El politólogo belga Raoul Marc Jennar escribió un encendido ensayo sobre el Tafta (Le grand marché transatlantique. La menace sur les peuples d’Europe). Para Jennar, ese tratado tiene “una meta clara: consiste en confiarles a las empresas privadas la posibilidad de decidir normas sociales, sanitarias, alimentarias, medioambientales, culturales y técnicas. Reemplazar el Estado es la intención declarada de las grandes multinacionales”.
Es lícito reconocer que a los críticos del Tafta no les falta razón. Hay apartados decididamente descabellados. Uno de los componentes del acuerdo más polémicos que trascendió hasta ahora es el llamado ISDS, investor-state dispute settlement. Este mecanismo, que tiende a solucionar los diferendos entre las empresas, les otorga a estas últimas el derecho de atacar a un Estado cuya política representa un obstáculo para su desarrollo comercial. En caso de litigio, por ejemplo, un tribunal multinacional privado como el Icsid puede aceptar una querella de una multinacional contra Francia, Alemania o la Unión Europea. El Icsid es un organismo dependiente del Banco Mundial con sede en Washington que tiene en su haber fallos polémicos. Dos ejemplos: en 2012, el Icsid condenó a Ecuador a pagar cerca de dos mil millones de dólares a la empresa Occidental Petroleum, porque Ecuador cesó de colaborar con la petrolera. En 2010 y 2011, la multinacional Philip Morris recurrió a ese mismo sistema de arbitraje para reclamarles a Uruguay y Australia una indemnización de varios miles de millones de dólares, porque estos dos países habían lanzado una campaña contra el tabaco. Realidades y fantasmas convergen en una megadiscusión que, hasta el momento, se plasmó en torno de cuatro ciclos protagonizados por Karel De Gucht, la comisaria europea encargada del comercio, y Mike Forman, el representante norteamericano. El senador socialista Henri Weber ubica al Tafta como una suerte de batalla mundial por las normas: “Si los norteamericanos y los europeos se entienden, sus normas se impondrán como normas mundiales. De lo contrario, será Pekín o los países emergentes quienes fijarán las suyas”.
Entre los secretos de la negociación del tratado transatlántico se juega mucho más que el comercio. Se juega una manera de relacionarse con los otros, un modelo para construir una sociedad. Por un lado, el modelo norteamericano, al que el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz llama “el fundamentalismo mercantil”. Por el otro, el europeo, al que el filósofo y ensayista Patrick Viveret quiere resguardar porque, escribe, “Europa debe seguir siendo el continente del buen vivir”. Los lobbies financieros trabajan arduamente para derribar uno de los ya escasos territorios donde estar bien, tener muchas vacaciones, gozar de la protección del Estado, del amparo de ciertos valores humanos y republicanos, trabajar sin morir en el intento, es la espina dorsal sobre la que reposa la vida de millones y millones de individuos.

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