sábado, 29 de septiembre de 2012

Un delincuente llamado José Nino Gavazzo




Formado en el arma de artillería, José Niño Gavazzo Pereira fue escogido por el coronel Ramón Trabal como jefe operativo del Servicio de Información de Defensa. Una elección poco afortunada si se tiene en cuenta que, en diciembr
e de 1974, el propio Trabal fue eliminado a balazos en una playa de estacionamiento de París por miembros de ese mismo servicio, de acuerdo a lo publicado en la época por el periódico inglés The Guardian, que citó a fuentes de los servicios secretos de ese país.

Como jefe operativo de inteligencia, Gavazzo estuvo al frente de Automotores Orletti y es responsable directo, entre otros crímenes de lesa humanidad, de la desaparición forzada de 140 compatriotas en la Argentina. La mayor operación que comandó fue contra militantes del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP).
Diversos testimonios indican que, como él mismo se encargaría de demostrar en el transcurso del tiempo, sus verdaderas motivaciones eran las de un soldado de fortuna.

En efecto, las transacciones que siguieron al secuestro y posterior asesinato de Gerardo Gatti -principal dirigente del PVP- determinaron que embolsara para sí mismo y para sus secuaces una millonada suma en dólares procedente de las arcas de esa organización política.
Las víctimas de Gavazzo lo recuerdan como un torturador fanfarrón. Sus compañeros de armas se encargaron de la leyenda rosa y erigieron el monumento al corajudo oficial "que hacía la punta entrando pistola en mano a locales de la subversión".

Claro que esos locales de la subversión habían sido minuciosamente vigilados y Gavazzo entraba pistola en mano cuando le constaba que en su interior sólo quedaban mujeres y niños y la situación era fácil de controlar, para después montar una ratonera.
"Si la mano venía complicada, mandaba a hacer la punta a cualquier miliquito, como hacían todos los demás oficiales", dijo a CARAS y CARETAS un cuadro del sector militar del PVP sobreviviente de la masacre. Y agregó: "En el único local en que hubo resistencia fue en donde estaba el 'Negro' Mechoso (Alberto Cecilio Mechoso, desaparecido en Buenos Aires) y ahí no hizo la punta ni en joda...".
Como responsable del aparato represivo desplegado por el Servicio de Información y Defensa (SID) en Argentina, Gavazzo fue responsable de la enorme mayoría de torturas, asesinatos y desapariciones. Eso incluye los casos de Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz, William Whitelaw y Rosario Barredo.

Al respecto, conviene recordar el testimonio prestado por Enrique Rodríguez Larreta ante un tribunal argentino con relación a su detención en Automotores Orletti: "Cuando yo reclamo por mis derechos él (Gavazzo) me dice: Viejo de mierda, ¿vos qué te crees?, aquí ha habido gente más importante que vos y esa gente está tocando el arpa con San Pedro... Significaba claramente que había habido personas de importancia social en Uruguay ahí detenidas y que habían sido eliminadas".
Gavazzo es también autor identificado del secuestro de Sara Méndez y del robo de su hijo, Simón Riquelo, cuando éste tenía apenas 20 días de nacido.

Cuando Gavazzo se encontraba en Montevideo o abocado a otras tareas, el mando de Automotores Orletti quedaba en mano del capitán Pedro Mato (a) 'El Burro', a quien se sindicó como autor material de los asesinatos de Michelini, Gutiérrez Ruiz, Whitelaw y Barredo. Mato reside en la ciudad de Rivera y hasta hace algunos años prestaba servicios de 'seguridad' en la Zona Franca de Rivera, por aquellos años centro del contrabando norteño.
Gavazzo solía torturar a sus víctimas a cara descubierta y, entre otros detalles, le producía deleite encender cigarrillos con un Zippo que lucía el emblema de la CIA y que le había sido obsequiado tras sus cursos en los servicios estadounidenses.

Pero no todo fueron flores con los gringos. Las preocupaciones comenzaron cuando el congresista demócrata Edward Koch propuso al Congreso que se cancelaran los aportes económicos-fundamentalmente la ayuda militar- a aquellos países latinoamericanos que violaran los Derechos Humanos.
El número uno de la CÍA en Montevideo, Frederick Latrash, mantuvo un encuentro de tercer tipo con Gavazzo y el coronel José Fons a mediados de 1976. Ensoberbecidos por torturar a mujeres y hombres indefensos y borrachos en la circunstancia, los militares uruguayos se quejaron de la actitud del congresista Koch y le dijeron: "Quizás deberíamos enviar a alguien a los Estados Unidos para que se haga cargo de ese congresista Koch". Los dos oficiales agregaron que el "trabajo" bien podía hacerlo la DINA de Pinochet. Latrasch informó a sus superiores pero afirmó que, a su juicio, sólo se trataba de una afirmación realizada por borrachos. Dos meses más tarde, un comando de la DINA asesinó con una bomba a Orlando Letelier en pleno centro de la capital estadounidense.



LADRÓN DE GALLINAS
Esta no es la primera vez que Gavazzo se enfrentará a un juez penal. Ni guerrero ni lleno de honor, Gavazzo ya fue procesado por la Justicia por la comisión de un delito de violencia privada. Un procesamiento timorato y condicionado por la fiscalía, obviamente por el gobierno de la época, que pidió el cambio de carátula al delito inicialmente atribuido al torturador: extorsión.
Junto a Gavazzo también resultó procesado otro conocido torturador y asesino que también retornará ante los estrados judiciales, está vez acusado por el asesinato de la nuera del poeta argentino Juan Gelman: Ricardo Medina (a) 'El Conejo'.

El caso comenzó en febrero de 1994 cuando los propietarios de una imprenta fueron contactados por Medina. Este les propuso numerar las series de billetes falsos de 5 mil cruzeiros. Medina pagó el trabajo con dos cheques que les fueron devueltos a los imprenteros al estar denunciados por... hurto. La firma de los cheques robados era del 'héroe' Medina.
Ante el hecho, la imprenta decidió no realizar el trabajo. Como resultado de ello, Medina pasó a buscar a la pareja de imprenteros y los sacó a 'pasear' en un Volvo de color verde.

El coche era conducido por Gavazzo quien se presentó como el 'Doctor Mauro'. Luego de un largo y silencioso trayecto, el auto se detuvo en medio de la noche y la nada. Gavazzo, armas en mano, incluso exhibiendo una granada de fragmentación, amenazó a los propietarios de la imprenta para que concluyeran el trabajo.

En los días que siguieron a esa nueva privación ilegal de la libertad, Gavazzo acosó el domicilio de los imprenteros. Al final, éstos decidieron realizar la denuncia tras anotar la matrícula del Volvo y averiguar, a través de un amigo que trabajaba en el Ministerio del Interior, que el automóvil pertenecía a María Inés Busquiazo, esposa de Gavazzo. Ante el juez, Gavazzo negó todo. Pero, finalmente, el torturador dio un mal paso sólo explicable por haber sido entrenado en técnicas de interrogatorio pero no de contra interrogatorio. Por eso, y por su estulticia y cobardía. En efecto, en un careo dijo: "Además quiero agregar que también falta a la verdad (el denunciante) cuando dice que vio al doctor Mauro de cuerpo entero". El fiscal, sin salir de su asombro, tomó aquellas palabras como lo que intrínsicamente eran: una confesión.

Tras el procesamiento, el Ejército le realizó un Tribunal de Honor que concluyó que no existían méritos para sancionar a Gavazzo. Por el contrario, tras la comisión del delito y de la posterior sentencia, el mayor José Niño Gavazzo fue ascendido a Teniente Coronel.
Más adelante aparecerían otros dólares y billetes brasileños falsos relacionados con la 'polibanda' que operó en el país. Siempre la misma barra: mano de obra desocupada del régimen dictatorial.

Tomado de CARAS Y CARETAS, 29/7/05.



Este personaje es Rodolfo M Fattorusso editor del libro de Gavazzo.

Rodolfo Bernabé Macías Fattoruso (Montevideo, 27 de julio de 1953), conocido como Rodolfo Fattoruso dueño de la editorial Artemisa

Rodolfo Fatturoso en su biblioteca.
Ejerce la crítica literaria desde 1976 en el semanario Búsqueda. También es columnista cultural de Radio Sarandí y realiza comentarios bibliográficos en Canal 4. Anteriormente fue crítico de teatro y cine, editorialista y redactor responsable del diario El Día. También fue editorialista de los diarios La Mañana y Últimas Noticias.
Fue director del Instituto Nacional del Libro, director de informativos de Televisión Nacional de Uruguay y co-director de la Colección Clásicos Uruguayos del Ministerio de Educación y Cultura. Fue asesor de los ex presidentes Julio María Sanguinetti y Jorge Batlle. Cumplió funciones como asesor y docente del Instituto Militar de Estudios Superiores (IMES) y del Centro de Altos Estudios Nacionales (CALEN). También fue directivo del Instituto Cultural Uruguay-Argentino y del Instituto Cultural Uruguay-Israel.
Imparte talleres de literatura y filosofía y es director de Artemisa Editores. Es autor de diversos libros de ensayo. Se ha especializado en el estudio de los aspectos filosóficos de la obra de Jorge Luis Borges.
Entre 2006 y 2007 se desempeñó como portavoz del Círculo Militar "General Artigas". Fattoruso se encargó de trasmitir la posición de los militares contraria a las extradiciones hacia Argentina de oficiales acusados de haber cometido delitos en dicho país.


 


LaRed21Viernes 28 de septiembre de 2012
Sin palabras 
Gavazzo por Gavazo: “Yo apretaba el gañote” hasta tener una respuesta 
  El coronel retirado, José “Nino” Gavazo, recluido en la cárcel militar de Domingo Arena desde 2006 por múltiples acusaciones de violación a los derechos humanos, reconoció haber “apretado el gañote” a algunos de sus detenidos durante la pasada dictadura militar, y aseguró no estar arrepentido.
 as afirmaciones del ex torturador aparecen en un libro autobiográfico: “José Nino Gavazzo, Mi Testimonio”, que será publicado en breve tiempo y del que se conoció un adelanto este jueves a través del semanario Búsqueda.

En su libro, Gavazzo dice que los hechos se desarrollaron dentro del contexto de una guerra. “Como en todas ellas estaban en juego día a día, minuto a minuto, las vidas de seres humanos, las cuales era mi responsabilidad defender”.
Asegura que apenas producido un apresamiento se entablaba una “lucha contra el tiempo” para poder obtener información de los detenidos lo antes posible y de esa forma evitar muertes.
“En 1974 cuando un detenido demoró en unos pocos minutos más en dar una información, esa tardanza derivó en la muerte a manos de los terroristas del dueño de un bar donde se iba a realizar un contacto, de un soldado de Infantería y de uno de los subversivos, además de varios heridos, ejemplificó el torturador.
“Yo apreté a algunos enemigos de entonces, pero lo hice para prevenir un mal mayor. Hoy y siempre dije y diré: no estoy arrepentido de lo hecho porque lo hice por imperativa necesidad con la intención de salvaguardar la seguridad de mi patria y de mis compatriotas, cumpliendo órdenes de mis superiores jerárquicos, siempre actuando dentro del marco de la institución Ejército y nunca a escondidas”, asegura.
Asegura que las Fuerzas Armadas “no inventaron nada nuevo” y desde que “el hombre desató la calamidad de la guerra el apremio existe y existirá”.

Críticas

“Lloriquear por clemencia no es de hombres; querer vengarse por otros medios por haber sido derrotado en el campo militar es de cobardes; tratar de lucrar económicamente con la sangre de los que han caído es de miserables”, expresa.
Asimismo considera que está preso en forma ilegal, al tiempo que critica al ex presidente de la República, Tabaré Vázquez por “iniciar el camino para desconocer la Ley de Caducidad, y al antropólogo José Lopezz Mazz, quien “sigue escarbando, haciendo pozos, pero siempre cobrando y cobrando honorarios”.
También  cuestiona a Sara Méndez a quien define como “una mujer que en la disyuntiva prefirió ser terrorista antes que madre y luego pretendió reclamar como madre lo que había perdido como terrorista”.

El crímen del maestro Julio Castro
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